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daniel lebrato obra publicada 1987-2007

poesía

alimañas (sobre óleos de Buly) (2001)

 

 

alimaña.

Del lat. animalia; pl. de animal, -alis, animal. 1. f. animal irracional. 2. [f.] Ani­mal perjudicial a la caza menor, como la zorra, el gato montés, el milano, etc.

 

hambriña.

Del gall. port. hambrinha. 1. Tristeza o melancolía cuando en las hambrunas extremas recuerda uno cómo era la comida.

 

El sueño de la razón produce monstruos

(Goya, Caprichos)

 

 

 

 

 

 

 

 

[Alimañas. Arte menor]

 

Si no fue patria pequeña

Españæs ni breve cuña

la de Bulymia, es que a puña-

ladas la obra domeña

una razón, que la sueña.

Crece pues, ya es Alimaña

que a lo carpanta hace ñaña

donde usted, y que usted lo sueñe

bien: Buly apunta a la eñe

cinegética de España

 

 

 

 

 

 

 

 

[Gallo]

 

Cruce de guante y gaya

ciencia y un tres simbólico,

no falla en los salones

posándose ahora como

gallo o gallina o polla

de pelea. Los titis

primordiales, hasta el mis-

mísimo: que le den

al ritmo de avecrem

una ilusión de olla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Perro]

 

Hay vocación de astado

bravo y nocturnidad

con el hombre. Ese bicho

tierno (miren qué ojos)

busca a alguno que quiera

la pelota y lo libre

a él de tan doméstico

juego. Fácil metáfora:

la luna es la manzana

y el perro su poeta

 

 

 

 

 

 

 

 

[Toro]

 

Manda el artista. Cabras,

vacas, bisontas, búfalas

disputan sus afectos

contra los mayorales

que aprecian lo esencial:

macho. Y él mientras tanto

sueña con la marisma y

con ser actor de cruci-

gramas. Antílope afri-

cano. Dos letras. Ñu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Mosquito]

 

Cruasán volador, oje-

roso y cansado, harto

de su papel de agudo

molesto, con sus alas

-rara saeta- se hizo

un manto pa la virgen

del señor... Pocos méritos

para el día de agosto

y el inútil combate

contra el terrible Aután

 

 

 

 

 

 

 

 

[Mariquita]

 

El agujero negro

lo presagiaba: nada es

creación ni dios, belleza.

«Caído se le ha...» puso

el peor de los Góngoras,

como ese huevo o caca

que acaso es cara abajo

un burdo calambur:

muy mari quita y pone,

lunar, a sus lunares

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Espeto]

 

La raspa de un espeto

dice toda la historia

de España: gris corbata,

radiografía estricta,

que te como, Caín.

Sardónica se ríe

presintiéndose hermosa

fósil. Nadie se extrañe

de un pez con fe en la red

surrección de la carne

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Hacia (1999)

Daniel Lebrato

HACIA

 

Hacia

                   [teoría de la ciudad]

 

                   Nadie sabe si Ítaca fue una ciudad o una aldea tal y como las entende­mos ahora. Lo cierto es que el camino de vuelta de Ulises, turista y urbano, propicia el mito doméstico: al fin en casa, su cielo protector. Y qué más da que al día siguiente planeara las fugas sucesivas que son las horas. Homero no lo cuenta y no parece que a ninguno le interese. Comúnmente le decimos regreso.

Regresar es banal, el regreso no. De todas las odiseas, ninguna tan fuerte como reponer la casa, reencontrar o renunciar al mundo tal como lo habíamos dejado, maniáticamente todo en su lugar cualquiera. De pronto ese mundo ha funcionado sin nosotros. (Lo que no es más que un anticipo, una especie de ensayo general.)

Si compuestos, vestiditos como novios, el día nos sorprende y sólo huele a invierno, habrá que ir a la mirada del padre o a los desvanes de la casa familiar; al compañero de pupitre, a aquel amor augural o a aquella declaración que creíamos para siempre. También al amigo que se nos fue en un descuido.

Hacia.

Dicen la infancia, las fotos, una ciudad.

 

[Ciudadano Kane]

Barcelona, 1954

Poquito a poco vamos como la espuma

sucia de los días que deja

en las ciudades la blanca

enamorada nieve

.

 

 

 

 

 

[Epitafio]

Por esta casa -antiguo

número de tal y cual-

pasó

.

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces me tropiezo sin querer

con el que fui y apenas me saluda.

(José Antonio Moreno Jurado)

¿Soy yo o soy el mendigo que rondaba mi jardín?

(J.R.J.)

Con la barba afligida, sin afeitar y feo.

(Miguel Florián)

Lo más profundo que de ti conoces: la piel.

(Juan Cobos Wilkins)

A la larga la máscara se convierte en rostro.

(Yourcenar)

 

 

 

 

 

 

[After Shave]

 

Lo has leído en autores más sabios y respetables:

el aire de extrañeza de quien se mira al espejo

y no se reconoce, como dudando si es él

quien tose, quien asoma tras las ojeras. La idea

no está mal. Sin embargo, tú cultivas sin escrúpulos

la impostura que alguna vez ‑Manolito y el lobo‑

será más cierta, y haces del espejo un camerino.

Negándote, te afirmas: no se visten los actores,

se disfrazan. Quien no te conoce piensa: «de otro»,

y no: no hay más papel que al que das vida, el que detrás

del vaho te devuelve y te sostiene la mirada.

Celebras los chalecos y el sombrero y el bastón

que presumido eliges antes de que todo sea

verdad, verdad el lobo.

 

 [Segundo Autorretrato]

 

Afeitado. Duchadito.

Con el pelo y las uñas

impecables, a prueba

de fotógrafos.

 

El traje, ni más ni menos

que la etiqueta exige.

 

Saber llegar.

Que los tuyos te reciban

como suyo.

No pudo César

morir de otra forma.

 

[De la sinceridad de la infancia retratada según se entra en la Poesía]

 

Se nace o se pace, pero a casi

todos da tiempo a manipular el

borrador y a falsear las pruebas

del alma, sus recuerdos. Son cromos

de un álbum de otra vida, no nuestra

vida, y son también una coartada.

Hagan juego o poesía, los dados

‑manda el crupier‑ van a su imán, van a

su ayer y a los ayeres supedi‑

tados a condición de la bío-

grafía que, como un crimen, preme-

dito. Podéis dudar del que fui,

no del que soy: maté a los testigos,

borré las huellas, me di a la fuga.

 

[Cóbreces]

 

Entre maderas carcomidas en el Arca

de Noé de la memoria, buscan

los chiquillos capas, peluquines,

guardainfantes que dan risa

al aderezo fúnebre de los sombreros

de copa, al máuser de los cien años.

Con ciego presentimiento tú esconde

esa página encuadernada en polvo y

disimula: suena la música y es carnaval.

 

[Santas Patronas]

 

¿Había o no que pedir fiado?

Ser de otro mundo. Sin ir más lejos,

de un norte muy verde y de muy noble

familia (y decirlo con la ese

castellana). Hablarle por encima

a la gente del barrio, total:

ya veis, vamos, bueno, a saber qué

sabrán. Menos mal que éramos muchos

y en casa nos hacíamos compa-

ñía. Hasta las colas para el cuarto

de baño tenían su aliciente

con paciencia: hacerte el loco, echar el

pestillo, calibrarte el bigote en

el espejo o viajar por la vía

láctea entre las piernas. Pero sobre

todo, los sábados por la tarde,

aquel baño semanal de multi-

tudes contra el piojo. Primitas

y hermanas mías: adivinar

las ingles bajo las batas húmedas

y hurtaros al reojillo el orgullo

de los pezones, hicieron fácil

lo peor: el agua y el jabón,

la misa del domingo, decir-

le los pecados al confesor

y cumplir la penitencia el lunes

con el babi marrón de becario.

 

[Visitación]

 

Oh jugar al escondite al juego

del coger de las prendas a oscuras

y en celada quién la queda entrar en

un armario a oscuras o debajo

de la cama y tropezar tocarse a-

sí como quien no quiere la cosa

rodillas sudor nuca y clavículas

su blusa de colegio botones

y las tetas botones no vale

una y dos tan prietas responder

uno con esa dureza extraña

en el calzón tan estrecho y luego

tres por mí con manos torpes ave-

riguar el sexo de las muñecas

el mareíllo de los elásticos

de las bragas caliente caliente

y un olor un olor ya sorpresa

sí vale la maraña del vello en-

sortijado resbala rajita

le daban mil nombres los mayores

curioso y era un animalito

rico una plastilina caliente y

pringosa un flan rico de caricias

y de olores como estar borracho

¿no? levantar su falda escocesa

un muslo lo que sea de usted

vaya que venga la luz y dos y

tres y respirar más fuerte más

fuerte no saber ni quién la queda

qué es esta humedad la luz ni por

dios lo sepa nunca su marido.

 

[Mademoiselle Chantal]

Blas de Otero

El año de los plumieres amarillos

Mademoiselle, con tal de ver

el triángulo de tus ver

mudas de nailon, daba igual no haber

hecho los deberes y el asseyez

vous, Lebrato, y el cero y la pizarra.

 

[Patio de los Naranjos]

 

Novillos de los chiquillos

Los libros de portería y

De pelota (ya no bota

Mi papá no) las narán

Jas amargas amargadas

De patadas de gorilas

Colegiales. De mayores

Querrán meterle otro gol

Sus delitos al olvido

-Las manos en los bolsillos-

A la puerta del Perdón.

 

[Carolina de Mónaco]

 

Sólo por ti, volvería gustoso dos

o tres veces por semana a revisar mis

empastes, sacarme muelas que apenas

tengo picadas, quitarme el sarro,

todo, con tal de verte en la sala

de espera del dentista. Y si estás

tan ocupada, la próxima consulta

haz que salga algo (tendrás por ahí)

de tu hermana pequeña, Estefanía.

 

[Instituto Murillo. Femenino]

 

Rechaza imitaciones,

que es calidad, chiquilla.

Bajo mi gabardina,

el auténtico, el único

muelle de las delicias.

 

[Giralda.34]

 

...y 34. Si has llegado hasta aquí, no te estorbe un turista más o menos japonés con polaroid. Tú haz la fórmula de los móviles y, siendo constantes peso y altura, despeja equis: cuánto tarda en estrellarse contra el sue­lo un cuerpo (el tuyo) progresivamente acelerado para dar con la micra de segundo que pasará y pisará esa losa de mármol (no otra) la traidora.

 

[Real Maestranza]

 

Ciega el sol del dieciocho y confunde la cuerda que sobre un vano y presumido centro tensa el ayudante aprendiz de agrimensor. Nos imaginamos al muchacho indulgente con el error del arbitrista, tan lejos en el otro cabo que según sus cálculos (si por mi vera pasas, como él aclaro mis lentes y te miro) hoy serían burladeros las columnas de la catedral y tan larga por abril la embestida de los toros como privilegiada gloria la de los santos en primera de barrera de puerta San Miguel.

 

[Gradas. Catedral]

 

Tendido de sombra donde el cochero

nos figura, míster, subidos en el dólar;

y el míster, con el hambre del Guzmán,

la montería del Buscón o las tijeras

de Cortadillo. Menudo

sitio es éste para quedar citados.

 

 

 

 

 

[Puerta de la Carne]

 

De las cisorias artes medievales

de don Enrique de Villena, hasta

las mañas del jifero de Sevilla,

Berganza, lo que va.

 

[Columnas de Hércules]

 

Su sombra ‑como la del ciprés- es

alargada (Carlos Primero y su hijo

el Rey Prudente sirvieron de modelos

anacrónicos). Te tientan las fáciles

ironías con los padres de la patria

que vieron aquí el heráldico emblema

de un futuro más glorioso. Nunca

el pórtico corintio de un barrio

de putas ni el quicio donde -por sí

o por la Humanidad- se apollan

los césares de tanta mancebía.

 

[Plaza de Armas]

 

Trenes de alta velocidad

sin ventanillas abatibles

donde fumar está prohibido.

Pequeño amor de los andenes.

Tus labios de vodka, tu patria

soviética que ya no existe.

Mi billete en una estación

‑consuélate- que tampoco

es.

 

[Casa Bigote.1]

 

No me basta la rosa que en la lengua

deslío, ni la sal que por el cuello

sanjuanizado sorbo con lujuria

de otro mar de Sanlúcar, de otra cita en

Bajo de Guía. Ni me basta el morbo

mientras desnudo la camisa a rayas

del bello desconocido. (¡Oh el tigre

sanguíneo, oh el caníbal oceánico

que, rendido, la pudorosa pulpa

escotadísima en nácar me ofrece,

oh el negro entre los lomos, oh dureza

crocante cielo arriba de mi boca.)

Para olvidarte, otra botella: me mo-

riría si te tengo que matar.

 

[Casa Bigote.2]

 

No me consuela, no, me desafía a

venir de extranjis a este restaurante

ver con mis propios ojos (estos que han te-

nido de ti memoria y geografía)

si es verdad lo que dicen. Todavía

coquinas, rodaballo y bogavante

te hacen conmigo y no con el pedante

con que te han visto por Bajo de Guía.

         Ni me consuela el langostino tigre en

cueros (nada especial al desnudar-

te tú). Más manzanilla. Así peligren

         mi pulso y más de uno. Más. Mas temo

por mi vida. Pido la cuenta: me mo-

riría si te tengo que matar.

 

[Balneario de La Toja]

 

Si hoy día nueva rosa se bastare

a negar las metáforas de un mundo

mortal, yo cantaría el triunfo pundo-

noroso carpe contra fugit, pare-

         cido a un Horacio, que os libre y ampare.

Pero, aunque enamorado y al común do-

lor sensible, frívolo ni profundo

podría en la metáfora durar. He

me aquí, me queda el beatus ille: tengo

libros, habanos, música, solarium,

masajista, marisquería, bar y un

         plan. Como esta tercera edad hace engo-

rdar, de noche conviene alguna cosa

ligerita, poquito a poco, Rosa.

 

Pedro Salinas: «Distánciamela, espejo.»

 

A veces necesito

que te alejes de mí

(el tabaco, la prensa

pueden ser la coartada),

y escribirte o pensarte

a distancia, y entonces

contemplarte en tus cosas

como un signo perfecto.

Conocer cómo actúa

en mis brazos tu ausencia,

precisar tu lugar

en el centro del mundo y

si sigues siendo el rastro

que a ciegas buscaría.

 

«Conocerse es el relámpago.»

Te necesito a veces

con una urgencia impropia

de mi edad. Un olvido,

un recado cualquiera

         me sirven para ir

a la busca y captura

del milagro de un rato.

Renovarme en la idea

         que sin ti es imposible

y en los nombres y cosas

que descuido por verte,

         y saber qué me falta

cada vez que te alejas

o me dices no quiero.

 

[Guía Campsa]

 

I.

El viaje se abre siempre por tu boca,

donde el rojo introduce al caminante

en el misterio del camino y donde

oficiante la lengua el viaje sigue

un rastro de aventura que sólo

en el recóndito y más dulce templo

desaparece.

 

 

 

 

 

II.

Un lugar en el mundo. Leo

Alegranza, Graciosa, Lanzarote,

otra vez Coimbra, Oporto.

Confundidor de los mapas,

nostalgia que tú me dieras.

 

Por entonces no hablábamos

de Alejandría ni de Estambul.

No dábamos por conocidos

los alminares de Santa Sofía

ni discutíamos que si Bizancio,

que si Constantinopla.

No sabíamos cómo se besa

la gente junto al Nilo ni cabal-

mente entendido que una ciudad

es un mundo cuando amamos

a uno de sus habitantes.

Era imposible adivinar el daño

que acabaríamos haciéndonos

y Kavafis y Durrell nos cautivaban.

 

[Calle Feria]

 

Donde todo es segunda mano y carne

de regateo fácil, quién fija

el precio que tú ‑no loza

de la Cartuja ni máquina

Singer- conmigo del brazo callas.

 

 

 

 

 

 

 

 

[Plaza de los Carros]

 

Ese gusto tuyo por lo mismo

una edición príncipe que dos

pares de calcetines, un número

del Capitán Trueno o clavelitos:

no te creas que ya no te quiero.

 

[Giraldas]

 

I.

El árabe no pudo

equivocarse tanto.

No haber previsto su derrota.

 

 

 

 

II.

Capricho de piloto y

cum laude de suicidas.

Pipa del opio

que una ciudad o casi

aspira, aspira.

 

 

 

 

III.

Oscura y servicial, esclava

del viento que la lleva.

No la mires.

 

 

 

 

IV.

Otro cuerpo busca,

de campanas,

quien se atrevió a mirar

y a ser mirado.

 

[Giralda]

 

Pocas veces después has vuelto a subir

por la gracia espiral de su lección

de geografía: tirado está

saberse más espadañas que el otro,

más horizontes que ninguno; te quise

no sé dónde.

 

[Guadalquivir]

 

Abdica la ciudad de su condición

celeste. Confunde como jardín

romántico la herrumbre de las grúas,

el óxido de los plátanos y el tábano

de algún coche de punto: acuarela

que al margen de las estaciones

parece siempre amarilla amarilla.

Sé que este río, no aquí,

más lejos desemboca,

pero si te das prisa das con mi grupo

sanguíneo nada más tocarme.

 

[Puente del Centenario]

   Mateo,4,9

El virtuosismo de la araña que concibe

ingeniería como ésta no aventaja

la labor de uno cualquiera de tus peines

de carey, ni su paciencia la mía

por darte la gloria y el imperio

sobre estos reinos si postrándote,

es un decir, me adoras.

 

[Itálica.1]

 

Quién dirá que tus hombros.

Quién dirá tus columnas,

difusas como un enigma,

fatales como un desastre.

Las armas, diez cuchillos,

los arcos de triunfo,

las cuádrigas del pecho

son viaje y no son nube

ni piedra ni morada.


[Itálica.2]

 

Contra el ciprés que afila su perfil

de sombra sobre los ocres aún tibios

de Santiponce, ¿de qué valió bajar

a la llanura inmunda de Hispalis

la infelice y preguntar por ti

en la confusa jerga de mujeres

junto al río?

No te conocen los navegantes

que con la tarde y la marea

vienen de Sanlúcar ‑canta la gente-

rompiendo el agua,

ni en las tabernas acepta nadie

las monedas con que puedo

pagarte yo, el anticuario.

 

[Tajo de Ronda]

                   Cernuda

Aprendo del Guadalevín, que en la

constancia se hace mayor, trïunfa.

Y aunque a tus ojos mísero, mal-

oliente souvenir de minolta y

luces nunca usadas, no te asomes

al balcón, no me mires o acaba-

ré contigo igual que las ciudades

que un río, un amor, orografía.

 

[Hotel Reina Victoria]

                   Rilke. Ronda

Fuera de la alfombra mágica

celosa del pelo de tu abrigo,

no titubeen tus pasos sobre la cera

alex, si a su delicia se deslizan

pasillo adelante. Ve

ahí la puerta y el pomo

de otra noche de Ronda. Gíralo:

te propongo no hablar del ángel del abismo

ni del raro huésped de la doscientas ocho.

 

[Alameda con paraguas]

 

Recuerda la ciudad

tocada por la gracia

del agua de septiembre.

El limo amarillento,

la burla de hojas secas

en las alcantarillas,

el desconcierto de

la gente en los portales.

Recuerda aquella urgencia

primera de ir al júbilo

de la humedad, que luego

reprimiste: ya todo

quedaba entre los dos

un poco lejos, salvo

ese olor de las calles

a plumieres, a invierno.

 

[Gran Plaza]

 

Duende o caracol, bolero de cortina

para el cartílago más tierno, soplo

Botticelli o vigilia a la manera

que más te guste: duermen

los ejércitos y las cosas

ocupan su lugar en tu ciudad jardín.
[Serie B]

 

Tuviera el alma un sindicato que en los

cambios de estación todo lo trifulca

haciendo polvo las pocas seguri-

dades que nos quedan. Motín de objetos.

Rebelión de no retornables. Puede

ser Ludwig Van o el whisky o las pelusas.

Puede ser un olor. Todo consiste,

mi amor, en que no estás. ¿Pero no estás?

 

[Muerte en Venecia]

 

Puente abajo de Rialto, el aura

del Gran Dux, el ojo de Visconti,

la hoja de acanto de algún poeta

novísimo,

la lata de Pepsi, cierto hedor,

el borderío de los gondolieri

y esa muchacha (una foto en

San Marcos con palomas)

se hunden.

 

[Mando a Distancia]

 

No contento Siva, señor de todas

las ambigüedades, con el hambre

de su pueblo, estornuda hasta seis

con cuatro en la escala de Richter

y como un niño, arrepentido, llora.

Quince mil murieron en el tele-

diario de las tres y quince mil

se ahogaron en el de las nueve y media.

Como si llaman y eres tú,

mi cadáver exquisito.

 

[Boris Karloff]

 

Me duermo. Es tarde. Igual que tú, yo

tuve una princesa, no del alto,

del altísimo Egipto. Y si no muriese

de amor por ella, te la cambiaría

por esa que tú llamas una y otra

vez: «¡Ánkesen-Ámon, Ánkesen-Ámon!»

(Así que den las cuatro y que la tuya

sea en blanco y negro y en versión

subtitulada.)

 

[Claude Rains]

 

Supón que sea a París: nunca vuela

a nuestro gusto el pájaro de acero

y pianistas negros caras de sapo

la joderán aunque nadie

se lo pida con que el tiempo pasará.

 

[Un lugar en el Mundo]

 

Sequías como diluvios, algo me dice

que acaba el Sur. Hablan hombres del tiempo

de un agujero en la capa de ozono:

imaginaria quemadura de cigarro

sobre un forro cardenal como de ópera,

más cursimente: carmesí.

Llámame.

Llámame antes que el cenicero de la Tierra

derrita los océanos

que inundarán la casa de la playa.

Llámame.

Bajo la arena, burbujean navajas y coquinas

supervivientes desde otras glaciaciones.

Y un vino blanco de aguja muy frío en la nevera.

 

[Estación Término]

Coger los largos, viejos trenes. Ese nocturno

de expresos europeos con ventanillas aba-

tibles (pericoloso sporgersi) donde uno

sale al pasillo, pide fuego, parte con alguien

un cigarro y los cuatro tópicos, que si a dónde

se va, cuál es la próxima estación (sin que tampoco

importe: los pasillos tienen algo de cine,

algo de vicio solitario). Coger los largos,

viejos trenes. Con un billete para aquel

andén en donde todavía puedo esperarte

y no estas vías muertas de estación de película.

 

F

ue idea de Pilar Villalobos el mejor título de este libro: [Hacia]. El subtítulo [teoría de la ciudad] sonará al Tratado de urbanismo del poeta Ángel González. [El viaje se abre siempre por tu boca] se anticipó en el número uno de El Sobre Hilado (1991) y [Puente del Centenario] en los cuadernos del Proyecto Juan de Mairena, Poetas en el Aula (1993), compartido con Mª del Valle Rubio. El prólogo fue antes una correspondencia con Antonio Molina Flores; a él y a Luis Fernando García Barrón les va dedicado. Complicidades involuntarias, también dedicatorias: Inmaculada Maqueda y Andrés Díaz [Real Maestranza], Carmen Lebrato y José María Delgado [Estación Término], Juan José Espinosa Vargas [Guadalquivir], José Antonio Moreno Jurado [Itálica.2], Manuel Moya y Pedro Cantero [After Shave]. Que «una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes» viene de Lawrence Durrell en su Cuarteto de Alejandría. «Y todo el Sur» de [Heliópolis] lo usó primero Juan Cobos Wilkins como cierre para poemas suyos. A Pilar debo por último las palabras de Casa Bigote que dieron lema al libro:    me moriría si te tengo que matar

 

 

 

 

 

[Heliópolis]

 

Te imaginas que un astro

te diera nombre,

moviera tu cintura

y todo el Sur

.

 

 

 

 

 

 

 

 

/ a Galera 10 /

 

 

 

 

 

 

Sevilla, 31 de Mayo de 1999

¿Quién como yo? (1996)

DANIEL LEBRATO

 

 

 

QUIÉN COMO YO?

«Miguel significa ¿Quién como Dios? Él venció al Demonio y es el defensor de la Santa Iglesia.»

(Misalito Regina, 1952)

 

 

 

«Dijo también Dios a Abraham: A Sarai, tu mujer, no llamarás más Sarai.» (Gén. 17,15)

 

 

 

Hay distancia más inmensa de Dios a hombre

que de hombre a muerte.» (Luis de Góngora)

 

 

 

Quién como yo?

Hermosa es la condena, libre,

ser el rebelde primero de la Historia.

(Juan Cobos Wilkins)

 

 

 

 

A la sonrisa del ángel etimológico

que, cuando nadie lo ve, hojea

y establece un plan alrededor

De los nombres de Cristo

 

 

 

 

ES TANTA LA DISTANCIA ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES,

que el Misterio se avino a expresarse en imágenes

comprensibles y, Eterno de Paciencia,

dejó correr milenios mucho antes de imponer

su Monarquía. Suavemente fue declarándose:

primero con el Sol, con la Lluvia y el Trueno

que enseñaron al Hombre su tamaño; después

mediante metonimias de un Olimpo que puso

para siempre fronteras a la Inmortalidad.

Fue su plan que los dioses olímpicos ‑banales-

cayeran en los vicios más humanos, que prudentes

varones predicasen que a tanto dios faltaba

una Moral: sería la hora y la misión

para el Único. El cual, al enérgico modo,

dio principio a sus Tiempos nuevamente creando

el Mundo de la Nada y guardando para Sí

las llaves de la Ciencia (hombres y dioses ya

definitivamente desposeídos). Pero Dios

-que es como se nombra modernamente el Único-

vio pronto que los hombres sin Ciencia y Teogonía

se aburrían; que incluso despolvaban antiguas

debilidades, como adorar becerros de oro

mientras Él dictaba las Tablas de su Ley.

Inventa pues los ángeles -rebaja, en cierta

forma humana, a sus excesos de Espíritu- y se

mezcla con los mortales; cede también Divinidad

a los profetas, hombres que distraerán al pueblo

con sus milagros. Así, hasta su esfuerzo más didáctico

que fue sin duda el Cristo de Nazareth, la máxima

humanidad que Dios pudiera permitirse.

De Cristo, escribe Borges: «nos ha dejado

espléndidas metáforas». No obstante

la de la Cruz defrauda por tan obvia y

tan enorme distancia entre Dios y los hombres.

 

EDITORIAL

 

 

 

Pues y qué menos que confundido en-

tres nubes de alta montaña ser

rayos y truenos en zarza incandes-

cente, con lo que es este oficio

raro de la palabra. Sólo un

mandamiento os doy: existe el Diez.

 

LUZ DE AGOSTO (LA CREACIÓN)

 

 

 

I.

 

 

Ponedle Tierra Firme, que no es otra

la estirpe de su abrazo

 

 

II.

 

 

Dureza del diamante que retrasa

su destino bajo tierra

Acaso duda del engaste

que le tienes prometido

 

 

III.

 

 

Ha de vérsele venir bajo forma de golpe

de mar que inundara una bahía

como herida manantial, como flamígero

alfanje de un ángel

                           exterminador

Luego será la cínica sonrisa, el gesto duro

cinematográficamente aprendido

hipocondrías que fingen y no niegan

que su víctima lo enamora

 

 

IV.

 

Dolor: cristal severo que nunca anduvo

en las orillas de Murano, parteluz

y arena de mis días, qué habré de agradecerte

mientras viva y hasta las últimas

consecuencias de la Tierra

 

A lo mejor este azar

que dándote vida destruyo

 

 

 

V.

 

 

Ponedle Tierra Firme, y que la patria

y el nombre que le han sido

                                                   dados

se disuelvan en sus labios con suave

acento de extranjero

 

SI FUÉRAMOS EL VERBO

 

 

 

 

(LUNES)

 

Si fuéramos el Verbo, qué tontería

hacernos carne, separar

las tierras de las aguas y éstas

a su vez en ríos y en océanos

los días de las noches, las cosas

en tres reinos, quitarle a nadie

una costilla, en fin

 

Nos bastaría con la luz

 

 

 

(MARTES)

 

Si fuéramos el Verbo, quién nos dice

que en un descuido no perdemos

el almanaque de los seis días, la bolsa

de los truenos o el librito de alquimia

 

por hacer la espía del ángel apremiado

que viniera a aliviarse a la sombra

del árbol del Paraíso

 

 

 

(MIÉRCOLES)

 

Si fuéramos el Verbo, a buenas horas

distinguir un árbol de la ciencia

del bien y del mal de un árbol

de la vida. Pero puestos

ya en agriculturas, pediríamos

ser pientes la manzana

que el otro mordería

 

 

 

(JUEVES)

 

Si fuéramos el Verbo, no querríamos

hacer de nuestro llanto universal

diluvio, aunque -eso sí- nos gustaría

jugar entre las zarzas, ser

la chispa de la vida

 

 

 

(VIERNES)

 

Si fuéramos el Verbo, a saber

la serie de los números, la ese

del plural, los endecasílabos

la fecha de este día

un milímetro de más

y la palabra más, Borges, la cábala

el pentagrama, el Pentateuco

las cifras del Diluvio y del Sinaí

el pan ácimo, la leche desnatada

el uno, el dos, la Trinidad

 

 

 

(SÁBADO)

 

Si fuéramos el Verbo, que un funcio-

nario piense los mandamientos, dicte

a patriarcas duros de oído libros

y libros hasta cuarentaitantos

 

Los encuaderne en pasta y nos dé

los renglones torcidos

 

 

 

(DOMINGO)

 

Nos bastaría con la luz, pero si el Verbo

a pesar de todo insiste y se hace carne

ojalá distinga los distritos, las tarjetas

de visita en los buzones, toque el timbre

y habite entre nosotros

 

QUIÉN COMO YO?

 

DICEN QUE LLUEVE SOBRE EL CAMINO DE DAMASCO

y que las aguas son del río de Sanlúcar

o del viejo Tiberíades

como la luz que al persa deslumbró

la víspera imposible de Salamina

está en las últimas pupilas de almadraba

del mar en Sancti Petri

 

Que arde Beirut como tus piernas arden

y se derrumba un muro de Berlín a Jericó

 

DE SANTO EL HUESO QUE EN LA MANO, FALANGE

o metacarpo resiste y no se rompe

si colérica expulsa de tu cara

como templo mercaderes

 

NO ESPECIE PROTEGIDA, NO CÁLCULO

de paloma ni rama tierna de olivo

te quiero. Sí

fleco de diluvio, color

octavo de arcoiris

 

MÁS QUE CUMPLIR LOS NOVECIENTOS

sesenta y nueve años, hasta el fin

en mi cajita de nácar el anillo

rosado como el día

de tu primera circuncisión

 

PÍDEME SI QUIERES FIBRA DE LAS VENAS

plaquetas de esta sangre, agujas

de navegar desde mis ojos, iri-

sada seda de diafragma o pabellón

de mis orejas. Nunca

labor de cestería, recogido

mimbre donde bordar tu nombre

salvado de otras aguas

 

BAJARÁ EL ÍNDICE FEBRIL BUSCANDO LOS ARCANOS

del pecho, allí donde la ardiente zarza

no se consume y un pan de miel

para los labios rebosa

Ganará la mano en osadía cuando atraviese

el mar rojo de la camisa y siga entonces

la ruta de caravanas del vello más suave

 

Y así la cremallera levante sus almenas

no habrás de detenerte hasta la tierra prometida

 

CON LAS DOS MANOS, ÉSTAS

que dieron cielo a un príncipe

en sus pirámides, busco

frutales horizontes y, ajeno

a todo vértigo, divido

como pulpa con las uñas

en dos las aguas, doy

crédito al milagro y

la espalda a los egipcios

 

GRADO AL CRIADOR QUE HIZO POSIBLE Y

más largo que el índice acusador otro orden

trinitario de falanges con que ahora

donde nadie ha llegado llego

y te bendigo

 

RADIANTE ESTÁ LA CELDA DE HOSPITAL

donde Juan de Yepes escribe lejos

de tu noche oscura, no tórtola

ni paloma, no tampoco

ventalle de azucenas

 

Como ignora tus vaqueros y tus tizas

de colores, la blusa donde ahora

tus tetas son para el apártalos

amado dos mellizos de gacela

 

LIBRO DE SARAI

 

 

 

ALFA

 

A la hora de elegir a quien iba a ser

Primer Sumo de los sumos sacerdotes

Dios parece como un maestro perezoso

que mira la lista, busca un nombre y saca

a la pizarra al primero que encuentra:

Aarón

 

 

Y OMEGA

 

De Zworýkin, Vládimir Kosma, físico usa

de origen ruso, inventor de un curioso iconos-

copio, sabemos también que, aunque de joven

fuera siempre el último de la clase, una rara

y ortográfica lealtad hacia su lengua

materna le vale hoy día para cerrar

enciclopedias como la Espasa o la Británica

 

 

NO8DO

 

El trazo que, perezoso, cifre su pereza

en la madeja del ocho aprende

por qué grafía y símbolo confabulados

trabajan contra él: ni el arcoiris

tuvo cifra semejante, ni Dios

nada que hacer ese día

 

LUZBEL

 

 

 

Espejo y gota y agua

cristal o arena rota

altura y vuelo: vértigo

Amor de Luz

 

Terrible la caída si es

nostalgia de otros tiempos

mejores: Tú

 

GÉNESIS C

 

 

 

He aquí el día de la mudanza: fue

la cópula terrible y se agradece

el sol de manera distinta. Un agua

desconocida nos inunda, nos inunda

 

Dirán que fue debilidad femenina

Pecado original le llamarán soberbia

 

PRIMUS CIRCUNDIDISTI MIHI

 

 

 

A todas luces lúcido, lujurias

una jungla de jaurías: jurarías

tu alma por un lujo de prejuicios

y prepucios de muchachos

 

PRIMERA COMUNIÓN

 

 

 

Con habilísima lengua,

recibir tu candoroso

centro, frágil pan de un alba en

mi saliva, hacerte mío en-

tonces, mío. Asegurarme

que ha conseguido no herir-

te mi torpe dentadura,

que mi paladar es leve

cielo al gusto tuyo, como

de algodón mi garganta hasta el

suspense del nunca visto y

más sublime trago. Cuerpo

de Cristo, escuela de amor

única

 

ÁNGEL EXTERMINADOR

 

 

 

Republicano o bolchevique ha de

ser el virus que igual ara la san-

gre de hermosos príncipes primogénitos

con las primeras crías de las bestias

y las esclavas primíparas

 

HOSPITAL MATERNAL

 

 

 

La criatura fronteriza que contra humano

            pronóstico

sobreviva y se salve

juntará si es que puede

una tras otra las cuatro letras de tu Nombre

y dará luz

al rostro milenario que te atribuyen

piedades y hermosuras

 

Puzle más feroz si la criatura exige

un segundo milagro

                                    y cirujano

 

HIJO DE MI DOLOR, ERES ÚLTIMO

molde del vientre y los aperos

En tu estirpe reconozco nombres

que me sonaban desde antiguo y que

apenas entendía: muero, soledad

o en plenilunio, llévame contigo

mi señor. Es decir la vida larga

de dolores que aún no te sabían

Benjazmín cumplido de una juventud

que más parece orgullo que otra cosa

(Verdad más leve la que me ocultan

las parteras, y que esta jerga impropia

que nada tiene que ver contigo)

 

SACRIFICIO DE ISAAC

 

 

 

Ea, padre, la leña, el cuchillo

afilado en la piedra, la piedra

todo altar, todo dispuesto

Dése prisa (dejo llorando

por mí a una muchacha), no me diga

que ésta es otra broma de mal gusto

 

CUESTIÓN DE MÉTODO DEL HIJO PRÓDIGO

 

 

 

Calcáreas, cada vez a más murmullos

las voces, o a caracolas, aspiran

Escucha el mar aquí o allí la foto

del adiós, aquel pañuelo donde

las lágrimas, cosa fácil, las olas

de tiernas miradas. Pero qué débil es

también esa señal, como de vieja

galena, clandestina, o distinguir

qué pierdes si te vas de lo que nunca

si decides quedarte será tuyo

 

TENTACIÓN DEL PATRIARCA

 

 

 

/Judá y Tamar/

 

Lo que en rito de inocencias de inocencias

de paternas vigilancias has perseguido

desde siempre por los pasillos por la luna

oblicua de los roperos o la caída

negligente del albornoz que se entreabre

con lavanda cada vez que me inclino sobre

tu sillón y te beso y virtuosa pronuncio

buenas noches

 

HORAS DE SARAI

(Génesis, doce y diez)

 

 

 

Como varón prudente, este caudillo

de los de a medias entre la virtud

y el hambre de su pueblo- no ha tenido es-

crúpulo en darme al faraón, después de

ganarse a costa mía los favores

de guardia y gente de palacio: «Dema-

siado hermosa, no mi mujer; dirás

que eres mi hermana». Y ya sin

tribulaciones de cornudo, puso

negocio y prosperó en mercaderías

Tanto que, vuelto en su virtud, hoy todo el

mundo pasa por su tienda y él ni si-

quiera quiere pasarse por la mía

 

JUDIT

 

 

 

No es difícil celebrar la sangre en

manos blancas -que diréis que no ofenden-

hermosas de heroína, y mucho menos

regocijarse por el hombre que perdió

la cabeza un poco antes que vosotros

 

Brindad, sí, pero os juro

que así será de aquel que con dos copas

de más pase por mi tienda una noche

y se me duerma igual que este

hijo de puta se ha dormido

 

ABSALÓN

 

 

/Fray Luis/

 

De bulbos obstinados o de navajas

barberas, como de un hilo, pende

la vida cuando el hombre

huyendo de alopecias (ya sabéis)

de un falso leño se confía

 

VISIÓN DE BABILONIA

(Soneto XXIII)

 

 

 

Si aquella vena del oro, Garci

laso, de la cabeza da un torso

de plata y si en tanto que de ro

sa la edad ligera corre al vientre

de bronce sobre piernas de hierro

por qué hacer mudanza en su costumbre

y azucena a vuestros pies de barro

 

JOSÉ

 

 

 

Si el hombre aquel

perito en vacas

pudo leer

gordas y flacas,

diría al rey

lo que faltaba:

 

Aquel desliz de Liz

de liciosa Cleopatra

 

ARTE RETÓRICA LA DEL QUE SUEÑA

su pesadilla como los reyes

antiguos, con esa mesura

que en cláusulas matemáticas

-pies, acordes- ofrece a la lírica

vigilia tanta. Y qué más da

el adivino: más que el fondo

de la visión, cuenta contarla

sin defraudar al público y oír

el pronóstico sin tampoco

perder la compostura

 

NO EN CAMPOS DE ZAFIRO PACE ESTRELLAS

licántropo este rey que ejemplifica

la Gesta Romanorum y el Libro

de Patronio: por ahí anduvo

siete años como buey deforme

a su realeza; porteros de palacio

lo habrán aspaventado y a saber

qué tiro de carretas o rocío

perfile su nostalgia, qué musgo

sintético rumiará por los pesebres

que en navidad lo acerquen a Belén

 

CABEZA DEL BAUTISTA, I

 

 

 

Acápite el afán de hembra que se asoma

sin vértigo a un balcón de cervicales

y carótidas del masculino tronco

separadas

 

igual que de su nácar, fresquísimo, un

molusco, o entre vocales cuerdas,

seductora, la sístole de una sílaba

ya incrédula del mundo esterno-

cleidomastoideo

 

CABEZA DEL BAUTISTA, II

 

 

 

Dichoso aquel al que la vida en estreno

estrictamente privado da una última

película que dilata para el mito

el número contado de sus días

 

Cráneo privilegiado si en bandeja

o nitrato de plata su retina retiene

contra el frío esa fruición veloz

de ver el que, ya octavo, velo, vela

lo macabro de las danzas de la muerte

 

LUCAS SIETE TREINTAISÉIS

(ensayo de perspectivas)

 

 

 

(1)

No ha previsto el huésped agua de sal en la jofaina ni beso de paz en el vestíbulo, ni fue mi frente ungida con óleos perfumados. Yo

 

(2)

                                                                                   he de lavar tus pies con lágrimas balsámicas y en mis cabellos enjugarlos. Nadie guarda para ti labor más primorosa. Ignora

 

(3)

                                                 que su estancia aquí peligra por Ley de Extranjería, que habita en casa llana de extramuros, que según

 

(4)

                                                              Lucas: en Mag-dala o en Betania aquella mujer había cono-cido siete veces siete príncipes demonios

 

SUCEDIÓ UNA NOCHE

 

/Frank Capra, 1934/

 

 

 

Murallas de qué noche, Clark Gable

Claudette Colbert, si afónicas

o estériles trompetas, moder-

namente jericoces

 

QUÉ HABRÁ PENSADO...

 

 

 

(ADÁN)

 

 

Qué habrá pensado Adán camino del destierro

después de haberle dado, Juan Ramón,

Intelijencia el nombre exacto de las cosas

 

(SARAI)

 

 

Qué habrá pensado Dios el día de la enésima

alianza al prolongar su nombre al venerable

Abrám, y qué Sarai (princesa)

muerta aún de celos por esa esclava egipcia

oyéndose llamar por el esposo, más breve, Sara

 

si el Lázaro no se adentra en ideologías

del metaplasmo y el asunto apenas

se comenta en círculos yavistas

 

(LA MUJER DE NOÉ)

 

 

I.

 

Qué habrá pensado la legítima del patriarca

la víspera del Gran Convite

viéndose

invadido el hall, llena la casa- dándole

a tanto huésped cuarenta días

de lluvia y sin mercado

de comer

 

 

II.

 

Cosas de hombres, por mucho

que Alguno ande entre los pucheros

 

(BARRABÁS)

 

 

Qué habrá pensado, ya en capilla

el hombre aquel convicto de homicidio

y de motín contra el imperio al oír

su nombre en boca de la plebe

 

y luego pasos por los húmedos

verdines de la piedra que a él lo salvan

de la cruz a punto como el otro

de cumplir los treintaitrés

 

(EL BUEN LADRÓN)

 

 

El día de las moscas pegajosas

a las llagas y de la orina

incontinente como el llanto

de cuatro mujerucas

 

qué habrá pensado Dimas, mucho

antes de verse celebrado en la

liturgia o por Juan de Mesa

imaginado un viernes santo

como Bueno (él, que tuvo fama

de torpe en su barrio y tantas

veces en poder de los romanos)

 

cuando el hombre de a la

izquierda del palo miserable

ya por su propio peso casi

descoyuntado- va y le dice

no se sabe qué de un paraíso

 

(TRINIDAD)

 

 

I.

 

Qué habrá pensado el padre, el mismo

que se hizo carne y como carne ahora

es hijo, cuando se tarda el espíritu y

lo mismo duele, centurión, un golpe

de lanza en el costado que, oh

más duro que el mármol a mis quejas,

padre, padre, por qué me has abandonado

 

 

II.

 

Como si tú mismo fueras como quien

dice el mismo prójimo al que dicen que

se ama como dicen a uno mismo que uno

mismo se ama dicen como si fuera

el prójimo uno mismo como quien dice

ama al prójimo como a ti mismo amén

 

(SERMÓN DE LA MONTAÑA)

 

 

I.

 

Qué habrán pensado los humildes

pastores, las rameras, los esclavos

fronterizos al imperio, nubios

leprosos o tullidos

ellos

con esa pinta el día

de la resurrección

 

 

II.

 

El día de la resurrección, tú y yo

qué imagen de estos años, qué traje

de gala elegiremos

 

SI

 

 

 

 

 

 

 

a/

Si fuera yo el espejo en que te miras

Tu sola imagen yo

mi semejanza

 

 

 

b/

Si quien nombra se apodera un poco

como Adán de las cosas que

se nombran, amor mío

 

 

 

c/

Si el ángel de mayo fidelísimo

a sí mismo tensara nuevamente

el músculo para el abrazo, cuál

ha de ser tu número, nocherida

que nunca cicatriza

 

 

 

d/

Si fuera yo la playa de los naufragios

de anoche, azogue para la bolsa

de tus ojos, vaho, propósito

de enmienda, saliva espesa

tos

primer cigarro del día

 

 

 

 

e/

Si fueras tú el jardín donde los días

ajenos a su nombre no cuentan

ni son siete, donde nada

ni la Creación pudiera distraerme,

yo sería

párpado leve o azúcar de cristal

del agua de tu sueño morador

insomne

 

 

 

f/

Si fuéramos el Verbo no tendríamos

que traducir lo que nos pasa ni, a página

perpetua condenados, faltarían

rúbricas como tus ojos, equivalentes

minúsculas a tu boca salmarina

 

 

 

g/

Si la noche de Babel confundiera mi lengua

como río que hacia el mar se pierde en la marisma

así también

reuniría yo el curso de la sílabas

que en tu nombre únicamente desembocan

 

 

 

h/

Si acudieran mis labios al agua de tus labios

y ese agua

fuera más dulce que la ley que a mares muertos

me condena si volvieras

la cara y en un beso te confundes

del grupo de los justos que salvan las ciudades

 

i/

Si las palabras te parecen oscuras

como escolares pizarras o tan claras

que borran el misterio imprescindible

date prisa y mira:

 

Gente hay que ahora mientras hablamos

funde sus anillos de oro y no menos

ceremoniosos que nosotros

entre sí se idolatran, se idolatran

 

 

 

j/

Si vienes a por mí, que a la primera

sea la vencida: de otra forma

el mínimo corpúsculo, de Meissner

suponte, de Pacini o de Krause, podría

organizar la resistencia

 

 

 

k/

Si la Noche de los Primogénitos viniera a

      destronarte

y el solo antídoto eficaz frente al exterminio

      fuera

marca de inmolada sangre en los dinteles

bastaría tu lengua

lanceolada como hisopo en el menor de mis labios

para inundar tu barrio de hematíes

 

 

l/

Si nos sorprende la luz en indeciso combate

que el ruido de la guerra nos ahorre

la superficie de las palabras

 

No me dejes caer en la tentación

de la ternura que trae la aurora

ni digas si te pregunto

cuál es tu nombre

 

Haz tú también como la luz:

Tiñe de rojo tharsis mi cintura

 

 

 

m/

Si lloras a mis pies es que no hubo

diluvio universal ni más precioso

lienzo si enjugara

mi llanto en tu cabello

 

 

 

x/

Si por mi amor quisieras delatarte

no un trazo de arcoiris

ni un toque de carmín

te bastarían

 

 

y/

Si fueras tú el espejo de los caprichos

que en nácar o en carmín dibujan

los días y las horas

 

 

 

z/

No habrá Aurora L'Oreal, sí Passo

Honroso de la Edad por tu cabello

de ángel

 

PRIMER JINETE (LAS FIERAS)

 

 

 

Bucéfalos, pegasos, clavileños

Memorias de cartón

piedra y purpurina

para el jinete de la infancia

triste en los tiovivos

 

SEGUNDO JINETE (LA PESTE)

 

 

 

Caballos de vapor, fiscales

del jinete ciudadano que no salva

puentes ni estadísticas, que -huyendo

el mundanal- ruïdo encuentra y su fin

un fin cualquiera de semana

 

TERCER JINETE (LA ESPADA)

 

 

 

Intravenosa la ciudad infierno y paraíso

de cristal corona escarchas princesa hemoglobina

tras lúcido jinete a ritmos coronarios como

            un viaje

por el azar de la amatista inoxidable y si

            duermes

 

no más adorable dama de esta noche perfumes

por última frontera caballero en plata espejos

países hipodérmicos lindos para violetas

metálicas y apoteosis te imaginas

 

el abrazo del infierno sicofármaco muy frío

o más paraíso y beso que arterial como heroína

 

CUARTO JINETE (LA BALANZA)

 

 

 

Habrá un caballo azul de seda manriqueña

para el jinete de los olvidos

                           Su canción

de cuna y olas sabe ya de nosotros

lo que supo por Orfeo, por los caídos

en Actium o en Trafalgar y está en las proas

atónitas de los bárbaros, en el saco

roto de los conquistadores

 

como en los últimos versos de Alfonsina:

«Voy a dormir, que no insista, que he salido...»

 

Y para qué un mástil como tuviera Ulises

embetunado mimbre, bondadoso

leviatán o espejo

 

MANE TÉZEL FARES

 

 

 

Qué otro idioma profeta de entre líneas

de las manos sin esfuerzo traduce: cuento,

peso, divido, si la cuenta está echada y

quiere la balanza su fiel perdido cuando

contra nosotros naciendo bien o mal que

cien años dure?

 

MANE

 

 

 

Cuando el matador y tú lo mismo preferís en el reparto, afán de retorno o victorioso botín, uno de los dos verá ante sí las líneas de un exilio que ni el más exquisito protocolo en donde llegue podría suavizarle, ni es bálsamo bastante el privilegio de figurar una vida distinta, desconocido en tierra ajena. Prisionero el corazón de la espada que no esgrime, como espejo mágico a su acero pregunta por el hilo cicatriz que, descosido, daría plasma heroico hacia un exilio más íntimo. No un destino por delante, matador. No un segundo caudillaje cuyo final conoces, aburrido

 

TÉZEL

 

 

 

Gusta que reconozcan tu nobleza. Que, de tu pueblo, la estirpe de la sangre te distinga: Príncipe en el exilio. Que un Jefe de Eunucos quiera nacionalizarte como suyo, modificar tu nombre, extranjero. Paje de lujo a los quince años, un preceptor severo te hará cursar el Relox de Fray Antonio de Guevara, los arduos tratados de Saavedra o Rivadeneyra. Hasta que, a solas y a escondidas, tu deleite de aprendiz se mire en otros espejos de príncipes rebeldes. Oyes el sueño de más jóvenes cautivos, la transgresión de esa noche y por costumbre te lo cuentan. De día, observador, desde la corte viviseccionas el régimen político de los bárbaros, su rudo despotismo, los hábitos pueriles del talión, y callas. Tu fama de analista crece. Un rey te solicita. Pero dónde tu pueblo cautivo. No basta que reconozcan tu nobleza

 

FARES

 

 

 

Morir sin conocer el fin del cautiverio. Prisionero siempre, qué recuerdo cuando la memoria hurga en los catorce con faros antiniebla, no perdona. Pierde el orgullo de tu nombre. No como él: Renuncia a la cordura del insomnio y confórmate con la común proporción de las vigilias. Juez es Dios. Tú sueña el fin del cautiverio y ocupa mientras puedas un lugar entre los tuyos

 

BUSCAS A ROMA EN ROMA?

 

/Quevedo, André Gide/

 

 

A saber si la una -como orgullosa

de su Cloaca Máxima- financió un día

(Audas, Ditalcón, Minuros) el juego

sucio en Lusitania, si desde el sótano

de la otra se alimentaron doxias

heterodignas de fuego y anatema, teologías

de la liberación

Si amor o conveniencia

juntan, Fabio, estas de admiración

romas traiciones y herejías

 

CRUCIFICCIONES

 

 

/Borges, Buly/

 

Corría el año del Señor. Seguramente

el imaginero discurre entre los tres o

cuatro clavos (Pacheco: Visiones de Santa

Brígida) sobre la tabla de la policro-

mía románica, más veraz que el triángulo

gótico. Duda que resistan radio y cúbito,

que verosímilmente pise el uno al otro

pie sin ir allá como miriñaque triste

tanto metatarso. No le ayudan los cuatro

evangelistas. No le sirven los apócrifos

y muy poco la versión siria del de Rábulas.

Cuando cree que termina, es nada, se equivoca:

a saber si la greña baja por derecho

o izquierdo lado, si aún conserva la corona

de espinas o qué lienzo disimularía

la mórbida cadera, el muslo mortecino.

Con ojos piadosamente yertos o en órbita

(como quien ya vislumbra concilios, vidrieras,

viernes santos), tal vez se da a ensayar futuras

iconografías, el fin. Ante esos ojos

dios y artista se confunden, pues a ninguno

de los dos le cabe la gloria en la cabeza

ni otro destino que inventar el paraíso

 

SI LA MANO DEL PEREGRINO QUISIERA RENDIR VIAJE

y ritual o virtuosa hollase el parteluz

como es costumbre

no habrá descanso para él o confundido

será que no ha llegado al pórtico de tu gloria

 

 

SERÁ QUE NO HA LLEGADO AL PÓRTICO DE TU GLORIA

quien confundido duerme en su posada y acaricia

un sueño de futuros finisterres

donde acaso su bordón

a ciegas tienta bajo el cielo de otros ábsides

vértice o sillar la órbita intocada

girola de una víspera de cripta deliciosa

 

 

GIROLA DE UNA VÍSPERA DE CRIPTA DELICIOSA

no descifra láudano que pueda aliviar su vigilia

ni ningún óleo -por final- generoso

Sí el error

que cometido tiene un precio y es justo

por los claustros románicos del insomnio

como quien busca el jubileo

 

 

QUIEN BUSCA EL JUBILEO DESATIENDE

la fatiga del camino y el avance

del miedo entre dos posadas. Inmune al

dolor de las criaturas, no ve el círculo

terrible de la Peste y de San Lázaro

Su cuerpo purifica con agujas

de manantial y allí donde la piel

inventa paraísos meretrices,

cortesanos, no se olvida. Ni escucha

las quimeras de las gárgolas cuando

toda la lluvia de occidente es

piadosa letanía o carcajada

 

DE HOY MÁS YA MENSAJERO

 

 

 

1/

Su cifra, su misterio

su madrugada cruenta

están en ti

que apenas luz ya vencido

como Jacob lucharas

y no sabes

 

 

2/

Nostálgica y fidel, Sarai

mastica a pesar suyo las migajas

de los manteles del noveno

auto de la madre Celestina

o para el caso miserables

cáscaras de altramuces como

el omne bueno aquel del conde

Lucanor, enxiemplo diez

 

 

3/

Sarai: quiere el que vuelve decir

con su regreso un nombre, nunca

lo que se sabe: la historia

toda, el crimen cometido

 

 

4/

Sonríe, porque si

hubieras sido el Verbo

es decir- creador

de un alfabeto, nadie

serías si tu nombre

no está en las páginas

amarillas de Babel

 

Un Jurado presidido por Rafael Alberti concedió a ¿Quién como yo? Accésit del IX Premio Nacional de Poesía que lleva su nombre, siendo el noventa y uno cumpleaños del poeta, 1993. Hay en el libro cosas para, por o de Juan Lebrato, Carlota Moya de Alarcón, Carmen Castillo, José Antonio Moreno Jurado, Juan Cobos Wilkins, Con Dados de Niebla, El Sobre Hilado, J.J. Díaz Trillo, Héroe de su herida, Valle Rubio Monge, Jesús Aguado, Antonio Jiménez Casero, El morador insomne, Rafael Pérez Estrada, María Dolores González Cantos, Cristina Peri Rossi, José María García López y  El Fantasma de la Glorieta.

 

 

 

 

 

 

CAPRICHO DE UN DIOS CÍNICO, EL INCISO

FUGAZ DE LA ESCRITURA BUSCA -A OSCURAS-

LA BURLA DE LA BURLA DE BABEL.

Y ASÍ LA NOCHE TRAIGA SU INDULGENCIA,

 

SU OFICIO EL ESCRIBIENTE, SU LEALTAD

LA IMPRENTA CUMPLIDORA, VENGA EL VINO Y

BRINDAD POR LA MEMORIA DE UNAS HOJAS

NO MENOS OTOÑALES QUE VOSOTROS,

 

JARDINES DE AGUA DULCE Y DE GLORIETA.

OS QUIERE ESTE FANTASMA, QUE ES UN ÁNGEL,

MAS SI LO VEIS PARTIR A OTROS JARDINES

 

-YA DÓCIL VINO DULCE EN VUESTROS LABIOS-,

NO OS DUELA SU SILENCIO: NO ES PRECISO

HABLAR CUANDO UNO ESTÁ EN EL PARAÍSO.

 

 

 

 

 

a Pilar. Sevilla, 1996

 

 

 

 

 

Se terminó de imprimir el día 14 de agosto de

1996, XXXVIII aniversario de la muerte de

Juan Ramón Jiménez, siendo Presidente

de la  Excma. Diputación Provincial

de Huelva don Domingo

Prieto García

 

 

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de amor como disparos (1995)

Daniel Lebrato:

de amor como disparos

 

                                               Nunca

                                               mejora

                                               su estado

                                               quien muda

                                               solamente

                                               de lugar

                                               y no

                                               de vida y

                                               costumbres

                                               (El Buscón)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                               Para gentes

                                               como ella

                                               el misterio

                                               empezaba

                                               precisamente

                                               con la

                                               explicación

                                               (Rayuela)

 

A TI PUES, MAGA, los objetos perdidos

los lazos de colores y las fotos

a la vuelta de una página, los días

y las horas colgadas de las perchas

o perfumes al acecho entre dos sábanas

 

A ti pues, Maga, únicamente

no inquieta el filo de los alféizares

la puerta de un armario, carcomida

ni el insomnio sin luz de las muñecas

que acá van dando miedo

que acaban dando miedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nada hay tan dulce como una habitación para dos, cuando ya no nos queremos demasiado

 

            (Jaime Gil de Biedma)

 

PRIMER GUIÓN

 

 

Fundido en negro en la fosa común de la memoria / Hay mucho humo y un gris desastre que fuera previo a las ciudades o al camión de la basura / arenilla de fondo, de cinta muy vista, como de cine de barrio / Lo que suena es un tango o parecido lamento de cabrones / Así, al pronto, nuestro siglo más o menos / Trávelings vertiginosos / Rodapiés, hormigas, griferías / Profundidad de campo hacia esas cartas y fotos que alguien no supo romper / Geografía del abandono en primerísimo plano / Encima de una mesa vasos y colillas / Algún libro abierto tirado en el sofá / Conrad o Cortázar o el Si no fueses tan puta! de Jaime Gil de Biedma, o ya tampoco / Junto a la puerta un mapa, y a rotulador que podría inhalarse: Fundido en rojo sobre subrayado insistente

 

desde quien dice árbol porque no sabe sauce olivo manzano abedul o duerme bajo las alas de la palabra el sueño del opio o de la dama de noche y mezcla en pájaro lo chico y lo que vuela y no distingue petirrojos golondrinas colibríes hasta tus balbuceos diminutos y la rabia que te vence y me oscurece más allá de pena más allá de amor o duerme vida mía

 

como estrella en el azar de la noche como estrellas quién sabe si aún existes cuando nosotros las vemos a ti pues maga si escuchas el silencio de la máquina o metales preciosos de las piernas que estrangulan y a menudo tijeras japonesas mi sexo adolescente y la prisa de lo que escribo y el riesgo inútil de la palabra donde está tu casa y ya ves tijera japonesa en la memoria y como estrella si aún estás ahí amor mío me escuchas

 

mira detrás de las cortinas luna menguante como un vino deja en cuarto creciente su peso diminuto la ingrávida caricia de tu espalda y tu cumbre con luna elevadísima que habría que hacer algo por una noche más triste acudir por ejemplo a una cita de tabernas de muchachos de ojos líquidos y de alma confuso laberinto que cruzar esa frontera esa cortina ese salto mortal de la noche del sábado y no decir bárbaro que me matas con un beso hazme con un beso conocer mi destino

 

No al sol que dulcifica su mercancía por la borda. No a la más fina labor de las mareas de occidente. A ti te quiero. A la candela fugaz que desteje la vida en tus pulmones.

 

hubo un triángulo rosa y unos trazos azules en las paredes de tu casa en tu calle en la autopista del sur una barra de labios clandestinos amor como un grafiti de golondrinas velocísimas enamoradas de las conchas de las tortugas o dónde estabas tú maldita sea

 

pensarte sí pensarte como si soñara una vez mi corazón qué carrera qué salida si tiene nombre el meridiano que me traspasa el don de su ebriedad sin ti las noches como infiernos oleadas de brazos ojos fijos y deseos que ojalá aflojaran sus lazos algún día a la voz de no seas loco eso ya no se lleva razones para dejar de amarte dime

 

cada letra campos elíseos de batalla te acuerdas campos elíseos era mayo amnistía ven pintabas con el hígado o arráncame la piel que pasó por el mundo te dije y libertad no el miedo el carné no tardes en la boca todavía

 

Piloto de altura, no hay noche ni faro que te alcancen. En alta mar tus ojos precisan su estrategia: plan de evasión. Y ojalá yo fuera el ecuador que atraviesa tu vida en dos mitades o mis dos oceános azules la mirada que puede hundirte para siempre.

 

por qué pensar en ti es pensar un cuerpo tu cuerpo el reino de las incertidumbres qué espero entonces como espíritu pensarte concebirte como un ángel pensar tu alma es un alma hermosa y mientras tanto te doy nombre de pasión y de ternura y concibo la náusea y te concibo

 

qué mal creer que te inventaba como quien de pronto se abre una tierra prometida por ahí se perdió mi cordura escasamente qué impaciencia amor acosó por entonces un punto en tu mirada no pionero ni primero no nada que a la fortuna se parezca no nada que me otorgue el don de la palabra como miedo teatro o precipicio por donde sinónima mi vida aquí se queda clavada en tus espejos de amplia frente un brazo inútil de almohada un labio inútil una cueva de oscuros pajarracos refugio inútil una cueva donde otras veces solías visitarme y tu cuerpo en la noche qué sorpresa

 

del miedo el otro miedo tan difícil quiero hablarte eseoese o residencia que voy siendo duda de mis dudas palabra escudo y propicio lema de combate tanto os temo cuanto más os amo quédate conmigo esta noche de ausencias escucha no lo mires un unicornio rosa brama en tus espaldas

 

Esa música al alcance según perezas, países, estaciones, y es como el día de los abrazos: el desayuno en la cama, el café suavísimo para solo, la prensa y las cortinas que por oficio llevan la cuenta de las horas. O, mejor, me arrullo entre las sábanas y recuerdo un único cuarto, una casa conocida.

 

discurso el del discurso de la noche que discurre una noche se supone como tantas y por encima de cómo te fue el día o si llegaste a punto a tu diario uno de los dos va y dice cosa más terrible que la fiesta a que hemos sido se supone como uno y por costumbre invitados o si el miércoles que viene viene bien para quedar con esos amigos más o menos comunes que hace tiempo no veremos y esperábamos

 

ni a la moda celuloide ríete tus gafas tan oscuras a mediodía la calle y motos cafeses espumas como desastres de afeitar azogue azote iguanas piel ni parecidas ojeras frente al espejo arrugas ni en la cama fría fría brillantina a buenas horas tus pechos avagárdner máter mater males

 

se alborotan de noche las noches de la iguana no hay calor oficio del ofidio que en su luz van cirujando las agujas de todos los relojes de occidente y al oír la última señal serán serás te has ido perteneces pertenezco

 

Desaprueba la palma de la mano la exactitud del hueco de la almohada, el calor de la costumbre, la imperceptible pelusa, diablos de viento por el valle de seda de la ausencia, y no hay mensaje ni rabia ni venganza. Lección de Anatomía: aquí el preciso frunce de tu brazo por debajo de mi cuello, la sábana de escayola, tu sudor, el molde de la nuca, la mínima señal de tu colonia y una mancha de vino, detalles nimios de que dan cuenta la nostalgia y las lavanderías. Como si llaman y eres tú. Como si te dejaste queriendo la pitillera de nácar encima de la mesita de noche.

 

para al día siguiente los dos juntos celebrar con champán no importa si barato la ocasión única en que nos demos el lujo del desprecio brindar sí paul éluard presidiendo espumas globos zepelines no iremos hasta el final de uno en uno sino de dos en dos sonrisa y otro trago o no es un lujo o no es gracioso o no es paul éluard me confundo

 

no fue el amor un pámpano dormido sobre un gris acuario de domingo por la tarde ni siquiera sobredosis para un cuerpo en la bisagra de la edad cansado has conjugado el verbo amor y gas ciudad ve pensando en los objetos perdidos a ti pues maga letras anuncios signos y regresos no serán amor será cuando lo pienses un vicio solitario

 

a ti pues maga los objetos perdidos me confundo cada letra una batalla imposible ni siquiera si fuera tiempo de sorpresas amor de las tabernas navego y brindo por ti amor colgado de los vasos tremendo amor de la resaca donde tu imagen naufraga y vence hurgo en tu herida como un clochard contenedores de basura

 

Yo soy también tu extravagancia por las plazas, por salir muy temprano figurando que aún duermo, comprar el periódico y ver el mundo desde el otro lado del café. Por eso finjo: a quién le extraña que no estés. Me ducho, es como siempre: la corbata, tan pronto por ahí, que un día, las gafas, el sombrero, te va a pasar algo, ya lo verás. Y todavía espero que el recepcionista tenga para mí un monsieur y una nota que lo desmienta todo.

 

manos al cuello de la tarde corredizos nudos por la lluvia por el uisqui por el café la resbaladiza sílaba de invierno vieja kappel enterrado vivo en un blues perdidos los papeles ducados otro trago l´aprés-midi d´un faune qué pereza dar la vuelta a janis joplin o abrirte la puerta como abrirme las venas

 

nada que declarar conforme al signo de los tiempos a mi trabá joacudo con mi diner o pago y esas cosas al otro lado pared por medio una pareja interpreta al somier su hoyes sábado entonces siguen las cañerías ya ha vuelto a casa el vecino de arriba y oh cuánto fueron sus entrañas duras nada que declarar mi alrededor se crea y se descrea y en mi máquina el blues kappel en negro de una melodía sola melodía oh qweeeeeeert qwert

 

carnales geometrías y griegas y pronombres emergen de las plazas y abandonos tu espalda era el escudo de atenea dije tus piernas la mentira de los arácnidos dije  caligrama rosa y blanco sobre la anemia y las plazas fuertes del alcohol beso de antifaz y carne de bambalina tu boca que es cualquiera y sacrilegio

 

Las espaldas nativas facilitan el trabajo, el desalojo imprescindible para la renovación de una especie, y aligeran la carga que el visitante lleva consigo de vuelta a su país, en esa imagen que el cine facilita y desconoce ideologías: preferible será dejarse ir y preparar unas monedas. La plaza, el mercado, una última ojeada, no estás, no te conozco. Y ya en el muelle la mugritud que bufa y leviatán se traga sin dolor al extranjero.

 

amor de colisión astilla diminuta de astrolabio pétalo navegar por la rosa de otros vientos frágil cresta de espuma imperceptible diafragma de marea amor campo de espuma y resto de sirenas invocálicas sal espuma y tinta para el naufragio amor de las cosas que escribo

 

en la vida amor mío o desastre cotidiano elija operación una tarde un otoño un acueducto en el fondo del vaso un color teclas azules un gesto forma de muerte o de tirar como sea por encima de lo que es su número personal desastre o viaje amor cómo vendrás si entre dos luces o dos copas intentaras ese salto mortal se está procesando espere del azar a la caricia a la barbarie y destrucción espero de la ciudad amor y con qué cara

 

si pudiera sí si pudiera olvidarme del último grito en materia de relaciones personales no sólo por vivido el nuevo desorden amoroso nuestro cuerpo es siempre monárquico y el corazón sede del búnker qué que podría prescindir de mis buenos modales creo que les llaman a mano armada podría jugármela contigo como impropio a esta hora quién evitaría que tu nombre sonara en todos los edificios pintar en las paredes que te busco y no hay tiempo quién me detendría o en qué cárcel si pudiera si yo fuera el cero y tú fueras el uno       

 

La sirena es infancia y fulminantes abandonos. Esa debilidad que disimula detrás de gafas oscurísimas y cierto aire diletante que da en venir de todo, de agentes de aduana, de mujeres con canasto, un perro, en fin. Sonríe: es la pleamar. La estela deja la barra y nada inquieta la luz de un sol ya decadente que tampoco esta vez perjudicará tu fuga. Aparte, apuntarás en tu cuaderno de bitácora qué fuimos. Un hotel de mala muerte, una ciudad o Jaime Gil de Biedma.

 

no sólo pienso en ti y es que quién sabe qué distancia nos separa como en esos juegos en que nos gusta meternos barracones de feria con su truco de espejos multiplicación imposible con lo poco que hoy se estila gari cúper siempre solos ante el peligro

 

a ver cómo ensayamos de qué forma convertir una ciudad en nuestra nos encanta jugar y sentirnos placentera y placentariamente donde nadie nos llama no sólo pienso en ti apúrate ese trago y cerremos el kiosko que los reyes antiguos conquistaban las ciudades mejor que ahora nosotros algunos corazones no sólo pienso en ti según las estadísticas hay más televisores que corazones destrozados

 

si escribo es de una vez cuando las buenas intenciones la historia y su final también son tristes casi tan tristes como el ojo de dios por si deja algún consuelo a cuántos engaños por minuto circula nuestra sangre creyéndonos al borde de cuantas épocas y cuantos códigos y sobre todos la palabra por si acaso o si otro día tan dura la tenemos para seguir como si nada se hubiera irreparablemente roto en las neuronas que almacenaron golpes gritos declaraciones de amor como disparos

 

COSAS de Claudio Rodríguez, Fernando de Herrera, Juan Cobos Wilkins, Pedro Salinas, Albinoni, Frabetti, Cortázar, Janis Joplin, Mallarmé, Paul Éluard, Valle-Inclán, Antonio Machado, Lope de Vega, Raymond Chandler y Quevedo  /  Kappel es la marca de una vieja máquina de escribir  /   La noche de la iguana, una película de John Huston, Richard Burton y Ava Gardner  /  Se escribió el libro en enero de 1983 y se revisó y corrigió para Nuestro Arte un seis de agosto de 1994:      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Malvendimos la parte más nuestra del idioma

diminutivos únicos, cómplices rúbricas

la sigla en remitente y los distritos

postales, pero en vano hemos cambiado

de costumbres y de cerraduras

de quien mata a un gigante (1988)

Daniel Lebrato

 

DE QUIEN MATA A UN GIGANTE

 

Caja de Ahorros de

Jerez 1987

*

Sevilla 1997

 

 

 

 

 


DE QUIEN AMA A UN GIGANTE

Juan Cobos Wilkins

La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas: el héroe acompañado, el exhibicionista, el cobarde, el que se desconoce a sí mismo y al otro teme, mata. O, al menos, eso finge. En los espejos. El héroe solo, el perdedor, se desmaya en los brazos de su víctima. O, al menos, eso finge. En la escritura. ¿Matar y amar no riman como las mantis verdes con las góndolas en los tres días que preceden al miércoles de ceniza?

Pero si fuese el gigante no más -¿no más?- que la propia escritura, quien le ofrece paraíso e infierno, paseo por el amor y la muerte, crimen y castigo, condenado estará a establecer con él, con ella, ‑en el hermafrodita- una relación semejante a la de Sísifo con su piedra. Y desde ese instante y su relámpago, también, consigo mismo. Pues imposible habrá de resultarle ya mirar aquel silencio y luego contemplarse aún en rumor latiendo. Quien ahí ve dos existencias bifurcadas, yerra. No lo son. Fatalmente no lo son. En uno y mismo se convierten vencedor y vencido y esencia y existencia confabúlanse para engendrarse en un gigante herido, en la herida de un gigante, la escritura. Vencido y vencedor están en idéntica sangre de palabra. Es el insomnio del escritor el sueño de la escritura, como los sueños de la escritura generan la razón del dulce monstruo, del gigante. Destruimos lo que amamos para poder seguirlo amando en la perfección de la nostalgia. Matarlo, sí, para ser de él definitivamente el ave Fénix, su quimera. No amarlo, no, porque la inteligencia poética del corazón se mueve con argucias, planea su estrategia y ataca con premeditación y alevosía pero nunca antes de conocer el resultado de su táctica triunfal: será derrotada y, por tanto, se instalará ya sin temor a ningún enemigo y por y para siempre en el corazón poético de la inteligencia de su verdugo. Camino de perfección tan misterioso... Ulises y el Cíclope tienen un mismo y solo ojo. David y Goliat única e igual honda. Y así, quien ama a un gigante se sentirá extranjero entre los suyos, nombrará con insistencia a los bárbaros, confundirá su norte con el Sur. Y acertará. Porque deslizándose en espadas y labios ‑y en dónde si no, cuando un libro es campo de batalla y a batallas de amor...-, igual que un caballero galante, baja el puente levadizo a princesas y a pajes y no lo iza a la gleba que, tras bailar un tango oído en una de esas viejas radios cubiertas por cortinillas de cretona estampada o contemplar en un cine de barrio aquella inolvidable escena, desea emocionada entrar. Que pasen... como el público de Lorca. Y entra la dama refinada y modernista y el rufián entra. Y se produce la ósmosis de vasos ‑de vino- comunicantes. Igual que H. y K. en La reina de África. Ese amor cortés y encanallado, bíblico, sólo puede cantarse susurrado con luna en la borda de un barco: la noche que me quieras. 0 gritarse a voces en un templo con eco: no sé cómo nombrarte, diríase que un ángel te inventara de pronto. Más: trastocando refranes populares o buscando fronterizas experiencias sensuales en la mutilación inocente de las palabras para que la ambigüedad de sus miembros amputados duplique el placer de los sentidos. Lenguaje en creación. Ironía burlona y amarga del arquero que confunde Esmirna con Finisterre. Y lo sabe. Y nos guiña su referencia / indiferencia cultural antes de encomendar su suerte (pues el error cometido debe pagarse, tiene un precio), ya su espíritu, en esa oración de vida del poema XXIII. Resucitar resulta menos lírico que consumarse. El sacrificio puro es el del adjetivo, no el del verbo. Tal vez por eso cuando los impuros, los secundarios, son protagonistas llega, por fin, la luz solar ‑y tanta luz, insólito crepúsculo- a los jazmines lunares.

Aunque únicamente sea por unas fugaces horas y el encantamiento se rompa a mediodía y retorne Cenicienta a su burdel y el jazmín a su pureza. El nuevo ser surgido de la derrota del encantamiento sabe que los molinos no son gigantes y quemará sus libros y salvará del incendio sólo el fuego: la escritura ardida, el humo de la palabra quemada: el quémame los labios para que mis palabras sean puras: el amor al gigante, el amor del gigante. ¿Quién, libre de pecado, arroja la primera palabra de su boca a su boca y en ella lo ama si con ella lo mata? Yo he matado a un gigante e incluso habiendo tomado la precaución de enterrarlo en la misma torre de Babel, aún así, he tenido luego que luchar todo el invierno con la virtuosa nieve que manaba sin cesar de su esqueleto. La palabra ama. Y yo he amado a un gigante y he visto cómo su sombra violeta permanecía en la nieve aún después de él marcharse y olvidar yo su abrazo. La palabra mata. La palabra ama y mata como la mantis. Pero nunca resucitar será tan lírico como consumarse.

 

No he visto ningún libro de caballerías

que haga un cuerpo de fábula entero con

todos sus miembros, de manera que el

medio corresponda al principio, y

el fin al principio y al medio;

sino que los componen con

tantos miembros, que más

parece que llevan

intención a

formar una

quimera

(Cervantes)

[CANCIÓN PARA PRÍNCIPES INSOMNES]

Pero ¿en qué batalla

perdió los dineros

Amadís, la Flor

de los Caballeros?

Disputan las ciudades la patria de los héroes

Bárbaro que me matas con un beso

hazme con un beso conocer mi destino

De quien mata a un gigante

y guarda, virtuoso, su cadáver

Tan cerca la frontera y tú tan cerca

Amor mío mis alas

de volar mal heridas

/ a Nadie, es decir a Ulises /


Primera Parte del Libro:

De quien mata a un gigante

[Donde se incluyen 66 episodios numerados en romano]
I

He aquí la herencia de los bárbaros

No vinieron por avenidas ni por pasos de frontera

ni observaron las leyes del Plenilunio y la Vendimia

Invadieron el templo con su lenguaje inentendible

Todo lo llenaron de invierno y de un olor

semejante al de sus cabalgaduras

No hicieron ascos a ciudades en cuarentena

ni -que se sepa- respetaron el lecho donde duerme

Ares con Afrodita

Por toda herencia nos dejaron

un camino hacia el Norte

y un Occidente interminable

II

Si alguna vez, por fin, la Tierra Firme

con qué liturgia, ceremonial, medallas

piedra o papel buscando en la memoria

memorias y epitafios

III

Roguemos a los dioses el norte perseguido

la ruta favorable y la paz tan deseada

Roguemos una forma de contarlo y luego

al árbol de la sombra más propicia

dormir hasta que sople

el viento del sur

IV

En el muelle de las tabernas el héroe escupe

a media mueca labio, cigarro y vino

Escupe sedas y naufragios, bellos rostros

de pajes y princesas

(la constancia en su cara de que el dolor existe)

Remotos horizontes, prodigios y batallas

por una noche juntos, y no el viaje

la mueca es la aventura

V

Ah muchachos impertinentes

sólo os interesa de mí esa habilidad

que sin rencor puedo llamar subalterna

esa fama que dan viejos lances retóricos

cierta fácil palabra que aprendí por las plazas

Conocéis mi nombre y domicilio

sabéis dónde encontrarme

sabéis lo que es peor

mi precio en vino

VI

Soplan vientos del norte en las tabernas

Hay un rincón donde el desahucio crece

Donde muchachos como peces abisales

suben del arrabal a herir la cáscara

de las historias, todas las historias

que son una

La de la doncella en cueros y la del paje

que contemplando su sexo se ruboriza

La de un rey de lejana corte

que hará como vosotros

por escucharme algún día rabona

VII

Se hielan por tus venas

lindo muchacho entre navíos

corrientes de aventura. Sabes

de la indecisa balanza del dolor

y la hermosura, y que en la plaza

los mercaderes echan cuentas

Otra vez miras el mar

Qué sabes tú del mar

si ya te han puesto precio en los burdeles

VIII

Si vos queréis la Senda Luminosa, el Passo Honroso

y preciosadama orgullo de la casa

y madre a dinastía

basta vencer decrépitos dragones

y justas

la ruta y la escapada hay siempre

desdichada princesa que a un rey pedir en mano

IX

Que la ciudad es contagiosa dicen

que la ciudad oscura y no amanece

sin ir a más un número deforme

de criaturas. Mi paso en la ciudad

ajeno, incompasivo

con tanto paralítico, lisiados

que no saben decirme lo que quiero

X

[DEL CANTO VIII DE UNA ODISEA APÓCRIFA]

I.

No importa lo que diga un extranjero

Suponed simplemente que el extranjero no ha llegado

y que sus palabras por tanto no existen

II.

Pongamos que una esquina, que una noche

que una botella vacía, son los feacios

XI

Ya veis que el extranjero sin túnica y sin prisas

resulta francamente apetecible

Pedidle sin temor que pose

en vuestro labio el labio deseado

A vuestro alcance el tacto de mucosas como el cielo

Gente de poco gusto y descreída

XII

I.

Mi patria no es peor que cualquier otra

Alberga, Señor, un domicilio

una familia, un voto

cada cuatro; alberga

normales convivencias ciudadá

II.

Vengo de Aquiles El de los Pies Ligeros

y dicen que me busca Uno

que se hace llamar

El de la Blanca Luna

III.

En una fecha estoy espada y doble filo

Dióscuros oscuros y Dios para qué os quiero

XIII

I.

Inquietante la credencial de tus ojos, el escorzo

de tus ojos / la exaltación de la pólvora/

la pólvora encendida

II.

Inquietante Bárbaro que me matas con un beso /

hazme con un beso conocer mi destino /

o Tu abrazo más violento me circunde /

y nombre por su nombre la Tierra Prometida

III.

Inquietantes mis termópilas / mis arcos de

triunfo tan intactos

XIV

Fue dicho:

Abriremos una época de amor en los naranjos

pero a mi vera el azahar duerme sin coraza

y aún aguarda la exactitud de tu presencia

Claudican corazón adentro

devoradores ángeles principiantes

devoratrices fieras por abrevar

el agua de todas las caricias

por escucharte aprenderían todos los idiomas

Claudican, sí, pero ‑discípulo

del rayo‑ ni el auriga aquel

que destrozaba el alba en Eritrea

ni el arquero tenso que confundió

Esmirna con Finisterre repudiarían

de su lecho a la Menor de las Asias:

esta muerte pequeña que te doy

esta amnesia benévola

y una época de amor en los naranjos

XV

I.

Alguien es tu proporción del Mal

guarda la parte

de Infierno que te ha sido otorgada

y espada o labios habrán de ser entonces

fatal resignación ceremonial entrega

II.

Dígalo, si no, el resucitado

. . . . . . . . . . . . .

Espada y labios

XVI

I.

Media palabra entonces para la paz que no existe

como media clausura de la tarde

claudicación del homicida que no existe, y es falso

como sílabas contadas de gracia o de cristal

de seda, de finísima seda

para la paz que no existe, y es falso

II.

Yo recibí las manos de las gaviotas ariscas

pasión por el cristal de criaturas muy tiernas

frágiles y enamoradas, y ningún vaso

ninguna tierra firme o continente

III.

Ariscas y gaviotas las sílabas que faltan

de seda o de cristal corona fragilísima

para mi frente es tarde para la paz

esa media palabra que pudiera salvarme

XVII

Imagínate ahora, para olvidar tu oficio

que te diviertes dándole la patria más lejana

las naves más audaces y el rostro más hermoso

a tu enemigo

Imagina la luz más cegadora

de un segundo de arena

de una bala de plata

de un descuido

XVIII

Condenado por los dioses y los juglares

desconozco las proporciones, la fatiga, el

desengaño. Inmune a la mordedura

de los días, de la noche y sus inviernos

te ofrezco un horizonte sin límites

Bésame de una vez, no seas

matándome un rutinario

XIX

Desprecia las cuentas del insomnio

y tu improbable ración en la rapiña

Botín, ninguno. Solamente unos ojos

un precioso cadáver

XX

Si pudiera elegir mi final preferido

de tu cuerpo a mi noche una daga perfecta

Más veloz quiero verte apurando este beso

amor mío mis alas de volar mal heridas

XXI

Hextermi, Hextermi

nado termina

terminad min adoro

doro hextermín

Minado doró

ohexter minador

Oh Hexterminador

XXII

[TERMÓPILAS]

Flechura de tus ojos, nube persa

si muero con el sol que ahora me prohibes

acuérdate de mí mañana cuando estés

llegando a Salamina

XXIII

O EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU si es que sabes cómo salir con vida de tanto laberinto cómo se baja vivo de una cruz así sea para andar en boca de sacerdotes y en el sueño de lúbricos adoles­centes que habrán de convertirme en dibujo de estam­pita triste es el destino de quien mata a un gigante PADRE.PADRE.PORQUÉMEHASABANDONADO

XXIV

Dirás metales agudos vértices

mi espada geminada

afiladísima

en la piedra dulce de los sacrificios

y en el lúpulo

ritual del sacrilegio

Dirás dobles aceros o dobles labios, nunca

el milímetro y preciso filo con que he llegado a herirte

nunca la exactitud del óxido

que tu herida en mi espada provoca

XXV

Crueldad mayor la de la carne seca

la lengua torpe y la mirada blanca

como el sexo de nieve, oh seductor

morir morir tan lejos de tus nietos

y de los hospitales

XXVI

Dueño mío, dulcísimo

rendir en ti la travesía

quemar las naves, decir

adiós a compañeros, decirles

mi renuncia a tesoros

soñados cada noche

en tu lecho, el más dulce

dueño mío, si fueras

tú lo que me ofreces

o amor lo que persigo

XXVII

No habrá laurel por enero en los sobres que vigilan la distancia de la caligrafía sin hilos

ni lacres laurel de enero caduceos de lírica carnal

ni olivo pálida escapatoria y tentación de las metáforas mensajeras

Laurel, letra perversa que sucumbe bajo idiomas más rotundos

deja que me dilate en la sala de espera que me lleva tan lejos

déjame cicatriz tierna y dócil como dicen del beso de los muchachos alejandrinos

como dócilmente contraseña de los héroes gentiles

Pero aparta de mí ese signo tan que estrangula o devuelve la vida

tan único laurel perenne con que enero corona a los derrotados

xxviii

I.

Menos frío que el frío de mi espada

deja dolor que el viaje continúe

y no hagas burla en mí ni me persigas

por este mar de olvidos y azucenas

II.

Que los hombres no lloran es sabido

y es duro el sacrificio que la ciudad impone

XIX

Si rendición no fuera penúltimo argumento

atraigan para mí plegarias la cólera del rayo

un laocoonte perfumado, y no el dolor

si rendición no fueras

Si rendición no fuera clámide para tu piel

coloso de otros mares, un dios terrible

enjuague para siempre la marca femenina

de mis ojos, para el dolor cristal

Si rendición no fueras y en el último argumento

me volviera y te mirase

XXX

[SEGUNDO MOVIMIENTO]

I.

El día que te vayas, amor, pon dulzura y apresura tu abandono

mientras tu paso es ingrávido y mi sueño aún tan creíble

aléjate como quien se aleja de quien al alba habrá de enamorarle

II.

La noche que me quieras, amor, pon dulzura y apresura tu retorno

mientras tu paso es ingrávido y mi sueño ya tan creíble

acércate como quien se acerca a quien al alba habrá de abandonarle

XXXI

De ti para mí, Princesa, las aguas bajan tristes

Ruegan por su vida en el jardín otras aguas

y es tarde y es tristeza

En vano un paje

o una paloma te buscarían

Ya en el jardín no están tus dragones recortables

tu camiseta blanca ni tus tizas de colores

No están tus ropas de mayor en las hamacas con luna

porque tampoco el vigilante, tampoco

vigilando tus pasos detrás de los cristales

De ti para mí, Princesa, tronchados por la prisa

ruegan por su vida en el jardín los geranios

Pajes y palomas

Tu zapatito allí puesto

al filo de palacio y de las doce

XXXII

Duermes

No sé cómo nombrarte

Diríase que un ángel te inventara de pronto

o que el más extraño pájaro que hollara tu jardín

te conociese

He dicho Pólux

he dicho Amor es siempre tránsito

hice discursos estúpidos en la Asamblea

No sé cómo nombrarte

Duermes

El viaje vagamente te recuerda de lejos

Diríanse las alas del más extraño pájaro

diríanse mis manos de escrituras medievales

XXXIII

Fuera nuestra vida un nudo frigio

alérgico a las vísperas alejandrinas

y poco más, Princesa

Azar del azahar

Nadie sabe para quién trabaja el tiempo

ni por qué de estar aquí tus ojos tristes

pálida lujuria serían de este abril

que llora en sus naranjos por la cópula de mayo

XXXIV

Me queda el beso profesional ya casi

la astucia de tus piernas

el estudio

de tus caderas siempre en fuga

como la aurora

mi princesita infiel

XXXV

Algunas noches, jugador, tu aliento sabe a fósforo amarillo

y a sal de orina evaporada tu sudor

envejecido y cárdeno de los metales

de los Borgia

Quién sabe por qué te abro la puerta

con qué moneda pagas todo el veneno que

litúrgica liba mi boca

XXXVI

Cuando descanse el guerrero vamos a darle

sueño de pájaros trinos sobre la cuerda del arco

almendros de brisa tierna canción de luna

un opio de futuras conquistas le daremos

Cuando el guerrero descanse habrá labios de gaviota silenciosa y

párpados de paz y aliento tan profundo tan profundo

como los ríos subterráneos que en la almohada

del durmiente susurran la traición

XXXVII

Juega con la cortina el aire y ese aire

asegura al guerrero que él ya estuvo allí

Aletea el párpado en reposo y es que

alrededor, mientras hojea sin pasión

el libro de en su mesita de noche,

planea la duermevela: abre sus alas

la duermevela y todo un bosque repentino

donde el guerrero acaricia un sexo

con fantasías de melocotones muy dulces

Pero no olvida

el corazón que la embriaguez de las sábanas

de otra tinaja viene a rebosar

de un ponche que sabe a gloria. Todo

en esos amarillos que pone octubre

sobre el rubor de los recién casados

XXXVIII

Duerme

la suavidad del vello repartido, el sexo acariciado

la frescura del alba que propicia sólo este sueño

o lágrimas dulcísimas por las alhambras perdidas

XXXIX

Sueño ese muchacho triste que ha de servirme una copa

inmaculado lo sueño cumplido en sus promesas

Levemente su voz acaricia mi tímpano y huye

qué lejos ya de todo y aún dirán que estoy muerto

XL

Cuarenta años y un día es mi condena

Oh Tadzio

no es siempre como mujer como se llora

lo que perdieron los hombres

XLI

No es bueno que en lo oscuro como luciérnagas batallen los ejércitos

ni que el sol prolongue para la sangre su trabajo en vano

estando ya mi lámpara encendida

Ahora que duerme el campamento un territorio queda entre mis uñas

y un jinete se aproxima carta de paz en mano

XLII

Saliéramos al alba al beso a toda piel es fácil

al contagioso oriente y al rocío hasta los últimos

rincones desahuciados ahora que eres joven

olvida la palabra todavía

olvídate no hay tiempo y finge

la hermosura de quien a por nosotros viene

y al alba sabe suya tan frágil como nosotros

seremos fortaleza

XLIII

Amigo las almenas nuestra boca el tiempo incertidumbre

por ejemplo este cielo familiar tu mano o escribir

aquí yace y más abajo la fecha exacta tú la sabes

a pie de muralla y de mucosa alguna vez amigo

escribir nuestros labios dados acertaron

con los árboles sagrados o el soplo del elíseo

XLIV

Torre de las tres doncellas la tarde conspirando

en la alameda un fondo de cartujas el viaje

que nos cabe alameda tan oscura y el único camino

la torre verticae

XLV

Crece en ti la cal y crece

tu callecita estrecha

linda y perdida

Zaharas y Gaucines y Gazules

Amarguras

A veces por milagro caracolas

te acercan la voz del mar

y horadan tu corazón

lindo y perdido

XLVI

Esta ciudad amé tu corazón tu boca en el abismo

de la vega tu abrazo en el postigo de la carne

murallas de tu boca tu boca en la alcazaba

Amé tu corazón nací para perderte un centinela

vigila noche y día tu torre de homenaje custodia

de tu boca y de extramuros custodia noche y día

Nací para perderme y amé tu corazón esa ciudad

donde a uno le gusta le gusta perderse

XLVII

Un duelo de jazmines o un reto en el alcázar

morir despacio el cuerpo a sorbos gotas lúcidas

morir de espaciomente un patio de naranjos

la música sinfónica y la piedra venerable

Despacio más despacio allegro ma non troppo

la calle intravenosa tu espacio y tus pisadas

XLVIII

Eres por fin la sangre de tu espada

laurel de la victoria y grito del vencido

Eres el odio que te sobrevive

y reunión de labios que has besado

Burlador de la muerte salino y luminoso

el Sol eres por fin

tus lágrimas

el Mar

XLIX

I.

Recuerda el día de la batalla de los dioses

que Dios confunda. La sangre allí

iguala los idiomas, los emblemas

las caras de la Creación y de la Muerte son iguales

II.

Así tuvo que hacerse el Mundo a tu medida

y no te quejes

Tu ruina fue la ruina de las cosas

y tu nombre siempre el nombre de Ninguno

L

Respiran siete cielos al Unísono de Oriente

dice el almuédano

mejor que tú el insomne, el descreído

Es la hora pues que arena mortifica

tu pie sobre un cigarro

en una playa lejos muy lejos de tu patria

LI

Más que abril con sus días, con su lluvia pequeña inesperada

manos tuvo la piedra, azúcar cariñosa

la higuera de la casa de las sirenas

cuyo canto -ciudadano- te ha sido dado escuchar:

"Donde siempre a las cinco", "Comemos juntos" A veces

como lluvia de abril conservas un dibujo

del rostro del olvido en la alameda

LII

Ningún otro tesoro te ha sido dado en custodia

más que los nombres alados que aprendieron

el secreto de tus días. Silencio guarden

acariciadas huellas de los cuerpos que has amado

conspirador

No caricias nuevas pentimento de octubre

entristecen memoria

pero aquella sangre dulce que fanático sorbo

derramó por tu boca un ángel exiliado

cuyo nombre custodies hasta el fin de los siglos

LIII

[TANGO DE AUSENCIA]

Navegante entre dos luces levantas en las alcobas

botellas barricadas o pájaros de Brake

pero humedad de los ojos ha de negarte tres veces

antes del alba

Vos lo sabés y sos

completamente lastimoso

Aquel tapado de armiño

te reconcilia

con el idioma que tiene

previstos todos los vocablos:

Ay, amor, si vos pudieras

LIV

Álgebra y clausura de la tarde

La ilusión juega negras Peón cuatro

dama. El pasado juega blancas

Jaque al rey

LV

[BAJO EL VOLCÁN]

Por la candela sabemos

el lugar preciso de los labios

El paso, un titubeo

El ruido solo de unos pies nocturnos

La llave. La llave

Una carta cerrada y todavía en el bolsillo

LVI

Aquella luz de las teselas grises

maleducadas por la lluvia, piedras

preciosas del regreso

fue tanta luz

Tanta luz en los jazmines amarillos

equinoccialmente exactos

puñales de amarillo de breve y corazón

Pálpitos esdrújulos

Aquel jardín ¿francés?

Luego a la noche la lámpara encendida

y el blanco de almidón donde otras veces

cuántas veces los besos y su reino

equinoccialmente degollados

jazmines

tuvieron su gotita de rocío

su idioma con la brisa

para mendigar más luz

LVII

Por entonces la sábana sagrada remota y cardinal

escénica blancura ceguera de los dientes

la inocencia por entonces exquisita pétalos

del azar la vida por entonces en los labios

aquella boca vestalmente deshojando cremalleras

LVIII

Vuelve la luz a su ciudad primera

opaco el fin de su dolor reunido

y en largos tragos como quien vive lejos

por donde en paz circula silente la aventura

Alza la copa por cuanto aún sonríe

cobijo dan sus labios al gesto displicente

y en su garganta apura la ley de toda vida

y el beso que devuelve a su antes de haber sido

LIX

Nosotros los que nunca atravesamos el umbral de las murallas

cedemos el oído a lo que el héroe nos cuenta

El héroe duerme en casa y su cansancio reconcilia

Ningún discurso inútil como el de todo regreso

LX

El brillo recupera tu copa de plata

su pasado deleite tu ropa y tus pañuelos

Bajo tu pie se ablanda un perro dócil

un escabel inútil estos años. Tiendes

hacia atrás el puente de otros días

cartas y teléfonos, agendas de trabajo

Puntual el servicio levantará la mesa

y seguiremos durmiendo en habitaciones separadas

LXI

Así fue, dirán las crónicas, tal era su mirada

De la oquedad llenar espacios ojos vírgenes

Tan sublime esculpido quién diría que ahora

mi buril titubea y hace frío en la acrópolis

LXII

Murió el hombre en edad de ser cobarde como todos

y aun así conoció la emoción y la lejanía

y una borrasca de sangre sal picó su cabeza

Murió el hombre de los papeles secundarios

dudoso de una bala sin trucos ni doblajes

en la frente del malo, y la guapa de la película lloró por él

LXIII

Si los cíclopes y las penélopes

y si el hombre de la cámara y el dólar

Estas líneas, dios mío, se ha de comer la tierra

Se perdieron dirán que los copistas, que

íntegro se conserva por milagro un manuscrito

por mil agros, dios mío, por mil argos

LXIV

Díjose entonces Dios:

Hagamos al Hombre a Nuestra Imagen

y Semejanza; y el Hombre

Subiré sobre la cumbre de las nubes

y seré igual al Altísimo

LXV

Eres joven: te convienen

la repetición del gesto esperanzado

la inocencia negligente y el oficio

gozoso de aprendiz, pero ay de ti

si al desahuciado niegas el alcohol

al creyente, la indulgencia

a tu salud

la geografía del olvido en Sancti Petri

LXVI

Sabed que con la edad el sufrimiento se inhibe

y retráctil el dolor corre a esconderse

en las hospitalarias conchas del invierno

del pecho. No me vengáis ahora

con vuestras lágrimas o adolescencias

ni remováis la máquina de la emoción

que el corazón amurallado ha sido

«Os di cuanto es preciso a mar sin prisas

que insólito crepúsculo recorre

Descanse aquí el guerrero si lo hubo

Disuélvase en lo Azul amor de sal»
Segunda Parte del Libro:

Virtuoso cadáver

[Con diez últimos episodios, numerados en arábigo]
1

[CELSO. SOUVENIRS. AÑO 178 D.C.]

Con la crisis

curiosos vienen queriendo prótesis

para el hueco mutilado de sus cristos

pechos de Santa Águeda frescos

como quesadas, huesos de santo

reliquias de Sodoma

Yo guardo para ellos la ganga

de los oficios y de las sacristías

Lo mismo el prepucio de las circuncisiones

que leche entera de Onán, pájaros

lubricantes o el amianto de los justos

Y una rara ecografía egipcia de la Virgen

2

Amores de Galatea con el hombre del monóculo

Un óculo le basta y sobra para el punto de mira

y Sinaí Yuda desciende de un carro de combate

Es cariñosa con él cuando vuelve del ministerio

estámpale un ósculo erótico en el mayúsculo insólito

y mimosha le dize mi mosho Dayán querido

De noche crece el morbo y Noé seré ditario

3

No hagáis caso a un borracho, pero creo

que los héroes futuros

pondrán el pie en la luna o darán vueltas

al ruedo o a las plazas

de mayo, qué dolor

4

Las heroínas hoy día tantas veces se resisten

Años de fiebre de asedio sobre ciudades en vano

Si el centinela se burla ha de morir aquí mismo

Total robar otro pliego o sobornar al cronista

5

I.

Acierta edad y a ciertas horas uno sabe

cuándo la paz

después de un beso es ya imposible

II,

Su nombre no es Luzbel ni Vladimir Ilich

desconoce a ese tal Borges. Puede

pensar diluvios, y está solo

6

Ah divina Penélope Bacall

adivina quién viene esta noche

y acierta después del beso

a ver si en tus brazos se te duerme

y por fin eres dueña del sueño

de quien mata a un gigante

7

En el doce Bernard de Chartres escribe los modernos son enanos encaramados en hombros de gigantes es­cri­bes y regresas pretextas inocencias o trastornos men­tales transitorios escribes y regresas ciego con pis­tola cartero que llama dos veces criminal que siempre vuelve al lugar del crimen escribes y regresas muy siglo veintidoce mental y transitorio

8

Autores hablan del mirto y del laurel

usan del alhelí, de la mandrágora y de la albahaca

del jazmín y de la flor de almendro

Hablan del júcaro y del almizcle

dicen

que viene de los bosques del Tíbet y del Tonquín

He amado esos nombres

He amado esos nombres y he inventado

su geografía como un ciego el rostro que acaricia

9

He hurgado, ya se sabe, como un ladrón los viejos libros

y las páginas que faltan buscado codicioso

pues piensa el descreído que todo libro es sagrado

y toda obra, incompleta

Si no me interesó la conversación de los hombres

sí en cambio su escritura

Perdí mi luz

por entre líneas de polvo de luminosa fábrica

Memoria confusa guardo de larga arqueología

a veces sólo un versículo, cuatro palabras, ruido

Nunca descifré los renglones de El que todo lo escribe

y hace tiempo que aprendí

la dulcísima piedad de la mentira

y 10

Disputan las ciudades la patria de los héroes;

unas con otras pugnan, entre sí rivalizan

por demostrar que un héroe nació de sus entrañas

o, como bien menor, al menos que los huesos

del héroe yacen donde la ciudad les da culto

satisfecha. Y así, la leyenda se imprime,

se becan biografías o tesis doctorales:

todo será encontrar un parentesco sólido

entre el héroe y la historia de la ciudad, ya sea

de armas o de fe (palacio o catedral

que en la ciudad fundara), o de amores (si los tuvo

con hija ilustre) en fin. Pero a falta de idilio,

aún sobran ocasiones de mármol o de rótulo

dorado. Por ejemplo, presume mi ciudad

(tan lejos de la Mancha) de haber sido la cuna

del ingenioso hidalgo: "En esta casa antigua cárcel

real estuvo preso don Miguel de Cervantes

Saavedra". (Es de buen gusto poner la fecha en letra.

El pueblo nada entiende de números romanos)

 

Lema:

«HE VENIDO A MATARTE O A MORIR EN TUS MANOS»

(Luis Alberto de Cuenca)

1987-1997

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