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daniel lebrato obra publicada 1987-2007

Daniel Lebrato

 

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Historias para no volver

:  Daniel Lebrato  :

[Historias

 para no Volver]

 

-Manual de escaqueadores-

 

*

 

«No hagas nada sin el médico de cabecera

ni salgas a la calle sin tu parte de baja.

Y ponte a pensar:

Hay una falta para cada justificación

y una justificación para cada falta.»

 

-de Mandamientos del Ausente-

 anónimo, siglo xvi

 

 

 

 

*

«no me lo creo:

¡que te gusten las clases

más que el recreo...!»

-de las Sevillanas de María Luisa Cuello-

anónimo, siglo xx

Plan de Prevención de Accidentes Laborales para Profesores de Instituto

-Primera Fase: Plan de Diario-

 

1. Sin llegar puniblemente tarde a clase ‑eso no: que pudiera haber algún gerifalte apostado en los pasillos y pondríamos la paguita en peligro‑, hay que entrar en el aula con los alumnos ya sentados y puestos a callar por el profesor de guardia... se ganapierden siete minutos.

2. Por reorganizar la clase y sentar a los alumnos por órdenes distintos e imprevisibles: un día alfabético, otro por estaturas, otro más por comportamiento o notas de clase... se pierdeganan tres minutos, me llevo diez.

  • 3. Por pasar lista incluso cuando el grupo es reducido y me los conozco a todos de sobra... dos minutos, me llevo doce.
  • 4. Por mandar a alguno a por tiza o, si hay tiza, a por algo que me dejé olvidado en la taquilla... tres minutos, y ya llevo un cuarto de hora.
  • 5. Por subir o bajar las persianas y apagar o encender la luz hasta lograr una visión sin brillos de la pizarra... un minuto, o dos si las persianas tienen alguna balda estropeada.
  • 6. Por comentar lo mal que está el material... medio minuto, un minuto entero si criticamos la obra del "dichoso arquitecto".
  • 7. Por darles a los muchachos tiempo a que saquen libro y deberes... medio minuto.
  • 8. Por expulsar al que no me ha traído el libro o los deberes hechos... un minuto cada uno. En el caso improbable de que a ninguno falte nada, aún podemos ganaperder ese minuto elogiando "qué bien marcha este año el grupo".
  • 9. Entre unas y otras, llevo veinte minutos en clase, casi treinta desde que tocó el timbre. Dando por sabido que a menos cinco el alumnado empezará a agitarse en su banca y a querer guardar sus cosas, me quedan veinte minutos. Estos veinte minutos de tiempo real los puedo distribuir de la siguiente manera:
  • 10.a. Días de avance de materia: siete minutos de explicación, siete de ejercicios y otros siete de autocorrección en la pizarra.

10.b. Días de práctica: diez minutos de ejercicios y otros diez de corrección cruzada: cada alumno corrige lo que ha hecho su compañero.

C Calculando un reparto equitativo entre horas teóricas y prácticas, de una semana de 18 horas lectivas me sale poco más de una hora lo que se dice impartiendo, avanzando materia. Esa materia se supone preparada siquiera por experiencia de años anteriores. Si aún así se me hace cuesta arriba y noto que me fatigo en exceso debo pasar a la Segunda Fase de la Primera Fase F

 

 

Plan de Prevención de Accidentes Laborales para Profesores de Instituto:

Segunda Fase de la Primera Fase

-Plan Semanal-

 

  • 1. Me pongo de "baja leve por enfermedad"... tres días, lo que quiere decir que cada cuatro semanas ¡hago puente!... me llevo tres días, quince horas al mes.
  • 2. Horas de guardia que me turno con otros también de guardia... hora y media a la semana, seis al mes.
  • 3. Horas que me piden para exámenes otros profesores... dos al mes.
  • 4. Horas tutoriales que cedo a regañadientes al camarada orientador o similar... dos al mes.
  • 5. Horas extraescolares que se me van los alumnos... una al mes.
  • 6. Veces que salgo de clase por llamadas de teléfono o "un momento, que ahora vengo"... una hora al mes.
  • 7. Plus de tiempo perdido por cada primera o última hora del día... a la semana 15 minutos, otra hora al mes.
  • 8. Veces que rectifico el parte de guardia y donde me han apuntado ‘falta’ por una clase que no he dado, enmiendo y raspaduro: ‘llegué tarde’... tres al mes y tiro porque me toca.
  • 9. Veces que llevo al niño o similar al médico... una hora al mes.

C Total de horas ganaperdidas por este procedimiento: 36 al mes, ocho a la semana. Si esta rebaja no fuera suficiente y notamos agotamiento, anemia o ansiedad podemos pasar a la Segunda Fase F

 

 

Plan de Prevención de Accidentes Laborales para Profesores de Instituto:

Segunda Fase:

 -De Activo a Inactivo-

 

þ En esta parte se recomiendan las bajas de larga duración renovables. Contra la opinión más común, este tipo de baja crea empleo, da trabajo a sustitutos y no repercute en la preparación de los alumnos. Las mejores bajas de larga duración son las del tipo profesional.

  • 1. Muy buenas son las alergias profesionales diagnosticadas como graves, por ejemplo al polvo de tiza, serrín de cuando llueve, lacas de pelo, caucho de botines, fibra de borradores o polen de pizarra.
  • 2. Con tal de que sea contagioso, pille lo que sea: le dan la baja sin rechistar. Si son piojos, échele la culpa a sus hijos, que los niños ya se sabe.
  • 3. No pasan nunca de moda las bajas que tienen que ver con el uso de la voz, afonías en cualesquiera de sus manifestaciones: congénita, crónica, de temporada, secas o húmedas según vengan asociadas a procesos más o menos mucorreicos.
  • 4. En días previos debe uno carraspear en abundancia y alternar el carraspeo de garganta con alguna tos más marcada, en especial al pasar cerca de algún jerarca. Acompaña mucho la estética del klínex: ojos llorosos, moquillo, bufanda y preguntar "¿no tenéis frío?", de modo que cuando al fin faltemos a clase se diga: -Si ya ayer estaba fatal...
  • 5. Otras bajas recomendables son las de tipo psiquiátrico asociadas a la práctica docente: ya por defecto, ya por exceso. Llamamos por defecto a procesos depresivos, en especial la aulafobia (rechazo a los alumnos) y claustrofobia (pánico a los compañeros profesores). Como síntomas: el saludo huidizo, el gesto adusto y la mirada perdida.
  • 6. En el otro extremo, el de la euforia, son profesores psicoides aquellos que van como quien dice cantando a clase, trinos alegres por esos pasillos que aparentan un optimismo injustificado. Vale empezar hablando solo, saludar en tonos excesivos, nunca sentarse en la camilla ni usar el sillón de profesor y estar siempre moviéndose como alma que lleva el diablo.
  • 7. Sin pasarse, algunos traumatismos dan también comodísimas bajas: parálisis menores y recuperables de brazo o mano hábil (diestra o zurda según los casos), operaciones de menisco oportunas, escayolas o similares que impidan total o parcialmente la movilidad.
  • 8. A la última están los trastornos de columna, ya en su rama ascendente cervical o ya en la otra descendente lumbar. Unas vértebras sin operar justifican su par de bajas al año (otoño y primavera) y todo el mundo nos despedirá de urgencia del instituto sabiendo que vamos "en un grito" y a acostarnos enseguida.
  • 9. Si opta por la operación, pille si puede una buena complicación postquirúrgica y podrá tirarse en la cama medio curso y el otro medio, a base de su poquito de natación, otro poquito de gimnasia, algo de pesas y bicicleta, en fin: de oro. Ensayo de lo que ha de venir.
  • 10. Las enfermedades cardíacas tienen su punto. Un noventa por cien de profesores infartados logra antes o después irse a su casa. Hay que dosificar bien el infarto y no pasarse (véase capítulo de viudedades).
  • 11. Seguro que una nariz, una oreja, algo en su físico es imperdonable. Alegue estragos psíquicos y hágase la estética con cargo al presupuesto. Eso sí: nunca en verano, que el sol es malo para las cicatrices.
  • 12. No desdeñe tampoco, si es mujer, sacarle partido a sus fechas: la oportuna preñez, los duelos menstruales.
  • 13. Con paciencia, cualquier patología de las descritas anteriormente andando el tiempo se hace crónica y más tarde irreversible. Déjese llevar. Añada nicotina en los pulmones, alcohol en el hígado, azúcar en sangre, colesterol en venas, soplo en corazón: garantizan bajas que pueden llegar a definitivas. No se deje abatir por la torva mirada de la mala conciencia. Por las mañanas es bueno escuchar en ayunas la canción de Martirio Estoy mala,[2] y no desanimarse: estás malo, tío. Tía: estás pa acostarte.

 

 

C Si ha llegado hasta aquí y sigue dando clase,

¡feliz cumpleaños!:

ya queda menos para llegar al encuentro de la

F Tercera Fase: Ex Profesores de Instituto, donde se enseña con casos famosos

 

Cómo sacarle brillo a la paguita

 y

Cómo las mejores clases son las pasivas

 

 

 

 

 

 


Ganaperder y pierdeganar, verbos regulares, siguen los modelos de sus conjugaciones respectivas.

«Estoy mala, / mala, mala, mala de acostarme, / no tengo el cuerpo pa ná.»

ensayo sobre la vanidad

 

D       a        n        i        e        l         L        e        b        r        a        t        o

 

- ensayo sobre la vanidad -

 

QUE EMPIEZA EN NADA Y QUE TAMPOCO ACABA

 

Nueva Versión del

Refrán y cuento de La Lechera

Con motivo de unas llamadas

nunca hechas en horario conveniente

a su hijo Juan, que andaba por Ibiza pasando su verano

y trabajabando.

 

*

 

Y no me deja libre hueso alguno

(Miguel Hernández)

 

Que en la lección y estudio nos mejora.

(Francisco de Quevedo)

 

 

 

 

                        I.

Te escribo, pues, mi Juan. Querido hijo:

puedes creer que estoy dos o tres días

queriéndote llamar y no te llamo.

Un día y otro día, siempre hay alguien

o hay algo, hay algún plan, y no hay manera.

Una vez el teatro, luego vino

tu hermano de Alemania, te imaginas,

y en general la agenda, que a esa hora

social de los teléfonos se sale

de amigos y paseos y cruzcampos.

Y como nuestro hablar no es nada urgente,

que es hablar por hablar, cosas de novios,

sin prisas, un día y otro va pasando,

me dan las doce y pico y no te llamo.

 

 

                        II.

No llamo. Pues entonces un mensaje

al móvil. Pero empiezo, y tantas letras

son muchas para el cuerpo. Con mis dedos

torponchos y miopes, una hora

o más que tardaré tecla por tecla.

Y como somos profes, y de lengua,

los signos ortográficos fatigan

si los ponemos y, si no, es peor:

son faltas. Los mensajes, a tu edad,

son lo normal, que andáis en saldo cero,

mientras que en los mayores, que pagamos

por banco a fin de mes, ya no es lo mismo.

Mensajes, los precisos y, por último,

para mensajes largos, una carta.

 

 

                        III.

Carta de las que empiezan por querido

hijo, dos puntos, tal y cual y cuentan

con todos sus avíos, paso a paso,

cómo va todo, hasta la fecha y firma.

Carta de las de sobre y ve al estanco

y compra el sello. ¿Habrá cosa más rancia

que un sello? Sí: un buzón, buzón de esos

de amarillo chillón de gran bolardo,

menhir o pene que el Estado tiene

por todas partes. Necesitas uno,

y ya no ves ninguno. Así es la carta

de hace siglos con sus supersticiones:

la cruz al empezar, rezar, que llegue,

virgencita, ¿se te ha olvidado el código?

 

 

                        IV.

Si no se te olvidó ponerle el código

postal y no viene devuelta amable-

mente por el servicio de correos,

si no se pierde, claro, es que la carta

está ya en su destino. Alguien la coge

de su buzón, la salva como a un príncipe

del naufragio que son cartas del banco,

facturas de agua, luz o similar,

acuses sospechosos de recibo

certificado, multas, pesadillas

de hacienda o tráfico, municipales.

En medio, en fin, de la hojarasca y entre

falsas ofertas, necias propagandas,

ahí, manuscrita, está la carta humana.

 

                        V.

No merecen las cartas la escalera,

menos el ascensor, nunca un pasillo,

cuchillo carnicero ni de sierra,

¡qué horror! En todo caso, un arma blanca,

noble Opinel, navaja de Albacete,

a falta de abrecartas o estilete.

Si el sobre es de abre fácil, que lo sea

realmente, no a bocados ni a cachitos,

que luego, date cuenta, has de guardarla

del caos de tu despacho o papelera.

Si bebes, ponte un vino, tu cerveza,

café, infusión, tu whisky o tu cubata.

Si fumas, es la hora de un cigarro.

De córpore impecable, abre la carta.

 

 

                        VI.

La carta humana, flor de los currículos,

que, por el mismo precio, ya la escribe

uno pensando en la posteridad:

el día que una tesis utilice

de archivo o fuente tu correspondencia,

cartas que habrán perdido, por la fama

de alguna de las partes, su carácter

privado, serán públicas, notorias

piezas maestras de una vida o bío-

grafía que al final acabe en libro

de texto, premio Nóbel o museo.

Y pues hay que cuidar lo que uno escribe,

que todo es vanidad si no es herencia,

te mando este soneto o lo que sea.

 

                        VII.

Soneto o aprendiz o lo que sea,

catorce endecasílabos. No importa

si unos con otros riman por estrofas,

cuartetos y tercetos, o son blancos.

Importa mucho más que, con la métrica,

cumplamos con la ética y la estética.

De siempre nos enseñan que las cosas

consisten en un fondo y una forma,

sin que uno falte y la otra nos parezca

un puro juego sin sentido y hueco.

Que tengan alma, tengan vida y tenga-

mos algo que decir y con razones

que a ser posible y por partida triple

enseñen y diviertan y emocionen.

 

relato: vocaciones, vacaciones (2005)

© Daniel Lebrato, 2005

___________________ VOCACIONES, VACACIONES

 

 

premio. Del lat. praemium. 1. m. Recompensa, galardón o remuneración

que se da por algún mérito o servicio, 2. m. Ripio o rima fácil de intención burlesca, frecuente a propósito de nombres o apellidos, v. gr., Dato, atríncamela un rato.

 

 

 

TESIS. VOCACIONES

Como quien ha leído a Sábato y a Hipólito González Navarro, yo tenía varios comienzos para esto. Por ejemplo: Todos saben que yo maté al Orientador. Por ejemplo, Todos saben que me llamo Ale Berlín Dato, Me escapé del zoológico de Maica Espín, He venido huyendo de Doble Erre. O impactos semejantes. Por último, mi patria ha sido siempre la literatura, y en literatura hay que empezar pegándoles fuerte, al corazón o al hígado. Efectivamente me llamo Ale Berlín Dato y se me identifica con una pequeña editorial, el Sobre Hilado, maquinista y corrector de pruebas. Como empresa, el Sobre Hilado es una ruina, aunque eso no signifique que yo haya matado a nadie. ¿O debo decir a alguien? Las negaciones en castellano son la leche.

Gracias a Dios soy funcionario. Me impone un respeto la frase gracias a Dios, y por eso no la uso nunca. Sin embargo, con el Estado hago excepción, y con el nombre que nos da a sus hijos: funcionario. Se puede dudar si Dios existe, lo que sin duda existe es el Estado (así, con mayúscula). Gracias al Estado y a unas oposiciones, algunos gozamos esa seguridad que da el sector público, sin despidos y con nómina fija, seguridad incomparable en tiempos de cierre de empresas, despidos masivos y contratos basura. Gracias al Estado nos libramos un poco del capitalismo sin entrañas (como si hubiera o hubiese algún capitalismo con entrañas), en estos tiempos, cumplidos los cuarenta y cinco, en que no sabes si marcarte un viaje apasionante a la India o abrirte en una cartilla un plan de jubilación.

Soy, lo reconozco, lo más parecido a funcionario de prisiones, profesor de instituto. Por mí, me hubiera o hubiese quedado dando clases en la facultad, pero la seguridad que yo quería no me la daba aquel departamento, feudal y restringido. Así que preparé oposiciones. Empecé en esto siendo más de literatura que de lengua. Fui luego el de lengua, más que el de literatura. Antes era de españolas y al día de hoy de castellanas. Me da igual. Me ponga como me ponga, seré siempre el de lenguaje, el Dato, o el Dato: atríncamela un rato. Y de profesor a maestro, y lo que venga. Los epítetos no me deshonran. Va por ustedes. Todavía soy capaz de entrarles en clase por derecho. De mirar de frente al chulillo de turno que me anda tocando los pupitres. Capaz de medirme con él el territorio y decirle a los ojos de qué vas, quién te crees que manda aquí, so gilipollas.

Peor es la pérdida de calidad. Al principio las enseñanzas medias eran medias tirando a altas. Ahora van tirando a bajas que te cagas, quiero decir al graduado escolar. Para estar a la altura (o a la bajura) de los tiempos, hace mucho dije adiós a mis clases preferidas, aquellos clásicos del alma, Juan Ruiz, Celestina, Garcilaso, a quien tanto debía. Por guardarles el luto a mis clásicos, hoy consiento que mis muchachos destrocen en el aula la última chorrada de literatura supuestamente juvenil. A eso se le llama dar carnaza. Antes que una lectura vulgarizada y estúpida del Romancero o del Lazarillo, que despedacen al Harry Potter o Porter de turno, que nunca sé. En clase, no es que me aburra, es que me divierten otros espectáculos: los pelos que se pintan, las miradas retadoras, las braguitas, los chándales a la moda mercadillo, los tatuajes, los pírsins y bollycaos que se clavan en el cuerpo, los michelines, las posturas, las canciones y programas, que me muero. Si por la literatura en castellano fuera o fuese, me aburriría en clase como una ostra criando nácar.

Mi instituto reside en un barrio de ropa tendida a la calle, de mujeres que absurdamente baldean y refriegan su cachito de acera como si la acera fuera o fuese suya, y de varones jugándose el tedio a la baraja o al dominó. A más de uno, como abuelete, se le ve cangureando al nieto venido, lo más probable, de penalti. A otros, más jóvenes, se les ve echando algún currito de higos a brevas, esas chapuzas que se abrevian en chapú, pura economía sumergida. Y de ahí a la cartilla del paro. Entre el prejubilado, el jubilado y el parado, el hilo es más bien sutil: depende de las rondas en el bar. Entre el parado de larga duración y el gorrilla que no sabes si te guarda el coche o si te lo va a robar, el hilo, la ronda, es que ni se ve. Así les digo a mis cursos el día (raro) que me pillan la vena tutorial: que no hay atajo sin trabajo, que se apliquen y aspiren a lo mejor, que estudien cuanto más para salir del hoyo. Y cuando algún padre madre se deja caer en plan contribuyente con las vacaciones ‘de maestro' que tenemos ‘los maestros' y lo poco que trabajamos ‘los maestros', con la misma le respondo: a sus pies de usted, señora/señor: mis buenos estudios me ha costado. Que su Yónatan Jesús espabile y haga como yo, la carrera.

En mi tiempo libre escribo, leo y publico. Los tres ocios me divierten. Por ese orden, aunque lo normal es leer. Cuando escribo, me lo paso pipa si algo merece; lo demás, papelera. Mientras estoy en mi máquina todo funciona y el mundo está bien hecho. Estas vacaciones quiero quitarme de encima las dos labores en prosa que me pisan los talones. Una es acabar las entregas de Vidas Fastidiadas que tengo comprometidas para Así es la vida, ese grandísimo fresco del siglo veinte que dirige mi amigo Manuel Díaz Trillo, quien no para, con razón, de darme la coña. Otra es la novela contundente y comercial que, debidamente presentada al Planeta, dé a mi vida esos cien kilos que necesita, y me permitan mandar las vidas fastidiadas y a mi amigo Manuel a hacer puñetas. No me busquen en círculos de escritores. Si no les importa, mejor quedamos en el bar.

Y he llevado palante ese trabajillo editorial que hasta ayer mismo me ha gustado y que es otra cara de la creación: la letra impresa, el tacto del papel, el libro cosa. Y la corrección de textos. Fijar palabras, defender, sin ir más lejos, la palabra ‘palante' que acabo de usar. La editorial siempre fue modesta pero su misma modestia y las tiradas minoritarias le dan a sus libros ese punto bibliófilo de coleccionista que es al fin caché. De hecho, todo el mundo quiere publicar en el Sobre Hilado. Antes, los autores con sus poemas y sus prosas venían al instituto. Hacíamos con ellos eso que se llama literatura en el aula. El poeta en vivo y en directo, el narrador y sus personajes, ya saben.

Cuento esto como ejemplo de vocaciones ni cumplidas ni frustradas sino todo lo contrario. Cuando una alumna o alumno me pregunta por salida o salido profesional, les digo que muevan su imaginación. ¿Qué queréis ser? ¿Quien limpia el despacho o la despacha o quien calienta la cula o el culo en el peazo sillón del despacho o despacha? Y les propongo o proponga un anticipo o anticipa: que se imaginen no estudiantes sino trabajando o trabajanda. Y, más todavía o todavío: jubilados o jubiladas. Si vas a jubilarte con el síndrome del trabajo o la trabaja, qué vas a echar de menos o menas, quilla o quillo. ¿La mecha o el mecho que ponías en la pelu, la basura o el basuro que recogías en los contenedores, las celulosas o celulosos del hospital? Preferible, les digo, no echar en falta nada y que viva y que viva todo lo que os guste. Ningún cartero, salvo el de Neruda, echará en falta las cartas que repartía, ni los repartidores de telepiza las pizas que se comían los demás. Trabajo, el que os dé de comer y os deje cuanto más libres. Como ejemplo me pongo: mis lecturas, mi musiquita, mis libros, mi buena vida extraescolar: cervezas, novia y amigos cuando pierdo de vista vuestras jodidas caritas adolescentes, les digo en lenguaje Tarantino. Sacadle brillo al sueldo y a la vida. Que yo no os vea apalancados de taberna, pendientes del seis doble o esclavos del rey de bastos. Que le vayan dando al carrito del nieto, agoagó sus babas con las vuestras. Que se jodan los cursos de macramé en el hogar del pensionista o pensionisto.

De todas las memeces del actual sistema educativo, lo más pintoresco es el llamado consejo orientador. El consejo orientador no es nuevo, es que se ha santificado y puesto a su servicio un departamento específico: el departamento de orientación. Frente a expedientes académicos con perfil y posibilidades, no hay problema, el consejo dictamina el itinerario más creíble a cada alumno: usted va para letras, para ciencias; o le afinamos hasta las ramas o áreas: sanitarias, jurídicas, artísticas, lo que usted quiera. Al hijo del banquero Botín el consejo de orientación lo vio venir a la primera: este niño vale para las finanzas (desde el apellido). Y con su alteza real la Infanta ya es que lo bordaron: esta niña va para reina (de España). Pero cuando el consejo orientador tiene todo el arte de este mundo es frente a los expedientes fronterizos, alumnos venidos de la rumbita y el pincho, carne picada para el tutelar de menores que podrían hacerle una cicatriz al volkswagen que el profesor va estrenando, a plazos. Atentos, entonces, al consejo. A usted, Peláez, le vemos de reciclador de medio ambiente (antes basurero) o técnico recogedor de chapapote. A usted, Vanessa del Rocío, la vemos como técnica de limpieza (vulgo fregona) o estetisién (lava cabezas y pone rulos). A Jonathan Macael le cuadra el suministro de energía (repartidor de bombonas). Albañiles de cementerio, putas de carretera, vengan, vengan. Alguien tiene que hacer esos trabajos, ja, el dinero no da la felicidad, ja, ja, y al final lo que importa es la persona, ja, ja, ja.

Mis personas, alumnos a los que quiero, y por eso me río con ellos y de ellos, mis alumnos, digo, me siguen y hasta creo que me entienden, aunque no falle una testiga (de Jehová y de mis cabreos) que me corrija siempre y que por qué no habla usted bien y nos da ejemplo, que a fin de cuentas es usted de lengua, sin ostias ni ostia puta, que estáis tontos, ni me cago en la puta que me parió. Pero la mayoría, aunque me entienda, no atiende a razones, no hace nada. El barrio corona a sus habitantes con un orgullo de acera y bloque que a mí, que no soy del barrio y sí soy del barrio, me desespera. Y esa desesperación es de raíz política. La Educación, el Sistema Educativo como una esquina de un más grande edificio. Me desespero y espero que ganen los míos. Si ganaran los míos, casi nada. Yo, que voto sentimental y que dejé a los míos en la cuneta del voto útil, de frases repipiolas que acaban todas ‘en democracia'. Los míos. Y eso que se supone que, porque hay barrios como el mío, hay también las ideas y las personas que son los míos.

Y en todo esto, la editorial, el Sobre Hilado. Desde joven tengo amigos que escriben. ¿Por qué no invitar a mis amigos escritores y traerlos a mi barrio y hacer con ellos literatura en el aula? ¿Y por qué no, para mayor eficacia y hermosura, una publicación con las cosas que ellos les vayan a leer a mis alumnos, servir a mis amigos en letra impresa, hacerlos libro de texto en condiciones? A los autores, esa publicación les serviría desde recuerdo hasta currículo. Eran tiempos pioneros de la Reforma. Tanto iluso para tantas ilusiones, o al revés. Con qué salero, le pusieron Reforma, como a Lutero. Cualquier proyecto entraba con sello de innovador o novador. Los centros de profesores, encantados. Los delegados provinciales, encantados. Venían a los actos, multiplicaban tus sexenios, te ponían de ejemplo, te daban cancha en la prensa. Pero, amigo, si querías hacer libros en condiciones, ni Reforma ni ostias en vinagre. Estabas metiéndote en un gremio que no entendía de películas. O tienes el ISBN o no vales un duro, chaval.

Verán. Cualquiera puede publicar un libro. Con hacer un depósito, el depósito legal, es suficiente. Otra cosa es la imprenta que lo edite y la salida que usted le dé a su libro: si lo distribuye a mano o a máquina, o sea pasándoselo a sus parientes, conocidos y compromisos, o entrando de lleno en el sistema de librerías y distribuidoras: cláusulas, porcientos, ivas legales y comerciales. En este caso, el precio engorda. Por regla general, lo que en imprenta vale diez, en la tienda valdrá cien. Y a la inversa. Del libro que usted compra por mil, el autor se lleva cien como mucho. Vil metal le llaman, manos limpias. Pero a efectos curriculares, de méritos (ascensos, concursos y traslados), no valen las publicaciones con sólo el depósito legal. Y hasta cierto punto es lógico. Porque usted, pillín, para inflarse su currículo y a nosotros las pelotas lleva años auto editándose y así cualquiera tiene bibliografía como churros. Para evitar en parte las ediciones de autor, se pide un código oficial, un ISBN, siglas correspondientes al International Standard Book Number. International Standard Serial Number, ISSN, si se trata de una revista. No se asuste: tampoco hace falta ir a Nueva York. En España hay Oficina del ISBN dependiente del Ministerio de Cultura. Y empresas y empresarios autónomos autorizados. Como hay Dios. Como hay electricistas y fontaneros autorizados.

Si digo que el ISBN impide ‘en parte' las ediciones de autor, es porque en estos tiempos infames ni por ésas se evita el mercado negro, el tráfico de ediciones encubiertas. Ahí están las editoriales que se trabajan a fondo el mercado de inéditos y óperas primas. Como empresas de noveles y feria de vanidades, nadie da un euro por esas editoriales, que al final están peor vistas que las ediciones de autor. Pero, tranquilos, la chistera editorial todavía guarda una sorpresa, a mitad de camino entre la auto edición descarada y el contrato en condiciones: usted nos paga bajo cuerda y sin que nadie se entere nosotros procuramos publicar lo suyo en una editorial hecha y derecha. Usted salva su vanidad y nosotros ganamos una pasta gansa. Presentamos la auto edición encubierta, cuya receta facilito, por si hiciera o hiciese el avío.

Auto edición encubierta en salsa de agencia editorial. Ingredientes para una persona. Un autor con ganillas, una obra en verso o en prosa con tal de que sea inédita (y original, jefe), algunos ahorros, una docena de premios literarios en las modalidades de poesía, relato o novela (más raramente, de teatro), un agente literario, alguna editorial de las de mediano alcance, una copistería, una oficina de correos y un amigo adulador (según mercado). Receta. Se coge al autor y, en habitación aparte, se le quitan su mujer y sus niños. Se le pone a escribir hasta sacarle por impresora de 150 a 200 folios mecanografiados a doble espacio (si son de prosa) o por arriba de 500 versos (si son poemas). El tema normalmente será libre o sujeto a lo que manden las bases. Previamente tendremos dispuesto un amigote fresco (de los de cuatro o cinco rondas de cerveza sin pagar ninguna) que lea en primicia el original y le haga los honores de muy original, macho, y de grandísimo mérito. A falta de amigote fresco, vale también pareja o consorte, evitándose en lo posible la especie llamada parienta, tenida por vulgar en estos ambientes. En sedes repartidas por la geografía del castellano, se convocan casi mil premios literarios a lo largo del año. De todos, elegimos diez o doce, los que parezcan más prestigiosos y mejor pagados. Firmen la convocatoria diputaciones, ayuntamientos, cajas de ahorro o instituciones las que sean, la dotación de los premios no bajará nunca del millón de las antiguas pesetas (vulgo kilo) libres de cargas y descuentos. Las bases de la convocatoria se anuncian en prensa y han de incluir la publicación de la obra, de tal manera que el autor se imagine encuadernado en pasta de Visor, Hiperión, Pretextos o Renacimiento para poesía; Planeta, Alfaguara, Plaza & Janés o Seix Barral para novela o relatos. Por decir algunas. Pero volvamos al autor. En una copistería, se van pasando sus folios manuscritos de uno en uno hasta conseguir del orden de las cinco o seis copias requeridas. Se grapan o encuadernan al gusto. En hoja y sobre aparte, se prepara una plica, ese sobre que no debe abrirse hasta después del fallo del jurado y que consta por fuera de lema y título (falso, si se quiere) y por dentro de toda la verdad: dirección, teléfono de contacto, breve currículo y opcionalmente fotocopia del DNI del concursante. Se cierra la plica. Si el sobre no es de auto cierre y es de los que dejan gomina en los labios, la pegajosidad se mata con su chupito de orujo o de aguardiente. A continuación se añade la plica a las copias grandes hasta formar su buen paquete postal. Este paquete debe pesar del orden de unos diez euros en sellos de correos e ir debidamente envuelto en papel de embalar de estos que ahora se llevan, de pelotillas mayormente, con la dirección convocante bien puesta y sin olvidar en letra clara para el premio tal y cual. Todo sin remite ni firma. Se vuelve a la calle y se guarda una cola espesa en la oficina de correos. Se manda el paquete certificado. Si no lo certifica, la verdad es que da igual. Francamente: si es paquete ganador, quién va a pedirle nada, y si es paquete perdedor, no nos engañemos: el resguardo se lo puede usted meter en el culo. Hasta hace poco, podía servirle para recuperar sus copias de entre el purgatorio de las no premiadas, y consolarse con ese ahorro para la próxima, que su buen dinero cuestan. Pero últimamente, por la cara van y queman o destruyen los ejemplares. Léase usted las bases. Reciclar, le dicen.

Para espesar la ansiedad mientras se falla el fallo, fallido fallo que no falla, ocúpese de otros menesteres de la vida. Fijo que a su mujer no le han de faltar ideas: niños al dentista, compras, lavadoras; tanto tiempo, majo, que has estado ahí en tu cuarto encerrado. Y a esperar entre quimeras y cuentos de lechera un telegrama que no ha de llegar. La espera se hace frustración y esa frustración hay que ponerla a enfriar hasta que cuaje. Durante semanas, meses sucesivos, se repite el procedimiento empezando desde la copistería hasta completar de diez a doce frustraciones según el ánimo, teniendo buen cuidado de que la obra no resulte en ningún caso ni finalista. Para un fracaso más gelatinoso, es aconsejable que alguno de los premios se lo lleve fulanito de tal, con quien el autor mantiene una rivalidad secreta, y que el amigote fresco y gorrón, a cada fallo y golpe de cerveza, comente macho, los premios es que ya se sabe que están todos dados de antemano. Entonces se coge una editorial de las que habíamos dejado entre ni fu ni fa. Le añadimos un agente espabilado con un listín de autores potenciales. Se mezcla el agente con nuestro autor y de un maletín de ejecutivo le hacemos sacar un pliego de condiciones con su comité lector, su asesoramiento editorial y su lindo futuro prometedor lleno de escaparates, de librerías y de autores firmando ejemplares en el Corte Inglés hasta agotar la tirada. Este lindo futuro habrá de irse dosificando hasta que al autor se le pongan los ojos a cuadritos. En ese punto, se saca del maletín del agente un segundo y definitivo pliego de condiciones que aseguren que el autor está dispuesto a pagar de su bolsillo todos los gastos de edición, incluyendo sueldo y comisiones de el del maletín, cuentas del bar y futuros actos de promoción. El pago se hará en metálico adelantado o en especie de esta manera: el autor pacta la compra de toda o casi toda la tirada. Preferible que el autor se guste a sí mismo y que la obra como narciso le enamore de veras. De todas formas, la editorial no arriesga nada y el autor, granujilla, le dará las vueltas a la decencia y al currículo y conseguirá incrustar su nombre en la solapa del prestigio de los últimos títulos publicados. El libro por fin se sirve con guarnición de Vargas Llosa, García Márquez o José Hierro.

Nunca con semejantes mimbres el Sobre Hilado. El Sobre Hilado era una prestigiosa experiencia marginal y guerrillera. Marginal porque dedicándose sobre todo a la poesía, ya me dirán: nadie compra libros de poesía. Y guerrillera porque había dado a conocer a más de un poeta, hoy consagrado. El Sobre Hilado era en realidad Tamara Troncoso, mujer empresa y gran olfato lector. Un local cutrecillo en pleno centro, una máquina de coser Sínger que me llamó la atención, dos impresoras, un ordenador. Ella se llamaba Tamara aunque con la misma podía haberse llamado Jarcha, Jaima, Asarti o Tamaréi. Me explico. Su padre, virtuoso autodidacta, vivió toda su vida prendado de una copla mozárabe que decía: Non t´amaréi il la con asarti an jaima ma curti, traducida por don Emilio García Gómez: No te amaré si no juntas mi ajorca del tobillo con mis pendientes. El señor Troncoso dejaba a su hija una gracia de por vida: busca a un hombre que te tenga el santo día con los tacones en el techo, imagen que no es mía pero es tan gráfica que por eso la pongo.

Quedamos una tarde. Tamara tenía un cuerpo de los que crean afición. Si te dicen en clase de dibujo dibuja a una tía buena, la pintas a ella. Llevaba una ajorca de lápiz y plata fina en su tobillo izquierdo. Y un cansancio infinito en el resto del cuerpo. Jartita de editar y corregir, hasta el moño de aguantar a unos y a otros: que si no es leve, que es aleve; este hemistiquio por aquí, esta sangría por allá; que si este doble espacio, esta cursiva; anda y que les vayan dando; nadie sabe lo que es editar a estos poetas, y lo peor: la mitad maricones. Yo entré a matar. Cásate conmigo y ya verás cómo tenemos muchos libritos. Tamara me pasaría su sello editorial, su diseño, su red de distribución, su agenda y sus contactos. Y, por supuesto, el ISBN. A cambio y con título de corrector de pruebas, sin paga ni seguridad social, que para eso cobro del Estado, yo me haría cargo de todo lo demás: recibir y darle coba a los autores, seleccionar los originales, picar a máquina, corregir los textos, manejar yo mismo el ordenador y las impresoras. Ahí te dejo las llaves, querido. Y se fue a las rebajas a comprarse media docena de ajorcas.

Golosos de la nueva era editorial y como abejas a la miel, mis amigos escritores acudieron con sus flores a María. Si alguien nos descalificaba como un club de amiguetes, amiguetes fueron Lorca y Alberti y amiguetes el círculo de Carlos Barral. Como replicaba uno de los nuestros: no es delito, sino fortuna y privilegio, que los amigos seamos además de amigos buenos escritores. Y a diferencia de otras colecciones, el SH no entró nunca en banderías ni supuestas escuelas, tan frecuentes entre gente del gremio. A nosotros nos daba igual con tal de que cada uno hiciera o hiciese su trabajo: escribir y escribir bien. Dábamos calidad en dos frentes: calidad en mi instituto, que se llenó de autores en el aula, y calidad en no pocos escaparates de librerías, donde los libritos nos los quitaban de las manos.

Todo incluía los animales del bestiario de Maica Espín. Por qué no salió publicado aquel zoológico en condiciones, por qué yo el Maquinista de mi General no caí en la cuenta antes del gran desastre cuando aún habría tenido arreglo, no me lo explico. No me lo explico. Por qué todavía me duele la mandíbula, como a un carajote, de aquel derechazo. Por qué sigo teniendo pesadillas. Seguro que en lo de Maica ya estaría siguiéndome los pasos ese tipo llamado Doble Erre.

 

 

ANTÍTESIS. VACACIONES

Movimiento de cucharillas, a imitación de movimiento de sables, militares golpistas, machotes ellos. Movimiento de cucharillas en todos los trabajos de la media hora del desayuno, bancos, oficinas. Movimiento de cucharillas en un instituto. Conspiración doméstica que suele coincidir con la hora del recreo y se desarrolla en cuatro fases, a saber. La primera, de cotilleo, murmuración o recogida de datos. La banda de la cucharilla habla y habla hasta fijar el tema. Se prende con una chispa: ¿os habéis enterado?, ¿sabéis la última? y se deja correr. En la segunda fase prima tomar medidas: concurso de soluciones al que optan profesores líderes, enteradillos y salvadores de la enseñanza pública. La tercera fase acaba en decisión tomada, sea norma escrita o acuerdo de obligado cumplimiento. Si la banda de la cucharilla se ve con fuerzas procuran un acuerdo de claustro o de consejo escolar. Si no les salen las cuentas (de número de votos), acuden a dirección o a jefatura de estudios y, si hay química entre los despachos, hasta la inspección. Así se llega a la cuarta fase en que alguien o álguienes se frotan las manos por haberse salido con la suya mientras que alguien lo pasa regular o directamente, tú mismo: te jodes como Herodes. Y es como en Hemingway: no preguntes por quién doblan las cucharas. Doblan por ti.

Y vaya si doblaban, viejo. Jefatura de Estudios, sensible al cuchareo, nos llamó la atención: no podía ser, esas idas y venidas de los muchachos al aula de conferencias. No podía ser, esa gente extraña por los pasillos, mis poetas, compañero, con sus calvitas, sus barbas, sus palillitos de dientes. Yo, la verdad, tampoco podía ser. Me refiero a cumplir con mis invitados y quedar bien, viniendo como venían desinteresadamente sin cobrar un euro. La mitad no sabía cómo desplazarse hasta el instituto y había que ir a recogerlos o pagarles el taxi. Había que anunciarlos en carteles, había que atenderlos, qué menos que una cervecita o un cafelito, había que tenerles su botellita de Fontbella, había que tenerles su salón de actos con su equipo y su micrófono, que los poetas leen casi todos muy bajito y cuando, por hacerse oír, tienen que levantar la voz, su lírica como que suena a épica.

Mis sobrehilantes, mujer. Un día los quise llevar al tercero de letras, y era un primero de humanidades con muy poca humanidad, dicho sea de paso. Cuando en el salón de actos se abría el turno de preguntas al autor, en vez de las habituales qué es para usted la literatura o cuándo empezó a escribir, Vanessa del Rocío y compañía preguntaban cosas como tiene usted página web, en qué tienda se ha comprado esa carpeta, qué guay, qué le parecen las letras del cuarenta principal de turno. Otro día busqué al cou y me encontré a un segundo de bachillerato, que no se interesaba por nada que no entrara en selectividad. La vez que, con esfuerzo de horas y artimañas de profesor, yo lograba colarles en el aula a algún poeta, Vanessa del Rocío y cía, que habían promocionado y con muy buenas notas, seguían con sus ojitos en blanco delante de un verso escrito y seguían con sus preguntas peregrinas. Y coronar con éxito los recitales era complicado. Ya se había impostado entre los muchachos la costumbre de silbar para aplaudir, que es como llevar luto con vestido blanco. Algún autor hubo, de los sensibles, que todo les afecta, que oyéndose silbar tuvimos que darle una tila y mil explicaciones para que no se nos muriera o muriese allí mismo. Y las dedicatorias, esa es otra. Era costumbre que, finalizada la actuación, entre silbidos y aplausos como queda dicho, la muchachada subiera o subiese a la tarima a la caza y captura de autógrafos. A la hora de rubricar sus fórmulas, mis sobrehilantes los pobres no sabían cómo acertar, si la Vanesa de turno usaba escribir su nombre con una o con dos eses; si Yésica era Jessica; si el voluntarioso Yónatan quería su gracia con Y griega o con Jota y si, como Elisabeth o Ruth, lo quería con te y hache de the end, el acabóse. Lógsicamente (con lógica Logse), mis sobrehilantes y mis alumnos y alumnas iban a acabar como en Babel: majándose a palos o a palas los unos o las unas a los otros o a las otras.

Lo cual que, el Sobre Hilado me iba interesando cada vez menos. De los tiempos heroicos, en que nos queríamos todos y éramos íntimos, camaradas, coleguitas, se pasó al escritor desconocido y a los anónimos interesados. Un graciosillo, creyendo que nos hacía un grandísimo favor, corrió por ahí la voz de que el SH era una editorial de noveles y de ediciones encubiertas. ¡Madre mía! La de viejitos que nos mandaron su poesía de pensionista. La de bedeles de la Seguridad Social con sus casos verídicos. La de sonetos y romances a la virgen de su pueblo, a su mujer y a sus niños. La de himnos parroquiales en rima consonante. Eso sí: todos decían que ellos poetas no eran ni querían ser. En algo estábamos de acuerdo. Otro amigote hubo que, enamorado de nuestras ediciones, colgó en internet una publicidad terrible. Originales nos llegaban de los quince continentes. Originales por tierra mar y aire. Originales en chino, en lituano, en mire usted. Originales por paquesprés, por correo, por correo electrónico: My name is Gregory y yo querer que Shobre Jiladoh publicarme estas poetrías. Nos salpicó también el caso Valladares. El pobre Eusebio, que andaba ya fatal, quería que yo le publicara su Antología de la Poesía Española Concordada. Se me enfadó cuando di largas a aquellas versiones demenciales: "Recuerde el alsa dorsida", "En tanto que de rota y atutena", y aquel Bécquer que preguntaba "¿Qué es poemía? Poetía eres tú". Demasiado para el cuerpo. No me vería en otra hasta los atormentados tiempos de Maica Espín y de la e-rrata.

Dicho está que Tamara Troncoso tenía en su sede una máquina de coser. Una auténtica Sínger años 50 negra y niquelada tan a punto como un coche de carreras. Recordé enseguida que los primeros sobrehilados eran de verdad un primor de sastrería. Venían cosidos con su cordoncillo marca páginas y estuchados en cartón de todos los colores que Tamara cerraba con hilos y sedas, una sorpresa costurera. Después de mi llegada a la editorial, los interesados tenían como condición, como regla de juego y de partida, darnos sus textos en disquete o mandarnos sus originales por internet. No había otra, aunque alguno no lo entendiera o entendiese, que son muy suyos y muy supersticiosos los escritores. Que si yo es que escribo a pluma, que yo a lápiz y en un cuaderno, que el otro en una Olivetti del año la pera. La pera o la pese, macho. Aquí se juega fuerte: quien no me dé su texto informatizado no sale en la foto. No sólo por el trabajo que me quitaba de encima, sino porque la errata sería responsabilidad de cada uno. Como en el ajedrez, en mecanografía: tecla tocada, tecla jugada. Bastante carga me daba formatear en tipos garamond y attic los originales. Cosa mía era compaginar y hacer encabezamientos y pies de página, el índice y las solapas, el pie de imprenta. Y el ISBN, faltaría más. Pero si el autor nos daba en disquete "a Dios gracias nadie me vencía" en lugar del romántico, llorón y previsible "a desgracias nadie me vencía", a Dios gracias se quedaba y no lo movía ni Dios.

E-rrata. Errata digital. Dícese de la errata mecano informática. Errata, un poner, que el corrector se coma literalmente la mitad de un texto sin que el corrector se dé cuenta. Errata, un poner y un suponer, que cuando el corrector se da cuenta es demasiado tarde y el libro está impreso, distribuido y en manos del colérico dueño, que es el autor, el cual, al errático modo viendo que su libro es impresentable por culpa de la errata va y le estampa su pasado y su futuro en la cara al corrector. Errata de listillo de cortar y pegar, Ctrl+C ó Ctrl+X y Ctrl+V por el método abreviado. Demasiado sencillo. Un error y mandas a don Quijote a la papelera de reciclaje, y de ahí al limbo. Un dedillo mal puesto y a tomar por culo las completas de Shakespeare. Cuando no, por quitarte un virus, te quitas tú mismo como un cabrón la tesis que tenías entre manos y a punto de terminar. Shakespeare está en la red y cuando sea, otro día, te lo bajas. Lo malo es la tesis personal e intransferible, tonto del bote. Y quien dice tesis: los animales de Maica Espín.

Maica Espín ya era autora consagrada cuando Tamara me la presentó. Al Sobre Hilado nos venía fantástico lo que Maica traía en el bolso: un precioso bestiario en prosa poética, en su disquete impecable y todo, que compensaría un poco la hegemonía del verso en la colección. Para que se hagan una idea, Maica Espín cobraba el medio millón por cada conferencia o lectura literaria que daba. Sin contar a la populista Gloria Fuertes, no había dos como ella. Que viniera o viniese gratis a nuestros libros y a mi instituto era más que un privilegio. Yo además me imaginaba que se llevaría a los muchachos de calle: era buena comunicadora, de las que manejan a la perfección el cuidado descuido, el desenfado. Quedamos de acuerdo. En cuanto pude metí el disco de Maica en mi disquetera y allí aparecieron en pantalla, a base de cinco o seis líneas cada uno, los bichitos entrañables de su infancia, ése que dicen que es el paraíso de la poesía. Desde el osito peluche de sus primeras pajitas, hasta un King Kong de ensueño. No se cortaba un pelo la joía. Yo les di a todos la garamond doce y en un periquete (de perico, ¿lo han pillado?) tuve el libro preparado, listo, ya. ¿Qué pasó después? No me pregunten. Yo sé lo que ustedes, que los ciento y pico de animales se habían quedado en la mitad en el mismo acto de presentación, flases de fotógrafos por medio. Lo que salió en portadas: que Maica Espín al micro se calaba las gafas y empezaba a ojear y a hojear en busca de algunos bichos. Que primero pálida, después amarilla y roja y por último morada, como en un cómic, vino hacia mí y ¡plas! me rompió el bolso en la cara. Que se cogió del brazo de su novio y se fue echando pestes del sitio: aficionado de mierda, la oyeron decir. Yo no sabía dónde meterme. Mi gente me consolaba: Alexito, hijo, eso le pasa al más pintado. Al más pintado, me cago en lá. En cuanto pude y con más calma hice todas las comprobaciones y efectivamente: lo editado llegaba hasta la ele de libélulas y faltaba todo lo demás. Papagayos, periquitos, mariquitas, santateresas, zorros plateados allá que andarán perdidos o navegando en la banda ancha de los justos. Si le di a Supr[imir], ni siquiera eso. Para darme un premio. Maica Espín salió del paso. Otra editorial le publicó lo suyo y se cubrió de gloria. Yo todavía tuve que aguantar bromas pesadas, llamadas anónimas, mensajes y cartas. ¿Es verdad que te han hecho director del zoológico nacional? ¿Te interesa un tanga de domador? Y desde entonces me visita la pesadilla.

La pesadilla. Los animales vuelven. No sé si vieron Jumanji la típica película del típico baboso Robin Williams. Yo tuve que verla después de guardar la típica cola y de comprar las típicas palomitas del típico maíz en el típico multicines como el típico padre típicamente separado que no sabe dónde meterse al típico niño la típica tarde de la típica lluvia del típico domingo que típicamente te toca dos típicas veces al mes mientras la típica madre separada se daba el típico lote con el típico novio gastándose la típica paga que el típico juez hace que les pasemos los típicos padres típicamente gilipollas típicamente separados como yo. Pero esa es otra pesadilla (típica). A la que iba, la de Jumanji, la de los animales en casa.

En mi sueño estoy en mi ordenador manejando el teclado tan tranquilo. Bueno, tan tranquilo no, aporreando a las teclas como culpables. A mi derecha encima de la mesa se aprecian el manual de Díaz Plaja, Fernando, Cómo escribir y publicar, y el confuso ¿Por dónde empezar?, de Roland Barthes. Al fondo aunque bien visible hay una ensalada de folletos de estos de premios literarios. A mi izquierda y vueltas del revés se ven o deberían ver dos fotos, cada una en su marco de plata. En una se retrata un grupo de familia y en otra, a un guaperas con aires de Paul Newman: Manuel Díaz Trillo, el director impaciente de Así es la vida, cuya mirada me hacía sentir culpable. Los otros, los de la otra foto, son mi mujer y mis niños, con las buenas notas que me han sacado y ni los he llevado al hipercor ni al parque acuático. Algo me dice: qué horror, debo despertarme, éste es el no va plus de las pesadillas. Sin embargo, el regidor de los malos sueños me dice que espere, que aún queda más. Y me hace un zoom como quien hace una gracia. En detalle se nota que lo que estoy escribiendo será, cuando lo acabe, para Manolito Paul Newman. Voy por el capítulo La ecografía de Maripuri y parece que estoy apalancado en un problema narratológico. Esto era que Maripuri se acercaba a mí tan contenta seguida de una ristra de chiquillos de poca edad, un perro y un frasquito de predíctor. En lenguaje de pesadilla: a que me viene otra vez preñada... ¡pues me viene! El instinto me dijo: despierta, tío, última parada. Pero el regidor de los malos sueños respondió: sigue dormido, que hay más. Vuelta a primer plano sobre el teclado. A mí se me ve tan infeliz. Tanto que le doy a F1 pidiendo Ayuda. Busco en ‘mari' otras maris y aparece en pantalla Mariconchi, que no está preñada y lava muy bien las camisas. Ésta es la mía, pues. Primero hago un bloque con mi Maripuri, los niños, el perro y el predíctor. Cierro los ojos y tecleo la tecla Supr. El cabrón del ordenador, como queriendo poner las cosas fáciles, todavía va y pregunta: ¿Confirma que desea enviar ‘Mi familia' a la papelera de reciclaje? Cierro los ojos de nuevo y le doy a Intro, a Aceptar. Mi mujer y mis niños desaparecen. El iconillo ayudante de güindous me hace una reverencia que nadie le ha pedido. Será mamón. Como que se burla porque Maripuri se ha ido sin dejarme planchadas las camisas, sin la compra y sin la cena hecha, o porque los niños se han olvidado los yogures caducados en la nevera. Ganas terribles de despertar, que esto es muy fuerte, pero no importa y sigo. Para comer llamaré a un telepiza y los danones se los daré a una oenegé de yogures sin fronteras.

Y en esto llega lo peor. Busco a Mariconchi, Ctrl+B, cuyos argumentos son simples y poderosos: buenorra y sin hijos, con visa oro y con cama por delante y por detrás. Le doy a Mariconchi, copiar y pegar, y al pulsar la tecla Insert empieza la invasión. La pantalla, en vez de Mariconchi, se me llena de bestias carnívoras voladoras, aves rapaces submarinas y fieras carroñeras que aumentan de tamaño, van adquiriendo relieve y todas a una saltan de la pantalla extraplana y ¡zas! me comen la nariz y me sacan los ojos y me hacen sangre y se comen mis tripas y me dan bocaos en la punta el nabo. Diga lo que diga el regidor, me dije, ahora sí que despierto. ¡Aaag! Por si acaso (he declarado tabú decir ‘por si las moscas'), volví los retratos de mi cuarto del derecho y a su sitio, le instalé al ordenador todos los antivirus de este mundo (menos el Panda) y prescindí del ratón.

Maicaespinas, pesadillas, amenazas. ¿Es éste un beatus ille? Gregorys McDonalds, Eusebios Valladares, Maripuris, jefes de estudio. ¿Carpe diem o cárpete los cojones? ¿Tú eras el que decía a sus alumnos: trabajo, el que os deje cuanto más libres? Ya me entró lo que en ciclismo se llama una pájara, bajón físico súbito que impide al corredor mantener el ritmo de la carrera. Como quien dice quedéme y olvidéme y el rostro recliné Sobre el Hilado. Era junio, habíamos despachado casi el curso, en el horizonte: vacaciones. Ni envidiado ni envidioso, era de esas veces que uno podría parar el mundo y si lo paras lo paras en su punto exacto. Porque si sigues te enredas otra vez. Y otra vez y otra vez. Me dije es el momento, se acabó. ¿Se acabó? Me faltaba lo que faltaba: Doble Erre.

Íbamos por el final de junio, fin de curso, vacaciones. Vacaciones de maestro, chaval. Mis últimas dos gestiones habían ido en son de paz: conseguirme una comisión de servicio para en septiembre cambiar de instituto y cerrar la editorial alquilándoles a unos músicos el cuchitril del Sobre Hilado. Algo se vendió en un cambalache, la Sínger no. Si la editorial seguía sería como carácter, como marca y seña, como algo siempre nuestro. ¿Publicar nuevos libros? Ni mijita. Por encima del cadáver de mi portátil. Que le vayan dando. Eso iba pensando a punto de cerrar la maleta de Halcón Viajes, cuando un golpe de teléfono: -¿Ale Berlín Dato? Soy Doble Erre, tú no me conoces, yo a ti sí. Dentro de un sobre, en tu buzón te dejo unos papeles, canela fina. Jódete porque en tu puta vida habrás leído nada igual. Tómate el tiempo y hablamos. Y no se te ocurra plagiarme porque te capo. Parecía un personaje de novela.

En la playa, busqué el quórum. Yo y una cerveza formábamos buen comité de lectura. En el sobre venían todos los datos de Doble Erre: tres números de teléfono (casa, trabajo y móvil) y dos direcciones (casa y trabajo). Estaba claro que el tipo quería ser localizado. Y me puse a leer aquel ingenio. En portada, nada: Doble Erre, Relatos, y empecé. Una prosa impecable, canela fina, era verdad, de lo mejor que he leído. Daban ganas de reanimar el Sobre Hilado y publicárselo. Sólo que, páginas más adentro, Jonathan, Jessica, Elizabeth del Carmen, Ruth y Vanessa del Rocío eran los nombres de algunos protagonistas. Había un profesor leyendo El túnel de Sábato y Manías y melomanías mismamente, de Hipólito González Navarro. Había un zoológico bastante ilógico y una muchacha en una joyería. Había un volkswagen como el mío destrozado en un instituto de arrabal. Quan creus que ya s´acaba, torna a començar, canta Raimon, canguelo puro. Pero es que encima y además y para más inri y para más joder y cuarto y mitad de lo mismo, en la prosa de Doble Erre se veía un Tamara sobrescrito a pluma donde aún se dejaba leer Maica Espín. No fastidies, tú. Cuando unas páginas más allá vi que ponía "fue a hacer recados en bicicleta" en lugar del tachado "la playa abarrotada no le apetecía" confirmé mis temores. Manuscrito era y más, el original, y más: ejemplar único. En todo caso, no tuve ganas o valentía para seguir leyendo. El tipo no parecía que fuera o fuese a andarse con chiquitas. Amenazándome con plagios, y era él quien me había estado, más que plagiando, espiando. Quien mandaba contra mí todos mis molinos de viento, mis monstruos de invierno, mis alumnos por orden de lista de la A á la Zeta, de Abigail la testiga a Zumulucú el subsahariano. Exactamente lo que mi médico me tenía prohibido.

Dejar la ciudad en verano me venía fetén. Desde la playa le he devuelto a Doble Erre sus papeles con una nota de disculpa. «Escribir es una enfermedad, los libros como enfermos y los lectores como médicos. Búsquese otro diagnóstico más autorizado que el mío.» Me las avié para hacerle mi devolución sin remite ni matasellos. Para Doble Erre estoy de gira por el Mediterráneo.

 

 

SÍNTESIS

De gira o no, aprovecharé para terminar las entregas de Vidas Fastidiadas y el novelón que me haga rico y que me saque de apuros. Fatalmente se titula ¿Quién mató al orientador?, y va en la línea de Vázquez Montalbán y sus aventuras de Carballo, tócame el carallo. Por cierto, debo corregirme esta manía traumática de buscarle el premio a todo. Premio le llamaban en el colegio a esa rima que humilla tu nombre o apellidos, mayormente por lo bajini mientras los profesores pasan lista. Ese ripio impío con ‑ote, ‑oya, ‑ón, ‑ajo, ‑ato, a base de cipote, cojón o carajo. Luis de Góngora y Argote, presente; Juan Ramón Jiménez Mantecón, presente; Luis Cernuda Bidón, presente; Alejandro Berlín Dato, presente y atríncamela un rato. Muy gracioso. Y si te chivabas era peor. Los mayores te esperaban al recreo y te daban una catea, lluvia de collejas que te dejaban el cráneo listo. Luego hablan de Alcatraz. Una hermosura la infancia.

Para trincar, lo que se dice trincar, y premio y hermosura, como el Planeta, ninguno. De otra galaxia. Amo ese premio con todos sus cien millones y con toda su burguesía a cuestas. Necesito la pasta para comprarle ajorcas a Tamara. Estilo no me falta y voy por la página 15. Ya queda menos. Nos vemos este otoño en Barcelona. / a Tamara, faltara o faltase /

 

alimañas (sobre óleos de Buly) (2001)

 

 

alimaña.

Del lat. animalia; pl. de animal, -alis, animal. 1. f. animal irracional. 2. [f.] Ani­mal perjudicial a la caza menor, como la zorra, el gato montés, el milano, etc.

 

hambriña.

Del gall. port. hambrinha. 1. Tristeza o melancolía cuando en las hambrunas extremas recuerda uno cómo era la comida.

 

El sueño de la razón produce monstruos

(Goya, Caprichos)

 

 

 

 

 

 

 

 

[Alimañas. Arte menor]

 

Si no fue patria pequeña

Españæs ni breve cuña

la de Bulymia, es que a puña-

ladas la obra domeña

una razón, que la sueña.

Crece pues, ya es Alimaña

que a lo carpanta hace ñaña

donde usted, y que usted lo sueñe

bien: Buly apunta a la eñe

cinegética de España

 

 

 

 

 

 

 

 

[Gallo]

 

Cruce de guante y gaya

ciencia y un tres simbólico,

no falla en los salones

posándose ahora como

gallo o gallina o polla

de pelea. Los titis

primordiales, hasta el mis-

mísimo: que le den

al ritmo de avecrem

una ilusión de olla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Perro]

 

Hay vocación de astado

bravo y nocturnidad

con el hombre. Ese bicho

tierno (miren qué ojos)

busca a alguno que quiera

la pelota y lo libre

a él de tan doméstico

juego. Fácil metáfora:

la luna es la manzana

y el perro su poeta

 

 

 

 

 

 

 

 

[Toro]

 

Manda el artista. Cabras,

vacas, bisontas, búfalas

disputan sus afectos

contra los mayorales

que aprecian lo esencial:

macho. Y él mientras tanto

sueña con la marisma y

con ser actor de cruci-

gramas. Antílope afri-

cano. Dos letras. Ñu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Mosquito]

 

Cruasán volador, oje-

roso y cansado, harto

de su papel de agudo

molesto, con sus alas

-rara saeta- se hizo

un manto pa la virgen

del señor... Pocos méritos

para el día de agosto

y el inútil combate

contra el terrible Aután

 

 

 

 

 

 

 

 

[Mariquita]

 

El agujero negro

lo presagiaba: nada es

creación ni dios, belleza.

«Caído se le ha...» puso

el peor de los Góngoras,

como ese huevo o caca

que acaso es cara abajo

un burdo calambur:

muy mari quita y pone,

lunar, a sus lunares

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Espeto]

 

La raspa de un espeto

dice toda la historia

de España: gris corbata,

radiografía estricta,

que te como, Caín.

Sardónica se ríe

presintiéndose hermosa

fósil. Nadie se extrañe

de un pez con fe en la red

surrección de la carne

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Hacia (1999)

Daniel Lebrato

HACIA

 

Hacia

                   [teoría de la ciudad]

 

                   Nadie sabe si Ítaca fue una ciudad o una aldea tal y como las entende­mos ahora. Lo cierto es que el camino de vuelta de Ulises, turista y urbano, propicia el mito doméstico: al fin en casa, su cielo protector. Y qué más da que al día siguiente planeara las fugas sucesivas que son las horas. Homero no lo cuenta y no parece que a ninguno le interese. Comúnmente le decimos regreso.

Regresar es banal, el regreso no. De todas las odiseas, ninguna tan fuerte como reponer la casa, reencontrar o renunciar al mundo tal como lo habíamos dejado, maniáticamente todo en su lugar cualquiera. De pronto ese mundo ha funcionado sin nosotros. (Lo que no es más que un anticipo, una especie de ensayo general.)

Si compuestos, vestiditos como novios, el día nos sorprende y sólo huele a invierno, habrá que ir a la mirada del padre o a los desvanes de la casa familiar; al compañero de pupitre, a aquel amor augural o a aquella declaración que creíamos para siempre. También al amigo que se nos fue en un descuido.

Hacia.

Dicen la infancia, las fotos, una ciudad.

 

[Ciudadano Kane]

Barcelona, 1954

Poquito a poco vamos como la espuma

sucia de los días que deja

en las ciudades la blanca

enamorada nieve

.

 

 

 

 

 

[Epitafio]

Por esta casa -antiguo

número de tal y cual-

pasó

.

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces me tropiezo sin querer

con el que fui y apenas me saluda.

(José Antonio Moreno Jurado)

¿Soy yo o soy el mendigo que rondaba mi jardín?

(J.R.J.)

Con la barba afligida, sin afeitar y feo.

(Miguel Florián)

Lo más profundo que de ti conoces: la piel.

(Juan Cobos Wilkins)

A la larga la máscara se convierte en rostro.

(Yourcenar)

 

 

 

 

 

 

[After Shave]

 

Lo has leído en autores más sabios y respetables:

el aire de extrañeza de quien se mira al espejo

y no se reconoce, como dudando si es él

quien tose, quien asoma tras las ojeras. La idea

no está mal. Sin embargo, tú cultivas sin escrúpulos

la impostura que alguna vez ‑Manolito y el lobo‑

será más cierta, y haces del espejo un camerino.

Negándote, te afirmas: no se visten los actores,

se disfrazan. Quien no te conoce piensa: «de otro»,

y no: no hay más papel que al que das vida, el que detrás

del vaho te devuelve y te sostiene la mirada.

Celebras los chalecos y el sombrero y el bastón

que presumido eliges antes de que todo sea

verdad, verdad el lobo.

 

 [Segundo Autorretrato]

 

Afeitado. Duchadito.

Con el pelo y las uñas

impecables, a prueba

de fotógrafos.

 

El traje, ni más ni menos

que la etiqueta exige.

 

Saber llegar.

Que los tuyos te reciban

como suyo.

No pudo César

morir de otra forma.

 

[De la sinceridad de la infancia retratada según se entra en la Poesía]

 

Se nace o se pace, pero a casi

todos da tiempo a manipular el

borrador y a falsear las pruebas

del alma, sus recuerdos. Son cromos

de un álbum de otra vida, no nuestra

vida, y son también una coartada.

Hagan juego o poesía, los dados

‑manda el crupier‑ van a su imán, van a

su ayer y a los ayeres supedi‑

tados a condición de la bío-

grafía que, como un crimen, preme-

dito. Podéis dudar del que fui,

no del que soy: maté a los testigos,

borré las huellas, me di a la fuga.

 

[Cóbreces]

 

Entre maderas carcomidas en el Arca

de Noé de la memoria, buscan

los chiquillos capas, peluquines,

guardainfantes que dan risa

al aderezo fúnebre de los sombreros

de copa, al máuser de los cien años.

Con ciego presentimiento tú esconde

esa página encuadernada en polvo y

disimula: suena la música y es carnaval.

 

[Santas Patronas]

 

¿Había o no que pedir fiado?

Ser de otro mundo. Sin ir más lejos,

de un norte muy verde y de muy noble

familia (y decirlo con la ese

castellana). Hablarle por encima

a la gente del barrio, total:

ya veis, vamos, bueno, a saber qué

sabrán. Menos mal que éramos muchos

y en casa nos hacíamos compa-

ñía. Hasta las colas para el cuarto

de baño tenían su aliciente

con paciencia: hacerte el loco, echar el

pestillo, calibrarte el bigote en

el espejo o viajar por la vía

láctea entre las piernas. Pero sobre

todo, los sábados por la tarde,

aquel baño semanal de multi-

tudes contra el piojo. Primitas

y hermanas mías: adivinar

las ingles bajo las batas húmedas

y hurtaros al reojillo el orgullo

de los pezones, hicieron fácil

lo peor: el agua y el jabón,

la misa del domingo, decir-

le los pecados al confesor

y cumplir la penitencia el lunes

con el babi marrón de becario.

 

[Visitación]

 

Oh jugar al escondite al juego

del coger de las prendas a oscuras

y en celada quién la queda entrar en

un armario a oscuras o debajo

de la cama y tropezar tocarse a-

sí como quien no quiere la cosa

rodillas sudor nuca y clavículas

su blusa de colegio botones

y las tetas botones no vale

una y dos tan prietas responder

uno con esa dureza extraña

en el calzón tan estrecho y luego

tres por mí con manos torpes ave-

riguar el sexo de las muñecas

el mareíllo de los elásticos

de las bragas caliente caliente

y un olor un olor ya sorpresa

sí vale la maraña del vello en-

sortijado resbala rajita

le daban mil nombres los mayores

curioso y era un animalito

rico una plastilina caliente y

pringosa un flan rico de caricias

y de olores como estar borracho

¿no? levantar su falda escocesa

un muslo lo que sea de usted

vaya que venga la luz y dos y

tres y respirar más fuerte más

fuerte no saber ni quién la queda

qué es esta humedad la luz ni por

dios lo sepa nunca su marido.

 

[Mademoiselle Chantal]

Blas de Otero

El año de los plumieres amarillos

Mademoiselle, con tal de ver

el triángulo de tus ver

mudas de nailon, daba igual no haber

hecho los deberes y el asseyez

vous, Lebrato, y el cero y la pizarra.

 

[Patio de los Naranjos]

 

Novillos de los chiquillos

Los libros de portería y

De pelota (ya no bota

Mi papá no) las narán

Jas amargas amargadas

De patadas de gorilas

Colegiales. De mayores

Querrán meterle otro gol

Sus delitos al olvido

-Las manos en los bolsillos-

A la puerta del Perdón.

 

[Carolina de Mónaco]

 

Sólo por ti, volvería gustoso dos

o tres veces por semana a revisar mis

empastes, sacarme muelas que apenas

tengo picadas, quitarme el sarro,

todo, con tal de verte en la sala

de espera del dentista. Y si estás

tan ocupada, la próxima consulta

haz que salga algo (tendrás por ahí)

de tu hermana pequeña, Estefanía.

 

[Instituto Murillo. Femenino]

 

Rechaza imitaciones,

que es calidad, chiquilla.

Bajo mi gabardina,

el auténtico, el único

muelle de las delicias.

 

[Giralda.34]

 

...y 34. Si has llegado hasta aquí, no te estorbe un turista más o menos japonés con polaroid. Tú haz la fórmula de los móviles y, siendo constantes peso y altura, despeja equis: cuánto tarda en estrellarse contra el sue­lo un cuerpo (el tuyo) progresivamente acelerado para dar con la micra de segundo que pasará y pisará esa losa de mármol (no otra) la traidora.

 

[Real Maestranza]

 

Ciega el sol del dieciocho y confunde la cuerda que sobre un vano y presumido centro tensa el ayudante aprendiz de agrimensor. Nos imaginamos al muchacho indulgente con el error del arbitrista, tan lejos en el otro cabo que según sus cálculos (si por mi vera pasas, como él aclaro mis lentes y te miro) hoy serían burladeros las columnas de la catedral y tan larga por abril la embestida de los toros como privilegiada gloria la de los santos en primera de barrera de puerta San Miguel.

 

[Gradas. Catedral]

 

Tendido de sombra donde el cochero

nos figura, míster, subidos en el dólar;

y el míster, con el hambre del Guzmán,

la montería del Buscón o las tijeras

de Cortadillo. Menudo

sitio es éste para quedar citados.

 

 

 

 

 

[Puerta de la Carne]

 

De las cisorias artes medievales

de don Enrique de Villena, hasta

las mañas del jifero de Sevilla,

Berganza, lo que va.

 

[Columnas de Hércules]

 

Su sombra ‑como la del ciprés- es

alargada (Carlos Primero y su hijo

el Rey Prudente sirvieron de modelos

anacrónicos). Te tientan las fáciles

ironías con los padres de la patria

que vieron aquí el heráldico emblema

de un futuro más glorioso. Nunca

el pórtico corintio de un barrio

de putas ni el quicio donde -por sí

o por la Humanidad- se apollan

los césares de tanta mancebía.

 

[Plaza de Armas]

 

Trenes de alta velocidad

sin ventanillas abatibles

donde fumar está prohibido.

Pequeño amor de los andenes.

Tus labios de vodka, tu patria

soviética que ya no existe.

Mi billete en una estación

‑consuélate- que tampoco

es.

 

[Casa Bigote.1]

 

No me basta la rosa que en la lengua

deslío, ni la sal que por el cuello

sanjuanizado sorbo con lujuria

de otro mar de Sanlúcar, de otra cita en

Bajo de Guía. Ni me basta el morbo

mientras desnudo la camisa a rayas

del bello desconocido. (¡Oh el tigre

sanguíneo, oh el caníbal oceánico

que, rendido, la pudorosa pulpa

escotadísima en nácar me ofrece,

oh el negro entre los lomos, oh dureza

crocante cielo arriba de mi boca.)

Para olvidarte, otra botella: me mo-

riría si te tengo que matar.

 

[Casa Bigote.2]

 

No me consuela, no, me desafía a

venir de extranjis a este restaurante

ver con mis propios ojos (estos que han te-

nido de ti memoria y geografía)

si es verdad lo que dicen. Todavía

coquinas, rodaballo y bogavante

te hacen conmigo y no con el pedante

con que te han visto por Bajo de Guía.

         Ni me consuela el langostino tigre en

cueros (nada especial al desnudar-

te tú). Más manzanilla. Así peligren

         mi pulso y más de uno. Más. Mas temo

por mi vida. Pido la cuenta: me mo-

riría si te tengo que matar.

 

[Balneario de La Toja]

 

Si hoy día nueva rosa se bastare

a negar las metáforas de un mundo

mortal, yo cantaría el triunfo pundo-

noroso carpe contra fugit, pare-

         cido a un Horacio, que os libre y ampare.

Pero, aunque enamorado y al común do-

lor sensible, frívolo ni profundo

podría en la metáfora durar. He

me aquí, me queda el beatus ille: tengo

libros, habanos, música, solarium,

masajista, marisquería, bar y un

         plan. Como esta tercera edad hace engo-

rdar, de noche conviene alguna cosa

ligerita, poquito a poco, Rosa.

 

Pedro Salinas: «Distánciamela, espejo.»

 

A veces necesito

que te alejes de mí

(el tabaco, la prensa

pueden ser la coartada),

y escribirte o pensarte

a distancia, y entonces

contemplarte en tus cosas

como un signo perfecto.

Conocer cómo actúa

en mis brazos tu ausencia,

precisar tu lugar

en el centro del mundo y

si sigues siendo el rastro

que a ciegas buscaría.

 

«Conocerse es el relámpago.»

Te necesito a veces

con una urgencia impropia

de mi edad. Un olvido,

un recado cualquiera

         me sirven para ir

a la busca y captura

del milagro de un rato.

Renovarme en la idea

         que sin ti es imposible

y en los nombres y cosas

que descuido por verte,

         y saber qué me falta

cada vez que te alejas

o me dices no quiero.

 

[Guía Campsa]

 

I.

El viaje se abre siempre por tu boca,

donde el rojo introduce al caminante

en el misterio del camino y donde

oficiante la lengua el viaje sigue

un rastro de aventura que sólo

en el recóndito y más dulce templo

desaparece.

 

 

 

 

 

II.

Un lugar en el mundo. Leo

Alegranza, Graciosa, Lanzarote,

otra vez Coimbra, Oporto.

Confundidor de los mapas,

nostalgia que tú me dieras.

 

Por entonces no hablábamos

de Alejandría ni de Estambul.

No dábamos por conocidos

los alminares de Santa Sofía

ni discutíamos que si Bizancio,

que si Constantinopla.

No sabíamos cómo se besa

la gente junto al Nilo ni cabal-

mente entendido que una ciudad

es un mundo cuando amamos

a uno de sus habitantes.

Era imposible adivinar el daño

que acabaríamos haciéndonos

y Kavafis y Durrell nos cautivaban.

 

[Calle Feria]

 

Donde todo es segunda mano y carne

de regateo fácil, quién fija

el precio que tú ‑no loza

de la Cartuja ni máquina

Singer- conmigo del brazo callas.

 

 

 

 

 

 

 

 

[Plaza de los Carros]

 

Ese gusto tuyo por lo mismo

una edición príncipe que dos

pares de calcetines, un número

del Capitán Trueno o clavelitos:

no te creas que ya no te quiero.

 

[Giraldas]

 

I.

El árabe no pudo

equivocarse tanto.

No haber previsto su derrota.

 

 

 

 

II.

Capricho de piloto y

cum laude de suicidas.

Pipa del opio

que una ciudad o casi

aspira, aspira.

 

 

 

 

III.

Oscura y servicial, esclava

del viento que la lleva.

No la mires.

 

 

 

 

IV.

Otro cuerpo busca,

de campanas,

quien se atrevió a mirar

y a ser mirado.

 

[Giralda]

 

Pocas veces después has vuelto a subir

por la gracia espiral de su lección

de geografía: tirado está

saberse más espadañas que el otro,

más horizontes que ninguno; te quise

no sé dónde.

 

[Guadalquivir]

 

Abdica la ciudad de su condición

celeste. Confunde como jardín

romántico la herrumbre de las grúas,

el óxido de los plátanos y el tábano

de algún coche de punto: acuarela

que al margen de las estaciones

parece siempre amarilla amarilla.

Sé que este río, no aquí,

más lejos desemboca,

pero si te das prisa das con mi grupo

sanguíneo nada más tocarme.

 

[Puente del Centenario]

   Mateo,4,9

El virtuosismo de la araña que concibe

ingeniería como ésta no aventaja

la labor de uno cualquiera de tus peines

de carey, ni su paciencia la mía

por darte la gloria y el imperio

sobre estos reinos si postrándote,

es un decir, me adoras.

 

[Itálica.1]

 

Quién dirá que tus hombros.

Quién dirá tus columnas,

difusas como un enigma,

fatales como un desastre.

Las armas, diez cuchillos,

los arcos de triunfo,

las cuádrigas del pecho

son viaje y no son nube

ni piedra ni morada.


[Itálica.2]

 

Contra el ciprés que afila su perfil

de sombra sobre los ocres aún tibios

de Santiponce, ¿de qué valió bajar

a la llanura inmunda de Hispalis

la infelice y preguntar por ti

en la confusa jerga de mujeres

junto al río?

No te conocen los navegantes

que con la tarde y la marea

vienen de Sanlúcar ‑canta la gente-

rompiendo el agua,

ni en las tabernas acepta nadie

las monedas con que puedo

pagarte yo, el anticuario.

 

[Tajo de Ronda]

                   Cernuda

Aprendo del Guadalevín, que en la

constancia se hace mayor, trïunfa.

Y aunque a tus ojos mísero, mal-

oliente souvenir de minolta y

luces nunca usadas, no te asomes

al balcón, no me mires o acaba-

ré contigo igual que las ciudades

que un río, un amor, orografía.

 

[Hotel Reina Victoria]

                   Rilke. Ronda

Fuera de la alfombra mágica

celosa del pelo de tu abrigo,

no titubeen tus pasos sobre la cera

alex, si a su delicia se deslizan

pasillo adelante. Ve

ahí la puerta y el pomo

de otra noche de Ronda. Gíralo:

te propongo no hablar del ángel del abismo

ni del raro huésped de la doscientas ocho.

 

[Alameda con paraguas]

 

Recuerda la ciudad

tocada por la gracia

del agua de septiembre.

El limo amarillento,

la burla de hojas secas

en las alcantarillas,

el desconcierto de

la gente en los portales.

Recuerda aquella urgencia

primera de ir al júbilo

de la humedad, que luego

reprimiste: ya todo

quedaba entre los dos

un poco lejos, salvo

ese olor de las calles

a plumieres, a invierno.

 

[Gran Plaza]

 

Duende o caracol, bolero de cortina

para el cartílago más tierno, soplo

Botticelli o vigilia a la manera

que más te guste: duermen

los ejércitos y las cosas

ocupan su lugar en tu ciudad jardín.
[Serie B]

 

Tuviera el alma un sindicato que en los

cambios de estación todo lo trifulca

haciendo polvo las pocas seguri-

dades que nos quedan. Motín de objetos.

Rebelión de no retornables. Puede

ser Ludwig Van o el whisky o las pelusas.

Puede ser un olor. Todo consiste,

mi amor, en que no estás. ¿Pero no estás?

 

[Muerte en Venecia]

 

Puente abajo de Rialto, el aura

del Gran Dux, el ojo de Visconti,

la hoja de acanto de algún poeta

novísimo,

la lata de Pepsi, cierto hedor,

el borderío de los gondolieri

y esa muchacha (una foto en

San Marcos con palomas)

se hunden.

 

[Mando a Distancia]

 

No contento Siva, señor de todas

las ambigüedades, con el hambre

de su pueblo, estornuda hasta seis

con cuatro en la escala de Richter

y como un niño, arrepentido, llora.

Quince mil murieron en el tele-

diario de las tres y quince mil

se ahogaron en el de las nueve y media.

Como si llaman y eres tú,

mi cadáver exquisito.

 

[Boris Karloff]

 

Me duermo. Es tarde. Igual que tú, yo

tuve una princesa, no del alto,

del altísimo Egipto. Y si no muriese

de amor por ella, te la cambiaría

por esa que tú llamas una y otra

vez: «¡Ánkesen-Ámon, Ánkesen-Ámon!»

(Así que den las cuatro y que la tuya

sea en blanco y negro y en versión

subtitulada.)

 

[Claude Rains]

 

Supón que sea a París: nunca vuela

a nuestro gusto el pájaro de acero

y pianistas negros caras de sapo

la joderán aunque nadie

se lo pida con que el tiempo pasará.

 

[Un lugar en el Mundo]

 

Sequías como diluvios, algo me dice

que acaba el Sur. Hablan hombres del tiempo

de un agujero en la capa de ozono:

imaginaria quemadura de cigarro

sobre un forro cardenal como de ópera,

más cursimente: carmesí.

Llámame.

Llámame antes que el cenicero de la Tierra

derrita los océanos

que inundarán la casa de la playa.

Llámame.

Bajo la arena, burbujean navajas y coquinas

supervivientes desde otras glaciaciones.

Y un vino blanco de aguja muy frío en la nevera.

 

[Estación Término]

Coger los largos, viejos trenes. Ese nocturno

de expresos europeos con ventanillas aba-

tibles (pericoloso sporgersi) donde uno

sale al pasillo, pide fuego, parte con alguien

un cigarro y los cuatro tópicos, que si a dónde

se va, cuál es la próxima estación (sin que tampoco

importe: los pasillos tienen algo de cine,

algo de vicio solitario). Coger los largos,

viejos trenes. Con un billete para aquel

andén en donde todavía puedo esperarte

y no estas vías muertas de estación de película.

 

F

ue idea de Pilar Villalobos el mejor título de este libro: [Hacia]. El subtítulo [teoría de la ciudad] sonará al Tratado de urbanismo del poeta Ángel González. [El viaje se abre siempre por tu boca] se anticipó en el número uno de El Sobre Hilado (1991) y [Puente del Centenario] en los cuadernos del Proyecto Juan de Mairena, Poetas en el Aula (1993), compartido con Mª del Valle Rubio. El prólogo fue antes una correspondencia con Antonio Molina Flores; a él y a Luis Fernando García Barrón les va dedicado. Complicidades involuntarias, también dedicatorias: Inmaculada Maqueda y Andrés Díaz [Real Maestranza], Carmen Lebrato y José María Delgado [Estación Término], Juan José Espinosa Vargas [Guadalquivir], José Antonio Moreno Jurado [Itálica.2], Manuel Moya y Pedro Cantero [After Shave]. Que «una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes» viene de Lawrence Durrell en su Cuarteto de Alejandría. «Y todo el Sur» de [Heliópolis] lo usó primero Juan Cobos Wilkins como cierre para poemas suyos. A Pilar debo por último las palabras de Casa Bigote que dieron lema al libro:    me moriría si te tengo que matar

 

 

 

 

 

[Heliópolis]

 

Te imaginas que un astro

te diera nombre,

moviera tu cintura

y todo el Sur

.

 

 

 

 

 

 

 

 

/ a Galera 10 /

 

 

 

 

 

 

Sevilla, 31 de Mayo de 1999

¿Quién como yo? (1996)

DANIEL LEBRATO

 

 

 

QUIÉN COMO YO?

«Miguel significa ¿Quién como Dios? Él venció al Demonio y es el defensor de la Santa Iglesia.»

(Misalito Regina, 1952)

 

 

 

«Dijo también Dios a Abraham: A Sarai, tu mujer, no llamarás más Sarai.» (Gén. 17,15)

 

 

 

Hay distancia más inmensa de Dios a hombre

que de hombre a muerte.» (Luis de Góngora)

 

 

 

Quién como yo?

Hermosa es la condena, libre,

ser el rebelde primero de la Historia.

(Juan Cobos Wilkins)

 

 

 

 

A la sonrisa del ángel etimológico

que, cuando nadie lo ve, hojea

y establece un plan alrededor

De los nombres de Cristo

 

 

 

 

ES TANTA LA DISTANCIA ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES,

que el Misterio se avino a expresarse en imágenes

comprensibles y, Eterno de Paciencia,

dejó correr milenios mucho antes de imponer

su Monarquía. Suavemente fue declarándose:

primero con el Sol, con la Lluvia y el Trueno

que enseñaron al Hombre su tamaño; después

mediante metonimias de un Olimpo que puso

para siempre fronteras a la Inmortalidad.

Fue su plan que los dioses olímpicos ‑banales-

cayeran en los vicios más humanos, que prudentes

varones predicasen que a tanto dios faltaba

una Moral: sería la hora y la misión

para el Único. El cual, al enérgico modo,

dio principio a sus Tiempos nuevamente creando

el Mundo de la Nada y guardando para Sí

las llaves de la Ciencia (hombres y dioses ya

definitivamente desposeídos). Pero Dios

-que es como se nombra modernamente el Único-

vio pronto que los hombres sin Ciencia y Teogonía

se aburrían; que incluso despolvaban antiguas

debilidades, como adorar becerros de oro

mientras Él dictaba las Tablas de su Ley.

Inventa pues los ángeles -rebaja, en cierta

forma humana, a sus excesos de Espíritu- y se

mezcla con los mortales; cede también Divinidad

a los profetas, hombres que distraerán al pueblo

con sus milagros. Así, hasta su esfuerzo más didáctico

que fue sin duda el Cristo de Nazareth, la máxima

humanidad que Dios pudiera permitirse.

De Cristo, escribe Borges: «nos ha dejado

espléndidas metáforas». No obstante

la de la Cruz defrauda por tan obvia y

tan enorme distancia entre Dios y los hombres.

 

EDITORIAL

 

 

 

Pues y qué menos que confundido en-

tres nubes de alta montaña ser

rayos y truenos en zarza incandes-

cente, con lo que es este oficio

raro de la palabra. Sólo un

mandamiento os doy: existe el Diez.

 

LUZ DE AGOSTO (LA CREACIÓN)

 

 

 

I.

 

 

Ponedle Tierra Firme, que no es otra

la estirpe de su abrazo

 

 

II.

 

 

Dureza del diamante que retrasa

su destino bajo tierra

Acaso duda del engaste

que le tienes prometido

 

 

III.

 

 

Ha de vérsele venir bajo forma de golpe

de mar que inundara una bahía

como herida manantial, como flamígero

alfanje de un ángel

                           exterminador

Luego será la cínica sonrisa, el gesto duro

cinematográficamente aprendido

hipocondrías que fingen y no niegan

que su víctima lo enamora

 

 

IV.

 

Dolor: cristal severo que nunca anduvo

en las orillas de Murano, parteluz

y arena de mis días, qué habré de agradecerte

mientras viva y hasta las últimas

consecuencias de la Tierra

 

A lo mejor este azar

que dándote vida destruyo

 

 

 

V.

 

 

Ponedle Tierra Firme, y que la patria

y el nombre que le han sido

                                                   dados

se disuelvan en sus labios con suave

acento de extranjero

 

SI FUÉRAMOS EL VERBO

 

 

 

 

(LUNES)

 

Si fuéramos el Verbo, qué tontería

hacernos carne, separar

las tierras de las aguas y éstas

a su vez en ríos y en océanos

los días de las noches, las cosas

en tres reinos, quitarle a nadie

una costilla, en fin

 

Nos bastaría con la luz

 

 

 

(MARTES)

 

Si fuéramos el Verbo, quién nos dice

que en un descuido no perdemos

el almanaque de los seis días, la bolsa

de los truenos o el librito de alquimia

 

por hacer la espía del ángel apremiado

que viniera a aliviarse a la sombra

del árbol del Paraíso

 

 

 

(MIÉRCOLES)

 

Si fuéramos el Verbo, a buenas horas

distinguir un árbol de la ciencia

del bien y del mal de un árbol

de la vida. Pero puestos

ya en agriculturas, pediríamos

ser pientes la manzana

que el otro mordería

 

 

 

(JUEVES)

 

Si fuéramos el Verbo, no querríamos

hacer de nuestro llanto universal

diluvio, aunque -eso sí- nos gustaría

jugar entre las zarzas, ser

la chispa de la vida

 

 

 

(VIERNES)

 

Si fuéramos el Verbo, a saber

la serie de los números, la ese

del plural, los endecasílabos

la fecha de este día

un milímetro de más

y la palabra más, Borges, la cábala

el pentagrama, el Pentateuco

las cifras del Diluvio y del Sinaí

el pan ácimo, la leche desnatada

el uno, el dos, la Trinidad

 

 

 

(SÁBADO)

 

Si fuéramos el Verbo, que un funcio-

nario piense los mandamientos, dicte

a patriarcas duros de oído libros

y libros hasta cuarentaitantos

 

Los encuaderne en pasta y nos dé

los renglones torcidos

 

 

 

(DOMINGO)

 

Nos bastaría con la luz, pero si el Verbo

a pesar de todo insiste y se hace carne

ojalá distinga los distritos, las tarjetas

de visita en los buzones, toque el timbre

y habite entre nosotros

 

QUIÉN COMO YO?

 

DICEN QUE LLUEVE SOBRE EL CAMINO DE DAMASCO

y que las aguas son del río de Sanlúcar

o del viejo Tiberíades

como la luz que al persa deslumbró

la víspera imposible de Salamina

está en las últimas pupilas de almadraba

del mar en Sancti Petri

 

Que arde Beirut como tus piernas arden

y se derrumba un muro de Berlín a Jericó

 

DE SANTO EL HUESO QUE EN LA MANO, FALANGE

o metacarpo resiste y no se rompe

si colérica expulsa de tu cara

como templo mercaderes

 

NO ESPECIE PROTEGIDA, NO CÁLCULO

de paloma ni rama tierna de olivo

te quiero. Sí

fleco de diluvio, color

octavo de arcoiris

 

MÁS QUE CUMPLIR LOS NOVECIENTOS

sesenta y nueve años, hasta el fin

en mi cajita de nácar el anillo

rosado como el día

de tu primera circuncisión

 

PÍDEME SI QUIERES FIBRA DE LAS VENAS

plaquetas de esta sangre, agujas

de navegar desde mis ojos, iri-

sada seda de diafragma o pabellón

de mis orejas. Nunca

labor de cestería, recogido

mimbre donde bordar tu nombre

salvado de otras aguas

 

BAJARÁ EL ÍNDICE FEBRIL BUSCANDO LOS ARCANOS

del pecho, allí donde la ardiente zarza

no se consume y un pan de miel

para los labios rebosa

Ganará la mano en osadía cuando atraviese

el mar rojo de la camisa y siga entonces

la ruta de caravanas del vello más suave

 

Y así la cremallera levante sus almenas

no habrás de detenerte hasta la tierra prometida

 

CON LAS DOS MANOS, ÉSTAS

que dieron cielo a un príncipe

en sus pirámides, busco

frutales horizontes y, ajeno

a todo vértigo, divido

como pulpa con las uñas

en dos las aguas, doy

crédito al milagro y

la espalda a los egipcios

 

GRADO AL CRIADOR QUE HIZO POSIBLE Y

más largo que el índice acusador otro orden

trinitario de falanges con que ahora

donde nadie ha llegado llego

y te bendigo

 

RADIANTE ESTÁ LA CELDA DE HOSPITAL

donde Juan de Yepes escribe lejos

de tu noche oscura, no tórtola

ni paloma, no tampoco

ventalle de azucenas

 

Como ignora tus vaqueros y tus tizas

de colores, la blusa donde ahora

tus tetas son para el apártalos

amado dos mellizos de gacela

 

LIBRO DE SARAI

 

 

 

ALFA

 

A la hora de elegir a quien iba a ser

Primer Sumo de los sumos sacerdotes

Dios parece como un maestro perezoso

que mira la lista, busca un nombre y saca

a la pizarra al primero que encuentra:

Aarón

 

 

Y OMEGA

 

De Zworýkin, Vládimir Kosma, físico usa

de origen ruso, inventor de un curioso iconos-

copio, sabemos también que, aunque de joven

fuera siempre el último de la clase, una rara

y ortográfica lealtad hacia su lengua

materna le vale hoy día para cerrar

enciclopedias como la Espasa o la Británica

 

 

NO8DO

 

El trazo que, perezoso, cifre su pereza

en la madeja del ocho aprende

por qué grafía y símbolo confabulados

trabajan contra él: ni el arcoiris

tuvo cifra semejante, ni Dios

nada que hacer ese día

 

LUZBEL

 

 

 

Espejo y gota y agua

cristal o arena rota

altura y vuelo: vértigo

Amor de Luz

 

Terrible la caída si es

nostalgia de otros tiempos

mejores: Tú

 

GÉNESIS C

 

 

 

He aquí el día de la mudanza: fue

la cópula terrible y se agradece

el sol de manera distinta. Un agua

desconocida nos inunda, nos inunda

 

Dirán que fue debilidad femenina

Pecado original le llamarán soberbia

 

PRIMUS CIRCUNDIDISTI MIHI

 

 

 

A todas luces lúcido, lujurias

una jungla de jaurías: jurarías

tu alma por un lujo de prejuicios

y prepucios de muchachos

 

PRIMERA COMUNIÓN

 

 

 

Con habilísima lengua,

recibir tu candoroso

centro, frágil pan de un alba en

mi saliva, hacerte mío en-

tonces, mío. Asegurarme

que ha conseguido no herir-

te mi torpe dentadura,

que mi paladar es leve

cielo al gusto tuyo, como

de algodón mi garganta hasta el

suspense del nunca visto y

más sublime trago. Cuerpo

de Cristo, escuela de amor

única

 

ÁNGEL EXTERMINADOR

 

 

 

Republicano o bolchevique ha de

ser el virus que igual ara la san-

gre de hermosos príncipes primogénitos

con las primeras crías de las bestias

y las esclavas primíparas

 

HOSPITAL MATERNAL

 

 

 

La criatura fronteriza que contra humano

            pronóstico

sobreviva y se salve

juntará si es que puede

una tras otra las cuatro letras de tu Nombre

y dará luz

al rostro milenario que te atribuyen

piedades y hermosuras

 

Puzle más feroz si la criatura exige

un segundo milagro

                                    y cirujano

 

HIJO DE MI DOLOR, ERES ÚLTIMO

molde del vientre y los aperos

En tu estirpe reconozco nombres

que me sonaban desde antiguo y que

apenas entendía: muero, soledad

o en plenilunio, llévame contigo

mi señor. Es decir la vida larga

de dolores que aún no te sabían

Benjazmín cumplido de una juventud

que más parece orgullo que otra cosa

(Verdad más leve la que me ocultan

las parteras, y que esta jerga impropia

que nada tiene que ver contigo)

 

SACRIFICIO DE ISAAC

 

 

 

Ea, padre, la leña, el cuchillo

afilado en la piedra, la piedra

todo altar, todo dispuesto

Dése prisa (dejo llorando

por mí a una muchacha), no me diga

que ésta es otra broma de mal gusto

 

CUESTIÓN DE MÉTODO DEL HIJO PRÓDIGO

 

 

 

Calcáreas, cada vez a más murmullos

las voces, o a caracolas, aspiran

Escucha el mar aquí o allí la foto

del adiós, aquel pañuelo donde

las lágrimas, cosa fácil, las olas

de tiernas miradas. Pero qué débil es

también esa señal, como de vieja

galena, clandestina, o distinguir

qué pierdes si te vas de lo que nunca

si decides quedarte será tuyo

 

TENTACIÓN DEL PATRIARCA

 

 

 

/Judá y Tamar/

 

Lo que en rito de inocencias de inocencias

de paternas vigilancias has perseguido

desde siempre por los pasillos por la luna

oblicua de los roperos o la caída

negligente del albornoz que se entreabre

con lavanda cada vez que me inclino sobre

tu sillón y te beso y virtuosa pronuncio

buenas noches

 

HORAS DE SARAI

(Génesis, doce y diez)

 

 

 

Como varón prudente, este caudillo

de los de a medias entre la virtud

y el hambre de su pueblo- no ha tenido es-

crúpulo en darme al faraón, después de

ganarse a costa mía los favores

de guardia y gente de palacio: «Dema-

siado hermosa, no mi mujer; dirás

que eres mi hermana». Y ya sin

tribulaciones de cornudo, puso

negocio y prosperó en mercaderías

Tanto que, vuelto en su virtud, hoy todo el

mundo pasa por su tienda y él ni si-

quiera quiere pasarse por la mía

 

JUDIT

 

 

 

No es difícil celebrar la sangre en

manos blancas -que diréis que no ofenden-

hermosas de heroína, y mucho menos

regocijarse por el hombre que perdió

la cabeza un poco antes que vosotros

 

Brindad, sí, pero os juro

que así será de aquel que con dos copas

de más pase por mi tienda una noche

y se me duerma igual que este

hijo de puta se ha dormido

 

ABSALÓN

 

 

/Fray Luis/

 

De bulbos obstinados o de navajas

barberas, como de un hilo, pende

la vida cuando el hombre

huyendo de alopecias (ya sabéis)

de un falso leño se confía

 

VISIÓN DE BABILONIA

(Soneto XXIII)

 

 

 

Si aquella vena del oro, Garci

laso, de la cabeza da un torso

de plata y si en tanto que de ro

sa la edad ligera corre al vientre

de bronce sobre piernas de hierro

por qué hacer mudanza en su costumbre

y azucena a vuestros pies de barro

 

JOSÉ

 

 

 

Si el hombre aquel

perito en vacas

pudo leer

gordas y flacas,

diría al rey

lo que faltaba:

 

Aquel desliz de Liz

de liciosa Cleopatra

 

ARTE RETÓRICA LA DEL QUE SUEÑA

su pesadilla como los reyes

antiguos, con esa mesura

que en cláusulas matemáticas

-pies, acordes- ofrece a la lírica

vigilia tanta. Y qué más da

el adivino: más que el fondo

de la visión, cuenta contarla

sin defraudar al público y oír

el pronóstico sin tampoco

perder la compostura

 

NO EN CAMPOS DE ZAFIRO PACE ESTRELLAS

licántropo este rey que ejemplifica

la Gesta Romanorum y el Libro

de Patronio: por ahí anduvo

siete años como buey deforme

a su realeza; porteros de palacio

lo habrán aspaventado y a saber

qué tiro de carretas o rocío

perfile su nostalgia, qué musgo

sintético rumiará por los pesebres

que en navidad lo acerquen a Belén

 

CABEZA DEL BAUTISTA, I

 

 

 

Acápite el afán de hembra que se asoma

sin vértigo a un balcón de cervicales

y carótidas del masculino tronco

separadas

 

igual que de su nácar, fresquísimo, un

molusco, o entre vocales cuerdas,

seductora, la sístole de una sílaba

ya incrédula del mundo esterno-

cleidomastoideo

 

CABEZA DEL BAUTISTA, II

 

 

 

Dichoso aquel al que la vida en estreno

estrictamente privado da una última

película que dilata para el mito

el número contado de sus días

 

Cráneo privilegiado si en bandeja

o nitrato de plata su retina retiene

contra el frío esa fruición veloz

de ver el que, ya octavo, velo, vela

lo macabro de las danzas de la muerte

 

LUCAS SIETE TREINTAISÉIS

(ensayo de perspectivas)

 

 

 

(1)

No ha previsto el huésped agua de sal en la jofaina ni beso de paz en el vestíbulo, ni fue mi frente ungida con óleos perfumados. Yo

 

(2)

                                                                                   he de lavar tus pies con lágrimas balsámicas y en mis cabellos enjugarlos. Nadie guarda para ti labor más primorosa. Ignora

 

(3)

                                                 que su estancia aquí peligra por Ley de Extranjería, que habita en casa llana de extramuros, que según

 

(4)

                                                              Lucas: en Mag-dala o en Betania aquella mujer había cono-cido siete veces siete príncipes demonios

 

SUCEDIÓ UNA NOCHE

 

/Frank Capra, 1934/

 

 

 

Murallas de qué noche, Clark Gable

Claudette Colbert, si afónicas

o estériles trompetas, moder-

namente jericoces

 

QUÉ HABRÁ PENSADO...

 

 

 

(ADÁN)

 

 

Qué habrá pensado Adán camino del destierro

después de haberle dado, Juan Ramón,

Intelijencia el nombre exacto de las cosas

 

(SARAI)

 

 

Qué habrá pensado Dios el día de la enésima

alianza al prolongar su nombre al venerable

Abrám, y qué Sarai (princesa)

muerta aún de celos por esa esclava egipcia

oyéndose llamar por el esposo, más breve, Sara

 

si el Lázaro no se adentra en ideologías

del metaplasmo y el asunto apenas

se comenta en círculos yavistas

 

(LA MUJER DE NOÉ)

 

 

I.

 

Qué habrá pensado la legítima del patriarca

la víspera del Gran Convite

viéndose

invadido el hall, llena la casa- dándole

a tanto huésped cuarenta días

de lluvia y sin mercado

de comer

 

 

II.

 

Cosas de hombres, por mucho

que Alguno ande entre los pucheros

 

(BARRABÁS)

 

 

Qué habrá pensado, ya en capilla

el hombre aquel convicto de homicidio

y de motín contra el imperio al oír

su nombre en boca de la plebe

 

y luego pasos por los húmedos

verdines de la piedra que a él lo salvan

de la cruz a punto como el otro

de cumplir los treintaitrés

 

(EL BUEN LADRÓN)

 

 

El día de las moscas pegajosas

a las llagas y de la orina

incontinente como el llanto

de cuatro mujerucas

 

qué habrá pensado Dimas, mucho

antes de verse celebrado en la

liturgia o por Juan de Mesa

imaginado un viernes santo

como Bueno (él, que tuvo fama

de torpe en su barrio y tantas

veces en poder de los romanos)

 

cuando el hombre de a la

izquierda del palo miserable

ya por su propio peso casi

descoyuntado- va y le dice

no se sabe qué de un paraíso

 

(TRINIDAD)

 

 

I.

 

Qué habrá pensado el padre, el mismo

que se hizo carne y como carne ahora

es hijo, cuando se tarda el espíritu y

lo mismo duele, centurión, un golpe

de lanza en el costado que, oh

más duro que el mármol a mis quejas,

padre, padre, por qué me has abandonado

 

 

II.

 

Como si tú mismo fueras como quien

dice el mismo prójimo al que dicen que

se ama como dicen a uno mismo que uno

mismo se ama dicen como si fuera

el prójimo uno mismo como quien dice

ama al prójimo como a ti mismo amén

 

(SERMÓN DE LA MONTAÑA)

 

 

I.

 

Qué habrán pensado los humildes

pastores, las rameras, los esclavos

fronterizos al imperio, nubios

leprosos o tullidos

ellos

con esa pinta el día

de la resurrección

 

 

II.

 

El día de la resurrección, tú y yo

qué imagen de estos años, qué traje

de gala elegiremos

 

SI

 

 

 

 

 

 

 

a/

Si fuera yo el espejo en que te miras

Tu sola imagen yo

mi semejanza

 

 

 

b/

Si quien nombra se apodera un poco

como Adán de las cosas que

se nombran, amor mío

 

 

 

c/

Si el ángel de mayo fidelísimo

a sí mismo tensara nuevamente

el músculo para el abrazo, cuál

ha de ser tu número, nocherida

que nunca cicatriza

 

 

 

d/

Si fuera yo la playa de los naufragios

de anoche, azogue para la bolsa

de tus ojos, vaho, propósito

de enmienda, saliva espesa

tos

primer cigarro del día

 

 

 

 

e/

Si fueras tú el jardín donde los días

ajenos a su nombre no cuentan

ni son siete, donde nada

ni la Creación pudiera distraerme,

yo sería

párpado leve o azúcar de cristal

del agua de tu sueño morador

insomne

 

 

 

f/

Si fuéramos el Verbo no tendríamos

que traducir lo que nos pasa ni, a página

perpetua condenados, faltarían

rúbricas como tus ojos, equivalentes

minúsculas a tu boca salmarina

 

 

 

g/

Si la noche de Babel confundiera mi lengua

como río que hacia el mar se pierde en la marisma

así también

reuniría yo el curso de la sílabas

que en tu nombre únicamente desembocan

 

 

 

h/

Si acudieran mis labios al agua de tus labios

y ese agua

fuera más dulce que la ley que a mares muertos

me condena si volvieras

la cara y en un beso te confundes

del grupo de los justos que salvan las ciudades

 

i/

Si las palabras te parecen oscuras

como escolares pizarras o tan claras

que borran el misterio imprescindible

date prisa y mira:

 

Gente hay que ahora mientras hablamos

funde sus anillos de oro y no menos

ceremoniosos que nosotros

entre sí se idolatran, se idolatran

 

 

 

j/

Si vienes a por mí, que a la primera

sea la vencida: de otra forma

el mínimo corpúsculo, de Meissner

suponte, de Pacini o de Krause, podría

organizar la resistencia

 

 

 

k/

Si la Noche de los Primogénitos viniera a

      destronarte

y el solo antídoto eficaz frente al exterminio

      fuera

marca de inmolada sangre en los dinteles

bastaría tu lengua

lanceolada como hisopo en el menor de mis labios

para inundar tu barrio de hematíes

 

 

l/

Si nos sorprende la luz en indeciso combate

que el ruido de la guerra nos ahorre

la superficie de las palabras

 

No me dejes caer en la tentación

de la ternura que trae la aurora

ni digas si te pregunto

cuál es tu nombre

 

Haz tú también como la luz:

Tiñe de rojo tharsis mi cintura

 

 

 

m/

Si lloras a mis pies es que no hubo

diluvio universal ni más precioso

lienzo si enjugara

mi llanto en tu cabello

 

 

 

x/

Si por mi amor quisieras delatarte

no un trazo de arcoiris

ni un toque de carmín

te bastarían

 

 

y/

Si fueras tú el espejo de los caprichos

que en nácar o en carmín dibujan

los días y las horas

 

 

 

z/

No habrá Aurora L'Oreal, sí Passo

Honroso de la Edad por tu cabello

de ángel

 

PRIMER JINETE (LAS FIERAS)

 

 

 

Bucéfalos, pegasos, clavileños

Memorias de cartón

piedra y purpurina

para el jinete de la infancia

triste en los tiovivos

 

SEGUNDO JINETE (LA PESTE)

 

 

 

Caballos de vapor, fiscales

del jinete ciudadano que no salva

puentes ni estadísticas, que -huyendo

el mundanal- ruïdo encuentra y su fin

un fin cualquiera de semana

 

TERCER JINETE (LA ESPADA)

 

 

 

Intravenosa la ciudad infierno y paraíso

de cristal corona escarchas princesa hemoglobina

tras lúcido jinete a ritmos coronarios como

            un viaje

por el azar de la amatista inoxidable y si

            duermes

 

no más adorable dama de esta noche perfumes

por última frontera caballero en plata espejos

países hipodérmicos lindos para violetas

metálicas y apoteosis te imaginas

 

el abrazo del infierno sicofármaco muy frío

o más paraíso y beso que arterial como heroína

 

CUARTO JINETE (LA BALANZA)

 

 

 

Habrá un caballo azul de seda manriqueña

para el jinete de los olvidos

                           Su canción

de cuna y olas sabe ya de nosotros

lo que supo por Orfeo, por los caídos

en Actium o en Trafalgar y está en las proas

atónitas de los bárbaros, en el saco

roto de los conquistadores

 

como en los últimos versos de Alfonsina:

«Voy a dormir, que no insista, que he salido...»

 

Y para qué un mástil como tuviera Ulises

embetunado mimbre, bondadoso

leviatán o espejo

 

MANE TÉZEL FARES

 

 

 

Qué otro idioma profeta de entre líneas

de las manos sin esfuerzo traduce: cuento,

peso, divido, si la cuenta está echada y

quiere la balanza su fiel perdido cuando

contra nosotros naciendo bien o mal que

cien años dure?

 

MANE

 

 

 

Cuando el matador y tú lo mismo preferís en el reparto, afán de retorno o victorioso botín, uno de los dos verá ante sí las líneas de un exilio que ni el más exquisito protocolo en donde llegue podría suavizarle, ni es bálsamo bastante el privilegio de figurar una vida distinta, desconocido en tierra ajena. Prisionero el corazón de la espada que no esgrime, como espejo mágico a su acero pregunta por el hilo cicatriz que, descosido, daría plasma heroico hacia un exilio más íntimo. No un destino por delante, matador. No un segundo caudillaje cuyo final conoces, aburrido

 

TÉZEL

 

 

 

Gusta que reconozcan tu nobleza. Que, de tu pueblo, la estirpe de la sangre te distinga: Príncipe en el exilio. Que un Jefe de Eunucos quiera nacionalizarte como suyo, modificar tu nombre, extranjero. Paje de lujo a los quince años, un preceptor severo te hará cursar el Relox de Fray Antonio de Guevara, los arduos tratados de Saavedra o Rivadeneyra. Hasta que, a solas y a escondidas, tu deleite de aprendiz se mire en otros espejos de príncipes rebeldes. Oyes el sueño de más jóvenes cautivos, la transgresión de esa noche y por costumbre te lo cuentan. De día, observador, desde la corte viviseccionas el régimen político de los bárbaros, su rudo despotismo, los hábitos pueriles del talión, y callas. Tu fama de analista crece. Un rey te solicita. Pero dónde tu pueblo cautivo. No basta que reconozcan tu nobleza

 

FARES

 

 

 

Morir sin conocer el fin del cautiverio. Prisionero siempre, qué recuerdo cuando la memoria hurga en los catorce con faros antiniebla, no perdona. Pierde el orgullo de tu nombre. No como él: Renuncia a la cordura del insomnio y confórmate con la común proporción de las vigilias. Juez es Dios. Tú sueña el fin del cautiverio y ocupa mientras puedas un lugar entre los tuyos

 

BUSCAS A ROMA EN ROMA?

 

/Quevedo, André Gide/

 

 

A saber si la una -como orgullosa

de su Cloaca Máxima- financió un día

(Audas, Ditalcón, Minuros) el juego

sucio en Lusitania, si desde el sótano

de la otra se alimentaron doxias

heterodignas de fuego y anatema, teologías

de la liberación

Si amor o conveniencia

juntan, Fabio, estas de admiración

romas traiciones y herejías

 

CRUCIFICCIONES

 

 

/Borges, Buly/

 

Corría el año del Señor. Seguramente

el imaginero discurre entre los tres o

cuatro clavos (Pacheco: Visiones de Santa

Brígida) sobre la tabla de la policro-

mía románica, más veraz que el triángulo

gótico. Duda que resistan radio y cúbito,

que verosímilmente pise el uno al otro

pie sin ir allá como miriñaque triste

tanto metatarso. No le ayudan los cuatro

evangelistas. No le sirven los apócrifos

y muy poco la versión siria del de Rábulas.

Cuando cree que termina, es nada, se equivoca:

a saber si la greña baja por derecho

o izquierdo lado, si aún conserva la corona

de espinas o qué lienzo disimularía

la mórbida cadera, el muslo mortecino.

Con ojos piadosamente yertos o en órbita

(como quien ya vislumbra concilios, vidrieras,

viernes santos), tal vez se da a ensayar futuras

iconografías, el fin. Ante esos ojos

dios y artista se confunden, pues a ninguno

de los dos le cabe la gloria en la cabeza

ni otro destino que inventar el paraíso

 

SI LA MANO DEL PEREGRINO QUISIERA RENDIR VIAJE

y ritual o virtuosa hollase el parteluz

como es costumbre

no habrá descanso para él o confundido

será que no ha llegado al pórtico de tu gloria

 

 

SERÁ QUE NO HA LLEGADO AL PÓRTICO DE TU GLORIA

quien confundido duerme en su posada y acaricia

un sueño de futuros finisterres

donde acaso su bordón

a ciegas tienta bajo el cielo de otros ábsides

vértice o sillar la órbita intocada

girola de una víspera de cripta deliciosa

 

 

GIROLA DE UNA VÍSPERA DE CRIPTA DELICIOSA

no descifra láudano que pueda aliviar su vigilia

ni ningún óleo -por final- generoso

Sí el error

que cometido tiene un precio y es justo

por los claustros románicos del insomnio

como quien busca el jubileo

 

 

QUIEN BUSCA EL JUBILEO DESATIENDE

la fatiga del camino y el avance

del miedo entre dos posadas. Inmune al

dolor de las criaturas, no ve el círculo

terrible de la Peste y de San Lázaro

Su cuerpo purifica con agujas

de manantial y allí donde la piel

inventa paraísos meretrices,

cortesanos, no se olvida. Ni escucha

las quimeras de las gárgolas cuando

toda la lluvia de occidente es

piadosa letanía o carcajada

 

DE HOY MÁS YA MENSAJERO

 

 

 

1/

Su cifra, su misterio

su madrugada cruenta

están en ti

que apenas luz ya vencido

como Jacob lucharas

y no sabes

 

 

2/

Nostálgica y fidel, Sarai

mastica a pesar suyo las migajas

de los manteles del noveno

auto de la madre Celestina

o para el caso miserables

cáscaras de altramuces como

el omne bueno aquel del conde

Lucanor, enxiemplo diez

 

 

3/

Sarai: quiere el que vuelve decir

con su regreso un nombre, nunca

lo que se sabe: la historia

toda, el crimen cometido

 

 

4/

Sonríe, porque si

hubieras sido el Verbo

es decir- creador

de un alfabeto, nadie

serías si tu nombre

no está en las páginas

amarillas de Babel

 

Un Jurado presidido por Rafael Alberti concedió a ¿Quién como yo? Accésit del IX Premio Nacional de Poesía que lleva su nombre, siendo el noventa y uno cumpleaños del poeta, 1993. Hay en el libro cosas para, por o de Juan Lebrato, Carlota Moya de Alarcón, Carmen Castillo, José Antonio Moreno Jurado, Juan Cobos Wilkins, Con Dados de Niebla, El Sobre Hilado, J.J. Díaz Trillo, Héroe de su herida, Valle Rubio Monge, Jesús Aguado, Antonio Jiménez Casero, El morador insomne, Rafael Pérez Estrada, María Dolores González Cantos, Cristina Peri Rossi, José María García López y  El Fantasma de la Glorieta.

 

 

 

 

 

 

CAPRICHO DE UN DIOS CÍNICO, EL INCISO

FUGAZ DE LA ESCRITURA BUSCA -A OSCURAS-

LA BURLA DE LA BURLA DE BABEL.

Y ASÍ LA NOCHE TRAIGA SU INDULGENCIA,

 

SU OFICIO EL ESCRIBIENTE, SU LEALTAD

LA IMPRENTA CUMPLIDORA, VENGA EL VINO Y

BRINDAD POR LA MEMORIA DE UNAS HOJAS

NO MENOS OTOÑALES QUE VOSOTROS,

 

JARDINES DE AGUA DULCE Y DE GLORIETA.

OS QUIERE ESTE FANTASMA, QUE ES UN ÁNGEL,

MAS SI LO VEIS PARTIR A OTROS JARDINES

 

-YA DÓCIL VINO DULCE EN VUESTROS LABIOS-,

NO OS DUELA SU SILENCIO: NO ES PRECISO

HABLAR CUANDO UNO ESTÁ EN EL PARAÍSO.

 

 

 

 

 

a Pilar. Sevilla, 1996

 

 

 

 

 

Se terminó de imprimir el día 14 de agosto de

1996, XXXVIII aniversario de la muerte de

Juan Ramón Jiménez, siendo Presidente

de la  Excma. Diputación Provincial

de Huelva don Domingo

Prieto García

 

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

de amor como disparos (1995)

Daniel Lebrato:

de amor como disparos

 

                                               Nunca

                                               mejora

                                               su estado

                                               quien muda

                                               solamente

                                               de lugar

                                               y no

                                               de vida y

                                               costumbres

                                               (El Buscón)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                               Para gentes

                                               como ella

                                               el misterio

                                               empezaba

                                               precisamente

                                               con la

                                               explicación

                                               (Rayuela)

 

A TI PUES, MAGA, los objetos perdidos

los lazos de colores y las fotos

a la vuelta de una página, los días

y las horas colgadas de las perchas

o perfumes al acecho entre dos sábanas

 

A ti pues, Maga, únicamente

no inquieta el filo de los alféizares

la puerta de un armario, carcomida

ni el insomnio sin luz de las muñecas

que acá van dando miedo

que acaban dando miedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nada hay tan dulce como una habitación para dos, cuando ya no nos queremos demasiado

 

            (Jaime Gil de Biedma)

 

PRIMER GUIÓN

 

 

Fundido en negro en la fosa común de la memoria / Hay mucho humo y un gris desastre que fuera previo a las ciudades o al camión de la basura / arenilla de fondo, de cinta muy vista, como de cine de barrio / Lo que suena es un tango o parecido lamento de cabrones / Así, al pronto, nuestro siglo más o menos / Trávelings vertiginosos / Rodapiés, hormigas, griferías / Profundidad de campo hacia esas cartas y fotos que alguien no supo romper / Geografía del abandono en primerísimo plano / Encima de una mesa vasos y colillas / Algún libro abierto tirado en el sofá / Conrad o Cortázar o el Si no fueses tan puta! de Jaime Gil de Biedma, o ya tampoco / Junto a la puerta un mapa, y a rotulador que podría inhalarse: Fundido en rojo sobre subrayado insistente

 

desde quien dice árbol porque no sabe sauce olivo manzano abedul o duerme bajo las alas de la palabra el sueño del opio o de la dama de noche y mezcla en pájaro lo chico y lo que vuela y no distingue petirrojos golondrinas colibríes hasta tus balbuceos diminutos y la rabia que te vence y me oscurece más allá de pena más allá de amor o duerme vida mía

 

como estrella en el azar de la noche como estrellas quién sabe si aún existes cuando nosotros las vemos a ti pues maga si escuchas el silencio de la máquina o metales preciosos de las piernas que estrangulan y a menudo tijeras japonesas mi sexo adolescente y la prisa de lo que escribo y el riesgo inútil de la palabra donde está tu casa y ya ves tijera japonesa en la memoria y como estrella si aún estás ahí amor mío me escuchas

 

mira detrás de las cortinas luna menguante como un vino deja en cuarto creciente su peso diminuto la ingrávida caricia de tu espalda y tu cumbre con luna elevadísima que habría que hacer algo por una noche más triste acudir por ejemplo a una cita de tabernas de muchachos de ojos líquidos y de alma confuso laberinto que cruzar esa frontera esa cortina ese salto mortal de la noche del sábado y no decir bárbaro que me matas con un beso hazme con un beso conocer mi destino

 

No al sol que dulcifica su mercancía por la borda. No a la más fina labor de las mareas de occidente. A ti te quiero. A la candela fugaz que desteje la vida en tus pulmones.

 

hubo un triángulo rosa y unos trazos azules en las paredes de tu casa en tu calle en la autopista del sur una barra de labios clandestinos amor como un grafiti de golondrinas velocísimas enamoradas de las conchas de las tortugas o dónde estabas tú maldita sea

 

pensarte sí pensarte como si soñara una vez mi corazón qué carrera qué salida si tiene nombre el meridiano que me traspasa el don de su ebriedad sin ti las noches como infiernos oleadas de brazos ojos fijos y deseos que ojalá aflojaran sus lazos algún día a la voz de no seas loco eso ya no se lleva razones para dejar de amarte dime

 

cada letra campos elíseos de batalla te acuerdas campos elíseos era mayo amnistía ven pintabas con el hígado o arráncame la piel que pasó por el mundo te dije y libertad no el miedo el carné no tardes en la boca todavía

 

Piloto de altura, no hay noche ni faro que te alcancen. En alta mar tus ojos precisan su estrategia: plan de evasión. Y ojalá yo fuera el ecuador que atraviesa tu vida en dos mitades o mis dos oceános azules la mirada que puede hundirte para siempre.

 

por qué pensar en ti es pensar un cuerpo tu cuerpo el reino de las incertidumbres qué espero entonces como espíritu pensarte concebirte como un ángel pensar tu alma es un alma hermosa y mientras tanto te doy nombre de pasión y de ternura y concibo la náusea y te concibo

 

qué mal creer que te inventaba como quien de pronto se abre una tierra prometida por ahí se perdió mi cordura escasamente qué impaciencia amor acosó por entonces un punto en tu mirada no pionero ni primero no nada que a la fortuna se parezca no nada que me otorgue el don de la palabra como miedo teatro o precipicio por donde sinónima mi vida aquí se queda clavada en tus espejos de amplia frente un brazo inútil de almohada un labio inútil una cueva de oscuros pajarracos refugio inútil una cueva donde otras veces solías visitarme y tu cuerpo en la noche qué sorpresa

 

del miedo el otro miedo tan difícil quiero hablarte eseoese o residencia que voy siendo duda de mis dudas palabra escudo y propicio lema de combate tanto os temo cuanto más os amo quédate conmigo esta noche de ausencias escucha no lo mires un unicornio rosa brama en tus espaldas

 

Esa música al alcance según perezas, países, estaciones, y es como el día de los abrazos: el desayuno en la cama, el café suavísimo para solo, la prensa y las cortinas que por oficio llevan la cuenta de las horas. O, mejor, me arrullo entre las sábanas y recuerdo un único cuarto, una casa conocida.

 

discurso el del discurso de la noche que discurre una noche se supone como tantas y por encima de cómo te fue el día o si llegaste a punto a tu diario uno de los dos va y dice cosa más terrible que la fiesta a que hemos sido se supone como uno y por costumbre invitados o si el miércoles que viene viene bien para quedar con esos amigos más o menos comunes que hace tiempo no veremos y esperábamos

 

ni a la moda celuloide ríete tus gafas tan oscuras a mediodía la calle y motos cafeses espumas como desastres de afeitar azogue azote iguanas piel ni parecidas ojeras frente al espejo arrugas ni en la cama fría fría brillantina a buenas horas tus pechos avagárdner máter mater males

 

se alborotan de noche las noches de la iguana no hay calor oficio del ofidio que en su luz van cirujando las agujas de todos los relojes de occidente y al oír la última señal serán serás te has ido perteneces pertenezco

 

Desaprueba la palma de la mano la exactitud del hueco de la almohada, el calor de la costumbre, la imperceptible pelusa, diablos de viento por el valle de seda de la ausencia, y no hay mensaje ni rabia ni venganza. Lección de Anatomía: aquí el preciso frunce de tu brazo por debajo de mi cuello, la sábana de escayola, tu sudor, el molde de la nuca, la mínima señal de tu colonia y una mancha de vino, detalles nimios de que dan cuenta la nostalgia y las lavanderías. Como si llaman y eres tú. Como si te dejaste queriendo la pitillera de nácar encima de la mesita de noche.

 

para al día siguiente los dos juntos celebrar con champán no importa si barato la ocasión única en que nos demos el lujo del desprecio brindar sí paul éluard presidiendo espumas globos zepelines no iremos hasta el final de uno en uno sino de dos en dos sonrisa y otro trago o no es un lujo o no es gracioso o no es paul éluard me confundo

 

no fue el amor un pámpano dormido sobre un gris acuario de domingo por la tarde ni siquiera sobredosis para un cuerpo en la bisagra de la edad cansado has conjugado el verbo amor y gas ciudad ve pensando en los objetos perdidos a ti pues maga letras anuncios signos y regresos no serán amor será cuando lo pienses un vicio solitario

 

a ti pues maga los objetos perdidos me confundo cada letra una batalla imposible ni siquiera si fuera tiempo de sorpresas amor de las tabernas navego y brindo por ti amor colgado de los vasos tremendo amor de la resaca donde tu imagen naufraga y vence hurgo en tu herida como un clochard contenedores de basura

 

Yo soy también tu extravagancia por las plazas, por salir muy temprano figurando que aún duermo, comprar el periódico y ver el mundo desde el otro lado del café. Por eso finjo: a quién le extraña que no estés. Me ducho, es como siempre: la corbata, tan pronto por ahí, que un día, las gafas, el sombrero, te va a pasar algo, ya lo verás. Y todavía espero que el recepcionista tenga para mí un monsieur y una nota que lo desmienta todo.

 

manos al cuello de la tarde corredizos nudos por la lluvia por el uisqui por el café la resbaladiza sílaba de invierno vieja kappel enterrado vivo en un blues perdidos los papeles ducados otro trago l´aprés-midi d´un faune qué pereza dar la vuelta a janis joplin o abrirte la puerta como abrirme las venas

 

nada que declarar conforme al signo de los tiempos a mi trabá joacudo con mi diner o pago y esas cosas al otro lado pared por medio una pareja interpreta al somier su hoyes sábado entonces siguen las cañerías ya ha vuelto a casa el vecino de arriba y oh cuánto fueron sus entrañas duras nada que declarar mi alrededor se crea y se descrea y en mi máquina el blues kappel en negro de una melodía sola melodía oh qweeeeeeert qwert

 

carnales geometrías y griegas y pronombres emergen de las plazas y abandonos tu espalda era el escudo de atenea dije tus piernas la mentira de los arácnidos dije  caligrama rosa y blanco sobre la anemia y las plazas fuertes del alcohol beso de antifaz y carne de bambalina tu boca que es cualquiera y sacrilegio

 

Las espaldas nativas facilitan el trabajo, el desalojo imprescindible para la renovación de una especie, y aligeran la carga que el visitante lleva consigo de vuelta a su país, en esa imagen que el cine facilita y desconoce ideologías: preferible será dejarse ir y preparar unas monedas. La plaza, el mercado, una última ojeada, no estás, no te conozco. Y ya en el muelle la mugritud que bufa y leviatán se traga sin dolor al extranjero.

 

amor de colisión astilla diminuta de astrolabio pétalo navegar por la rosa de otros vientos frágil cresta de espuma imperceptible diafragma de marea amor campo de espuma y resto de sirenas invocálicas sal espuma y tinta para el naufragio amor de las cosas que escribo

 

en la vida amor mío o desastre cotidiano elija operación una tarde un otoño un acueducto en el fondo del vaso un color teclas azules un gesto forma de muerte o de tirar como sea por encima de lo que es su número personal desastre o viaje amor cómo vendrás si entre dos luces o dos copas intentaras ese salto mortal se está procesando espere del azar a la caricia a la barbarie y destrucción espero de la ciudad amor y con qué cara

 

si pudiera sí si pudiera olvidarme del último grito en materia de relaciones personales no sólo por vivido el nuevo desorden amoroso nuestro cuerpo es siempre monárquico y el corazón sede del búnker qué que podría prescindir de mis buenos modales creo que les llaman a mano armada podría jugármela contigo como impropio a esta hora quién evitaría que tu nombre sonara en todos los edificios pintar en las paredes que te busco y no hay tiempo quién me detendría o en qué cárcel si pudiera si yo fuera el cero y tú fueras el uno       

 

La sirena es infancia y fulminantes abandonos. Esa debilidad que disimula detrás de gafas oscurísimas y cierto aire diletante que da en venir de todo, de agentes de aduana, de mujeres con canasto, un perro, en fin. Sonríe: es la pleamar. La estela deja la barra y nada inquieta la luz de un sol ya decadente que tampoco esta vez perjudicará tu fuga. Aparte, apuntarás en tu cuaderno de bitácora qué fuimos. Un hotel de mala muerte, una ciudad o Jaime Gil de Biedma.

 

no sólo pienso en ti y es que quién sabe qué distancia nos separa como en esos juegos en que nos gusta meternos barracones de feria con su truco de espejos multiplicación imposible con lo poco que hoy se estila gari cúper siempre solos ante el peligro

 

a ver cómo ensayamos de qué forma convertir una ciudad en nuestra nos encanta jugar y sentirnos placentera y placentariamente donde nadie nos llama no sólo pienso en ti apúrate ese trago y cerremos el kiosko que los reyes antiguos conquistaban las ciudades mejor que ahora nosotros algunos corazones no sólo pienso en ti según las estadísticas hay más televisores que corazones destrozados

 

si escribo es de una vez cuando las buenas intenciones la historia y su final también son tristes casi tan tristes como el ojo de dios por si deja algún consuelo a cuántos engaños por minuto circula nuestra sangre creyéndonos al borde de cuantas épocas y cuantos códigos y sobre todos la palabra por si acaso o si otro día tan dura la tenemos para seguir como si nada se hubiera irreparablemente roto en las neuronas que almacenaron golpes gritos declaraciones de amor como disparos

 

COSAS de Claudio Rodríguez, Fernando de Herrera, Juan Cobos Wilkins, Pedro Salinas, Albinoni, Frabetti, Cortázar, Janis Joplin, Mallarmé, Paul Éluard, Valle-Inclán, Antonio Machado, Lope de Vega, Raymond Chandler y Quevedo  /  Kappel es la marca de una vieja máquina de escribir  /   La noche de la iguana, una película de John Huston, Richard Burton y Ava Gardner  /  Se escribió el libro en enero de 1983 y se revisó y corrigió para Nuestro Arte un seis de agosto de 1994:      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Malvendimos la parte más nuestra del idioma

diminutivos únicos, cómplices rúbricas

la sigla en remitente y los distritos

postales, pero en vano hemos cambiado

de costumbres y de cerraduras

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